El atletismo español, un moribundo con muy escasos brotes verdes

Hay excepciones, pero la nota dominante en los campeonatos de Londres es la decepción. Por primera vez se termina una cita de estas características sin medallas. Solo cinco finalistas

Foto: Beitia, la mejor atleta española, ha tenido un mal año (EFE)
Beitia, la mejor atleta española, ha tenido un mal año (EFE)

No hubo mucho, pero tampoco se esperaba mucho y eso quizá sea lo peor de todo. España llegó a Londres con la ilusión justa, más bien escasa, porque el equipo que llegaba era largo, pero no brillante. Algún sospechoso habitual entraba en el rango de "opciones de medalla", pero en el avión de ida ya se sabía que a esas tres palabras había que sumarle una más, "remotas", para encontrar el punto real en el que se encuentra el atletismo español. Decepciones, ausencias, fracasos. Alguna alegría que se encuentra solo cuando se pasa con la lupa por todos los nombres. La necesidad de una reflexión, porque al final de eso se trata, de encontrar respuestas a las duras preguntas que plantea este mundial.

Y la primera pregunta, la más obvia quizá, es si merece la pena llevar tantos deportistas cuando se sabe de antemano que muchos no tendrán opciones siquiera de competir. Enfada mucho a los atletas esta cuestión, esgrimen que si da la marca mínima hay un derecho adquirido y que no hay más selección que esa. Son meses de dura preparación, el esfuerzo que supone cada mañana levantarse y acudir a las pistas, vivir por y para el deporte.

Lo cual es tan cierto como que siguen pareciendo demasiados. La mayor parte de los atletas acude a la gran cita sabiendo que no pasará una ronda y que está muy lejos de competir. Eso hace que algunos vayan sin la más mínima presión competitiva, total va a dar lo mismo. Ni siquiera se acercan a sus marcas, que debería ser el mínimo exigible para cualquier deportista, llegar a los momentos clave en la mejor posible. Eso es profesionalidad.

Gonzalo CabezaGonzalo Cabeza
"Pasión por competir" es el lema más reciente de la Real Federación Española de Atletismo. También un espejismo, en muchos casos la competitividad está muy por debajo de lo exigible. Atletas que se quedan a muchos segundos de sus marcas, que despachan clasificaciones con nulos y que luego, cuando toca el análisis, ponen paños calientes hablando de un mal día y excusas similares. A nadie le gusta reconocer que no estuvo a la altura, pero es algo que sucede en ocasiones y no está de mal que, cuando no se ha logrado llegar a ciertos niveles, se diga.

En este campeonato, además, se ha dado un amplio número de atletas que llegaban con problemas físicos. Hay un porcentaje de mala suerte, por supuesto, pero también tiene que ver con el trabajo específico y con el cuidado puesto en esta cuestión. Un proyecto bien trabajado, con los profesionales adecuados y un seguimiento más cercano del deportista lleva a que estos problemas se reduzcan en cierta manera. Es un sinsabor para el atleta, el hecho de aparecer en Londres con dolores es una frustración enorme y aunque en muchos caso es inevitable, no siempre es así.

Fuera de estos condicionantes hay que saber que España es un país con cierto raquitismo atlético. No es que haya sido una gran potencia en otros tiempos, el nivel no ha empeorado demasiado porque tampoco nunca fue altísimo, pero por población, recursos y tradición deportiva debería estar bastante por encima de lo que hay. Sin medallas, que es lo primero, algo que no había ocurrido nunca en los campeonatos. Antes, mal que bien, salía algún verso libre para arreglar la partida. Pero en esta ocasión ni siquiera eso.

La marcha no salvó al equipo, como tampoco lo hicieron antes Ruth Beitia u Orlando Ortega. Antes que nada, ellos dos son los que menos tienen que preocuparse en todo esto, sus carreras deportistas son brillantes, tienen medallas olímpicas y han demostrado sobradamente que ellos sí, sin duda, saben competir. Han llegado a Londres cortos de preparación, lastrados por las lesiones. Es, probablemente, una de las últimas veces que veremos a Beitia saltar. Una pena porque es la más grande atleta que nunca haya dado este país. La biología no perdona, el tiempo pasa y los mejores también envejecen. Si lo hemos visto en Bolt, cómo no pensar que algo parecido le puede pasar a la cántabra.

