El día que no quería escribir de Messi

Tras el Barcelona - Eibar, más de lo mismo. Llega un momento en el que después de escribir una y otra vez que Messi es increíble, por una vez que señalara a otro pues no pasaba nada

Foto: Messi hizo cuatro goles sin despeinarse. (EFE)
Messi hizo cuatro goles sin despeinarse. (EFE)

Debo comenzar haciendo una confesión tras la goleada del Barcelona este martes ante el Eibar (6-1): yo no quería escribir de Leo Messi hoy. No porque no me parezca una maravilla de jugador, que lo es, no porque no sea increíble lo que hace y la continuidad con la que lo lleva haciendo, que sí, no porque esté en modo extraterrestre en este comienzo de temporada, que lo está, y no porque no me guste Messi, porque hay que ser rematadamente estúpido o no tener ni idea de fútbol para no comprender que es el mejor jugador del mundo y punto. Así que no, no es por nada de lo anterior. Es porque llega un momento en el que después de escribir una y otra, y otra, y otra, y otra, y otra vez durante años que Messi es todo lo anterior, por una vez que señalara a otro jugador pues tampoco pasaba nada. Claro, que esa ocasión fue la de Getafe, con Denis y Paulinho de goleadores, y no se van a dar muchas más.

Así que no tengo más remedio que escribir de Messi, otra vez. Aunque Valverde hizo seis cambios con respecto al último once, aunque Luis Suárez —que no anda fino— se quedó en el banquillo, aunque Paulinho parece bendecido y marcó su segundo gol consecutivo en su segundo disparo a puerta, aunque el primer tanto —que marcó Messi, claro— fue de penalti dudoso, aunque Deulofeu, que está ante su gran oportunidad tras la lesión de Dembélé, no tuvo la noche y se oyeron incluso tímidos silbidos en algunos momentos y a él ansioso en otros. Pues nada, que no hay manera. Que toca otra vez insistir en lo estratosférico que es Messi. Y pa eso estamos.

Como decía la estupenda Chus Lampreave en la divertidísima ‘Mujeres al borde de un ataque de nervios’ en la que interpretaba a una portera cotilla según ella por un motivo superior: “Ya me gustaría a mí mentir ya, pero eso es lo malo de las Testigas (de Jehová), que no podemos mentir. Yo sólo puedo decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad”. Ni estoy al borde de un ataque de nervios, ni soy religiosa, pero dárselas de original hablando de otra cosa que no sea Messi en un partido como el del Eibar sería como contar una mentira gorda. Porque lo del argentino es de no creérselo si no fuera porque lo suele hacer tan a menudo que alguno caiga en la tentación de pensar que es normal. Pues no. Nueve goles lleva ya marcados en cinco partidos de Liga y dos en Champions frente a la Juve la criatura. Una barbaridad, se mire por donde se mire.

Su mejor arranque goleador

El primero de la noche fue de penalti (dos le han pitado ya al conjunto azulgrana en este comienzo de temporada), con polémica incluida por la caída aparatosa de Semedo ante la presión de Gálvez en el minuto 20’. Mientras Neymar se pelea en París con Cavani y Luis Suárez estaba en el banquillo, a Leo es que ni se le acercan, vamos. Y bien que hacen. Lo lanzó a la derecha del portero y por arriba, gol. El segundo fue de Paulinho y el tercero de Denis Suárez (otro día, cuando Leo me deje, ya hablaré de ellos). En el cuarto aprovechó un pase en profundidad de Busquets dentro del área. Gol. En el quinto y perseguido por tres jugadores del Eibar que le iban agarrando de la camiseta le dio con la punterita. Gol. Y en el sexto y último de la noche en el 86’ con un tuya-mía con Aleix Vidal, otra vez con la izquierda. Gol. Él se lo guisa, él se lo come. Él empieza y él acaba.

No hay nadie que pare a Messi. (Reuters)
No hay nadie que pare a Messi. (Reuters)

A sus 30 años nadie sabe dónde está su techo porque siempre se reinventa, siempre le deja a uno boquiabierto y nunca deja de meter goles. Y aun así, en su decimocuarta temporada en el primer equipo del Barça, es su mejor arranque goleador en la Liga con nueve, superando los ocho que logró en la 2011/2012 en la que concluyó con 49 tantos en total. En el cuarto póker de su vida en el campeonato nacional y los 51.645 espectadores que acudieron al Camp Nou a pesar del horario en día laborable que comenzaron coreando el nombre de Paulinho tras marcar, se dejaron después las cuerdas vocales para rendirse a su dios particular.

Y Bartomeu, sin la foto

A todo esto, con semejante comienzo de temporada cada día que pasa ‘canta’ más la foto. O, mejor dicho, la ausencia de ella. La que según Josep María Bartomeu no se hace “por problemas de agenda” desde el pasado 30 de junio en el que el padre del crack firmó el contrato de renovación hasta el 2021 que el presidente da por válido ya que Jorge Messi tiene poderes legales.

Leo sencillamente no se ha hecho la foto porque no le da la gana, no porque esté ocupadísimo llevando a sus hijos al colegio. Y el que está más interesado en la foto de marras es Bartomeu, cuya popularidad ha caído en picado este verano y tiene en marcha una moción de censura que, aunque sea prácticamente imposible que salga adelante, sí que será un toque de atención para el presidente. Messi lo sabe, por supuesto que lo sabe, y no está dispuesto a dejarse utilizar. Así que Bartomeu ya puede seguir esperando, que cuando Leo diga, se hará la foto.

Tribuna
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