La ecuación de Piqué: las matemáticas dicen que no es independentista

El central de la selección, en un intento de aplacar los pitos que le vendrán en Alicante, no se declara independentista y pide comprensión con el derecho a decidir

Foto: Piqué, en la rueda de prensa. (EFE)
Piqué, en la rueda de prensa. (EFE)

Gerard Piqué se sienta en su silla delante del micrófono, y antes de la primera respuesta empieza a marcar el tono de la conversación. Quiere arreglarlo, porque el ambiente es horrible. Parece sincero en ello, por eso mismo les dice a los periodistas que él no tiene problema alguno con estar hablando tanto tiempo como necesita, que no va a despejar preguntas como si fuesen balones ni irse con premura dejando dudas entre los que se escuchan. El intento está ahí, pero es difícil saber si tendrá éxito. Él mismo, de hecho, asume que los pitos van a acompañarle en cierta medida en sus próximos pasos. Lo lleva con resignación y con el intento de que, quizá, alguno de los que tenía pensado pitarle recapacite. Responde a casi todo, pero se deja en el tintero la pregunta más contundente: ¿Eres independentista? Ni sí, ni no, pero por el camino va dejando pistas que configuran una ecuación que tiene solución: más cerca del no que del sí.

El problema político va mucho más allá de Piqué, que no deja de ser una anécdota dentro de una imagen fija mucho más amplia y, también, bastante más dramática. Habla días después de sus lágrimas del domingo en las que se apenaba por la actuación policial durante el referéndum. Lo hace en Las Rozas, frente a la prensa de Madrid, en principio menos cercana a sus postulados. Y eso, de algún modo, es en sí mismo una toma de posición. Piqué intenta hacer pedagogía incluso, pero como profesor se queda a medias, quizá también porque a medias está su conocimiento de la situación en la España fuera de Cataluña.

"No me arrepiento de lo dicho porque es lo que siento, pero estamos en un mundo en el que todos somos personas y las personas tienen opiniones y las opiniones vienen por nuestro entorno, por dónde vivimos y por la información que nos llega, y es imposible que todos pensemos igual. Yo estoy a favor de que la gente vote, respeto que haya otros que piensan que no tenemos que votar, como puede ser Rafa Nadal y creo que mediante el respeto y el diálogo se lleva siempre a buen puerto", dice Piqué, casi sermoneando. El jugador, catalán de pura cepa, residente en Barcelona, no se cuestiona los dobleces del derecho a decidir. Poco más tarde recuerda que las encuestas apuntan a más de un 80% de la población en Cataluña a favor de un referéndum, y a eso se aferra para darlo como una opción casi universal.

Y no es que no le importe lo que la gente piense de él porque él mismo, cuando tiene que entrar en materia, intenta no quemarse en el fuego de la situación. "No te voy a contestar si soy independentista, los jugadores somos figuras globales, no puedo decantarme por un lado y otro. A partir de eso la mitad de mis seguidores los perdería, porque la gente pone la política por encima de todo", explica Piqué. Esa es, en esencia, su propia trampa, o su propio desconocimiento de la situación. No se moja en la independencia porque divide, como si el derecho a decidir no lo hiciese.

"No me he puesto en un bando"

Porque el central del Barcelona cree que el derecho a decidir es un plato aceptado por todos, en varios momentos incluso se atreve a apuntar una mayoría social en toda España detrás de ese pensamiento. Pero es improbable que sea así, en el resto del país la cuestión es tan divisiva como en Cataluña lo es ser independentista o no serlo. Y es altamente probable que él, como su club, haya perdido afecto en el resto del país por su posición en este tema que él, simplemente, no ve polémico. Y para muestra, esta frase: "Creo que nunca me he mojado, simplemente he dicho que la gente tiene que votar, cualquier opción es válida, pero no me he puesto en un bando y lo he defendido con uñas y dientes". Como si esa opinión no fuese polémica en sí misma.

Una de las paradojas es que Piqué, en algún momento, también apunta a que en el resto de España hay una distancia de Cataluña por desconocimiento. Señala que solo buscan votar y que eso no se entiende. Y algo de eso hay, el resto del país, en buena medida, identifica el deseo de un referéndum con el deseo de independencia y el propio jugador es quien recuerda que esa analogía no es correcta, se puede querer una consulta pero no querer marcharse. Y por eso el referéndum es divisivo, cosa que a él no se lo parece. Probablemente porque peca de lo mismo que acusa: no conoce cuáles son los sentimientos y las inquietudes de la España que no es Cataluña.

