Vuelta de honor, Vuelta de emoción: lo bueno y lo malo que deja una edición única

Es muy difícil seleccionar lo más potente de La Vuelta a España 2017, tres semanas cargadas de emociones para los espectadores y también para los ciclistas

Foto: La emoción de Chris Froome tras cruzar la línea de meta en Madrid. (Reuters)
La emoción de Chris Froome tras cruzar la línea de meta en Madrid. (Reuters)

Siempre que me pongo a escribir de algo o alguien interesante, cargado de contenido de calidad… me cuesta. Es difícil decantarte, seleccionar lo más potente, ceñirte al espacio mientras piensas que casi necesitarías una sección completa para poder sacar todo lo que ronda la mente y sobre todo el corazón. Eso me ocurre con la Vuelta a España, tres semanas cargadas de emociones para los espectadores y también para los ciclistas. Desde casa viendo la televisión, escuchando la radio en el coche, leyendo prensa para estar al día… todos los seguidores del ciclismo viven e interpretan de distinta manera la carrera. Desde el sillín ocurre lo mismo: para cada deportista las etapas y los días han transcurrido de manera diferente.

David de la Cruz se vio obligado a abandonar tras su caída bajando el Cordal, a solo unas horas de entrar en el Paseo de la Castellana. Qué injusto. Otros veían desde casa cómo sus compañeros conseguían culminar la carrera de manera satisfactoria. Algunos se recuperan de sus heridas y piensan en lo afortunados que han sido, en lo que podría haber pasado. Por el contrario, alguno repite una y otra vez una frase que no nos lleva a ningún lado, pero que no conseguimos eliminar de nuestro registro: “¿Y si no hubiera entrado aquella curva así? ¿Y si hubiera atacado antes? ¿Y si hubiera sido más valiente? ¿Y si no me hubiera pasado aquello?". Como podéis comprobar, eso no da soluciones, no nos hace aprender porque no sabemos qué habría ocurrido. Sin embargo, sustituir en la próxima carrera lo que hicimos y no nos dejó del todo contentos por otra opción estoy seguro de que al menos nos dará alguna respuesta.

Qué difícil es llegar a Madrid, 40 ciclistas no lo han conseguido y no todos por los mismos motivos. Alguno ha decidido irse con sus acciones. Warren Barguil fue expulsado por su equipo por no acatar las ordenes de sus directores. El ganador de la montaña en el pasado Tour de Francia no estaba dispuesto a trabajar para su compañero Wilco Kelderman alegando que no sería capaz de hacer una buena clasificación. El holandés ha conseguido terminar cuarto en la general, rompiendo la creencia de su 'compañero'. Alexandre Geniez y Nico Denz, ciclistas de AG2R, fueron expulsados por su equipo por agarrarse al coche de marera prolongada durante la ascensión a Sierra Nevada. Curioso, bajo mi punto de vista, que el director deportivo que conducía el vehículo no fuera sancionado también por el equipo. Tal vez por eso, porque conducía y no dirigía, no ocurrió. Su función también es la de asesorar y aconsejar al deportista en momentos en los que no está actuando de manera correcta. Días después, el jurado de la carrera tomó la acertada decisión de expulsar a Didier Alm Jannel (director) y vehículo (sin posibilidad de ser sustituido). Considero que las sanciones son efectivas si van acompañadas de formación, para minimizar las posibilidades de que vuelvan a darse los mismos hechos en el futuro.

El podio de la Vuelta a España 2017. De izquierda a derecha: Vincenzo Nibali (2º), Chris Froome (1º) e Ilnur Zakarin (3º). (EFE)
El podio de la Vuelta a España 2017. De izquierda a derecha: Vincenzo Nibali (2º), Chris Froome (1º) e Ilnur Zakarin (3º). (EFE)

Niki Terpstra, ciclista de Quick Step, comenzaba a mover sus dedos en el teclado de su teléfono móvil mientras esperaba a que despegara el vuelo y colgaba vídeos desafortunados en su cuenta Instagram refiriéndose a compañeros de pelotón. Al aterrizar, su teléfono echaba humo. Inmediatamente borró los mensajes y se disculpó, gesto que le honra. Pero, ¿alguien le ha dicho por qué eso está mal? ¿Qué hacer para que no vuelva a ocurrir? ¿Cómo has de manejar tus redes para salir reforzado y no perjudicado? Otros encendieron su teléfono en ese mismo momento y en vez de insultos tenían halagos y ánimos. Estaban en la misma carrera, viajaban en el mismo avión, pero todo era diferente.

Ellos debutaban y algunos temían no poder llegar a Madrid. Desparpajo de jóvenes valores que tienen todo un futuro prometedor por delante y que han comenzado a exponer su carta de presentación en una gran Vuelta. Iván García Cortina nos hizo soñar en Gijón, qué bestia. Os aseguro que hacía tiempo que no me emocionaba tanto viendo una etapa como ese día. Marc Soler, Richard Carapaz o Antonio Pedrero se adaptaban a la carrera de manera magistral, no sé si son conscientes de lo que hacen, es magnífico tener ese rendimiento con sus edades y siendo noveles en la carrera. Otros no debutaban, pero como comentaba en mi anterior columna, demostraban una ilusión y unas ganas como si así lo hicieran. Romain Bardet, el tercero del pasado Tour, terminó la carrera con úlceras en sus pies y entregando sus gafas a un niño que gritaba su nombre en las calles de Madrid. Los Reyes Magos no solo llegan el 6 de enero, qué noche habrá pasado pensando en su ídolo.

Vincenzo Nibali apretaba sus dientes para no perder el podio en las duras rampas del Angliru, apoyado por un magnífico Franco Pellizotti. Su cara embarrada y el gesto de dolor tras la caída bajando el Cordal, mientras un masajista le limpia sus piernas, sigue en mi mente. Chris Froome y sus inseparables hombres de negro, dando todo hasta en el 'sprint' intermedio de La Castellana, qué entrega. Mikel Nieve, David López, Wout Poels, Gianni Moscon… qué guardia romana para conquistar cualquier continente.

Y mientras todo ocurría, Alberto Contador se acercaba a la meta del Angliru, el infierno lo llaman, tal vez por el calor que desprende el público al paso de los héroes. Sacó su pistola inofensiva el de Pinto y lloró detrás de esas gafas oscuras en la cumbre asturiana. Levantó los brazos también en la Castellana, entró solo, el pelotón le rindió un magnífico homenaje y el publico se quedó sin voz gritando a su paso. Yo estaba allí, lo viví de cerca y pensaba la cantidad de cosas que podrían estar pasando por su cabeza. Dejaba el ciclismo después de ganar en la etapa reina de la carrera y cerca del podio.

Qué difícil es retirarte así, pero qué inteligente es hacerlo. Este domingo muchas emociones abrazando a amigos empapados en sudor y con sus huesos aflorando bajo el 'maillot' ajustado. También abrazos a ellos, a los que ponen sus máquinas y piernas a punto, que recorren kilómetros y kilómetros en sus coches, camiones o autobuses para que todo salga bien. Reconocimiento a los agentes de Policía y Guardia Civil que se juegan la vida para proteger la de los ciclistas. Como gritaban los espectadores, termino este artículo. "GRACIAS UN AÑO MÁS".

Tribuna

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