De Orlando Ortega se puede decir que llegó a la final, lo cual estuvo en duda en no pocos momentos. Allí hubo seis atletas mejores, qué se le va a hacer. El futuro es suyo porque tiene el talento para ello. Muchos no le considerarán parte del equipo, desconfían de los nacionalizados en un movimiento que tiene algo de xenofobia. No hay más que mirar los comentarios en Twitter para verlo, pero Ortega no puede decirlo más claro: es un hombre agradecido al país que le ha acogido y le ha proporcionado medios. Es curioso porque él, a diferencia de la mayoría, también de quien esto escribe, es español por decisión propia, en un acto consciente y reflexionado. Muchos nunca lo aceptarán.

La ilusión por Peleteiro y Mechaal

Entre las noticias positivas que deja este mundial también está Ana Peleteiro, una de las cinco deportistas que ha terminado en plaza de finalista —junto con Ortega, Álvaro Martín, Mechaal y el relevo 4X400—, quizá de todos ellos la más ilusionante. Es un caso único el de la gallega, porque único es su potencial en el atletismo español. Quizá solo es equiparable al caso de Bruno Hortelano, ausente y añorado en Londres. Para ser campeón de Europa de 200, el año pasado, tuvo que ganar a Guliyev, que ahora ha sido campeón. Con sus marcas pudiese haber estado en el podio.

De Peleteiro ilusionan sus marcas, su puesto, su juventud pero, también, su manera de afrontar el séptimo puesto con inconformismo. Cuando terminó la competición y fue preguntada dijo que este era su primer Mundial y que esperaba realmente que fuese el peor de su carrera, que en el resto quiere dar más. Sorprende más cuando se piensa que se ha pasado cinco años, desde su eclosión junior con 16 años, casi desaparecida y arrojando noticias preocupantes. Por fin las cosas se han puesto en orden y es lógico pensar en que irá a más.

Hay más ejemplos positivos, aunque sigan siendo escasos. Óscar Husillos, batiendo sus marcas dos veces en el 400 y siendo clave para el relevo 4X400, quizá lo más emocionante de toda la competición. Los marchadores, en general, aunque Miguel Ángel López ya no dé para medalla. Álvaro Martín, muy joven, es finalista, y las marchadoras Laura García-Caro y María Perez combinan una muy buena actuación (novena y décima) con una juventud que invita a pensar que en el futuro estarán ahí compitiendo por plazas de mayor lustre. Se puede sumar a Jorge Ureña, el decatleta, que sigue evolucionando y acercándose a la nobleza del deporte

Se suma Adel Mechaal, ahora que el TAS ha decidido que es un atleta limpio. Esa fue su mayor alegría, poder competir, y una vez tuvo la posibilidad demostró lo mismo que casi todo el campeonato: que es uno de los mejores atletas españoles. En las semifinales demostró que el 1.500, una de las carreras más míticas del atletismo, no le va en absoluto grande. En la final dio mucho más, es cuarto del mundo y solo estuvo a 18 centésimas de entrar en el podio. Son unos cuantos años ya en los que los dirigentes parecían un poco desesperados, no tener nadie en esta prueba es un desdoro para el atletismo del país. Ahí está Mechaal para contradecirlo.

Pero por lo general, decepciones y marcas bajas. Este es, probablemente, el peor de todos los mundiales que ha tenido España. En otros tiempos los que mandaban pedían siempre que no se mirasen solo las medallas —en este caso su ausencia— que lo que mide un país es la cantidad de finalistas. Siguiendo el sistema de puntuación de la IAAF, España está en el puesto trigésimo. Se espera más, bastante más. Es tiempo de replantearse muchas cosas. El atletismo español, casi moribundo y con pocos brotes verdes

Tribuna

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