Sí al referéndum no es sí a la independencia

Y ahí viene el centro de esa conversación, de esta conferencia de prensa y, en realidad, de todo el lío que hay alrededor de Piqué estos días: la incomprensión. El central no cree que sus palabras puedan herir a nadie con sus palabras, pero muchos se consideran heridos porque está representando a España alguien que no se siente español. En esto último, en realidad, hay varias matizaciones que hacer. La identificación del referéndum y la independencia es moneda de cambio común más allá de las cuatro provincias catalanas, pero para Piqué una cosa y otra no llevan aparejado el signo igual. Es más, si se exprimen las palabras de Piqué, porque en eso es en lo único que hizo lo posible por no ser claro, es más fácil deducir que no es independentista a lo contrario.

"Yo creo que un independentista podría jugar con la Selección, el independentista no tiene nada en contra de España. Si crees que España es un país de la hostia con gente de puta madre ¿por qué no vas a poder jugar? No es mi caso pero ¿por qué no?". No es la última prueba de su no independentismo, como ya se ha relatado en esta pieza, él despeja la cuestión cuando es directa pero, en el momento en el que habla de esto, él mismo es quien se excluye de ese grupo de independentistas que podrían jugar con España a pesar de su condición como tal. Cuando habla de independentismo él no se ve en ese grupo.

No fue el único momento en el que apuntó en esa dirección. Al ser preguntado por las consecuencias de la independencia él asegura que "Cataluña y España serían más débiles por separado que juntas". Lo cual en un negociante, léase en el buen sentido, como es Piqué no suena muy halagador. La capacidad del barcelonista para buscar nuevas empresas es casi infinita, no hay conversación en la que no salga una nueva idea. Tanto es así que, para demostrar su buen rollo con Sergio Ramos (tan manido esto) llegó a contar que van a invertir juntos en su penúltima aventura.

Gerard Piqué jugando con su hijo Milan en el estadio del Toulouse (Gtres)
Gerard Piqué jugando con su hijo Milan en el estadio del Toulouse (Gtres)

Hijos colombianos, catalanes... y españoles

Más aún. En la respuesta que evitó, la de independentismo, intentó al menos hacer un guiño a su condición de español. Lo hizo, en este caso, por medio de la familia. "Mis hijos son colombianos, libanses, catalanes y españoles, lo de los países hoy en día es lo de menos", respondía antes de recordar que, en todo caso, su opinión al respecto está muy por debajo de la importancia del problema político. La ecuación no es descabellada: la familia es española, él no se mete en el grupo de los independentistas, económicamente ve la secesión como un paso a dos países más débiles. Y, sobre su opinión personal, no hay respuesta.

Queda sacar conclusiones y, de algún modo, él espera que los aficionados se alineen con él. Cree que esta clase rápida de pedagogía sobre el 'proces' y sus matices será suficiente. De hecho, toda esta rueda de prensa se hace para mitigar los pitos, y así lo reconoce en la primera pregunta. "Por eso estoy aquí, también porque lo he hablado con el mister y con los compañeros, quiero ayudar en todo lo que pueda, que es en el campo".

"Puedo entender que mis compañeros estén cansados, a mi no me gustaría que todas las ruedas de prensa se centren en mi figura, por eso he salido, en vez de que salgan dos compañeros míos prefiero salir yo", comenta. Piqué, un personaje completamente diferente a lo común en el deporte español, tiene una concepción altísima de sí mismo. Cree que a cualquiera de los que le pitan, que no son pocos, lo pone a cenar en una mesa con él y sale de ahí embelesado, casi convencido. Es catalán, pero la chulería y la retranca casi responden al tópico madrileño. Cree en su relato, en el político, en ese en el que se queda a medias, y en el deportivo, con la sensación de que jugar por España y sentirse español no son dos cosas que tengan que ir necesariamente juntas. Piensa que con todo esto, al menos, podrá acallar a parte de la afición. Voluntarismo o realidad, el viernes el Rico Pérez de Alicante dictará sentencia.

Tribuna
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