QUERÍA HABLAR DEL TOUR, PERO...

"¡Ciclista! ¡Apártate de en medio, idiota!"

Esta semana pretendía hacer alguna lectura del Tour de Francia, pero he cambiado el ritmo y hablo de un par de experiencias personales al volante de un coche y al manillar de una bici

Foto: Una escena demasiado repetida en las carreteras españolas. (EFE)
Una escena demasiado repetida en las carreteras españolas. (EFE)

En el artículo que había escrito para El Confidencial hablaba del Tour, de Contador, de Sagan, de Froome, del Sky… de todo lo que había acontecido en la Ronda Gala. El artículo ya estaba casi terminado, a punto de ser enviado y algo ocurrió que hizo que hoy estéis leyendo este y no aquel. Si pensáis en algo durante días, si no conseguís sacarlo de vuestra mente, escribid, eso os ayudará, os sentiréis mejor después. Viví un momento que me hizo pensar mucho, pero nunca demasiado y eso hice, escribí. Durante unas jornadas en las que participaba como mentor se me acercó un joven y me pidió una foto. Dirigimos nuestras miradas al teléfono móvil que teníamos enfrente y mientras poníamos gesto de sonrisa, comenzamos a conversar con los dientes apretados.

- ¿Qué tal, como va todo?
- Muy bien Luis, un placer conocerte. A mi padre le encantaba el ciclismo, os seguía a todos, era un apasionado. Falleció el pasado año en un accidente, le atropelló un coche.

Mi mano comenzó a apretar más fuerte su hombro y apenas pude decir algo. Me recordaba a mí: es alto y con ilusión, con ganas de aprender y deportista. En estos días se juega una beca de estudios, su vida sigue, ha de continuar. Ahora entenderéis, o eso espero, por qué no he podido hablar del Tour, de la forma física de Alberto o de si Froome y Landa se entienden bien. Tengo la necesidad de utilizar este altavoz, para compartir con vosotros la importancia de que sigamos trabajando en busca del cambio.

Hace unas semanas, cuando me dirigía a impartir una conferencia, calculaba sin papel ni lápiz, sin calculadora de móvil, los kilómetros que podía haber recorrido durante mi carrera profesional. Me salían unos 400.000, sin contar los que hice desde que comencé a sentir verdadera pasión por la bici, con 8 años. Creo que mis rodillas reconocen más fácilmente el movimiento de la pedalada que el que estas efectúan al caminar. Hoy sigo pedaleando siempre que puedo, aún no me he cansado de hacerlo, ahora lo hago de otra forma. No es que pedalee haciendo el pino o sentado en el manillar, pero mi intensidad se ha reducido, ya no soy profesional, ya no he de competir contra nadie. Ahora, como suelo decir, levanto la cabeza y observo por donde pasaba hace años a gran velocidad, esa que a veces no me permitía disfrutar del entorno.

Más bicis, más accidentes

Quiero contaros algo personal, algo que no todo el mundo sabe. Últimamente, cuando salgo a pedalear miro muy a menudo atrás. Sé que la bici no retrocede, avanza. Sé que el punto al que quiero llegar siempre está al frente, no a mi espalda, pero mi instinto, mi subconsciente se olvida de todo eso. Miro, pero sin miedo. La bici es mi estilo de vida, no entiendo la vida sin ella. Por eso nada ni nadie puede hacer o conseguir que yo tema pedalear. Nos hemos acostumbrado a oír o leer noticias sobre accidentes en los que un ciclista se ve involucrado. Raro es el fin de semana que algo no ocurre, que algo no perturba un momento de nuestra tranquilidad. Mucha más gente monta en bici, las ventas se han disparado en los últimos años, ahí están los datos.

Pero el otro día, cuando le di un abrazo a ese joven, ni a él ni a mí nos importaban las estadísticas, los fallecidos en carretera sobre bici en los últimos años. Pensábamos en algo más que números, en personas, en vidas. Me da igual todo eso, perdonadme el atrevimiento, pero me parece injusto preocuparme más o menos cuando el número de fallecidos crece o decrece. Para que esto ocurra, para que algo aumente o disminuya ha de existir y la meta, esa que está al frente, ha de ser que no existan, que desaparezcan, que se dejen de abrir informativos con fatídicas noticias.

Soy conductor, me subo prácticamente cada día a mi coche. Cuando me encuentro una bici me veo, me imagino ahí delante. Pienso en el rebufo que voy a dejar al adelantarle, pienso en dejar mucha distancia al pasar por si se desequilibra y sobre todo veo algo, no hay chapa, no hay carrocería es su cuerpo frente a la máquina. Noto que tengo aceleración, estabilidad, bajo una marcha, freno y pongo el pie sobre el acelerador esperando el momento de pasar. Es fácil, el motor hace el resto, tiene potencia. La bici carece de todo eso, menor potencia, menor frenada, menor estabilidad. No estamos en condiciones similares.

Salir a rodar con Contador y que no te espere

Siempre que nos enfrentamos a alguien superior a nosotros nos gusta que nos respete. ¿Imaginas salir a dar una vuelta en bici con Contador y Valverde? Piensa que no te esperan, que nada más salir a pedalear les pierdes de vista, no les ves durante toda la ruta y encima cuando llegas al final no están, se han ido, estaban cansados de esperarte. Respeto es proteger al débil. Es ser educado. Es decir sin palabras (pero sí con hechos) no te preocupes, nada va a ocurrir, puedes estar tranquilo, soy más fuerte que tú pero no te voy a humillar, a pisar.

Ciclista es la persona que pedalea sobre una bici. Algo distinto es que todos los que van sobre la bici se comporten como ciclistas. Hace unos días, con mi coche por Madrid, observé como alguien que iba sobre la bici con cascos de música, pero sin casco protector, se saltaba dos semáforos en rojo. Al ponerse estos en verde me puse a su altura y tras dos pitidos, el primero no lo escuchó, le señalé con mi dedo mi cabeza (casco), mis oídos (cascos) y mis ojos (semáforo rojo). Soltó su mano del manillar y dirigió un corte de manga hacia mi mientras gritaba “¡apártate de en medio, idiota!”. Días después estaba pedaleando cuando un conductor sacó su cabeza por la ventanilla y escupiendo al gritar, fuera de sí, exclamó: “¡Apártate de en medio, idiota!”. Cerró su ventanilla y continuó su camino.

Sé que esto va a cambiar, sé que no puede seguir así. Los más pequeños tienen esa responsabilidad, son el futuro, son agentes del cambio. Hace meses compartía, en un colegio, pensamientos con los alumnos para que los accidentes con ciclistas disminuyeran. Ninguno me habló de insultar, de acelerar para intimidar, de saltarse semáforos, de dejar el casco en casa, de llevar auriculares puestos, de rozar con el retrovisor al ciclista. La formación y la educación como herramienta para mejorar, para avanzar. Quiero escribir sobre ciclismo, no de accidentes, quiero que esto salga de mi cabeza, no quiero quedarme sin palabras mientras aprieto su hombro. No me quites de en medio, no me llames idiota.

*Luis Pasamontes fue ciclista profesional (Movistar y Caisse d'Epargne, entre otros) y ahora es mentor deportivo y conferenciante.

Tribuna

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