¿Con qué noticia de 2017 te quedarías? Estas son las nuestras y el porqué la hemos elegido. Blogs de Tribuna

¿Con qué noticia de 2017 te quedarías? Estas son las nuestras y el porqué la hemos elegido

No tiene por qué haber sido el mejor resultado o la noticia más impactante a nivel global. Estas son informaciones que por un motivo u otro han sido las seleccionadas por los que hacemos EC Deportes

Foto: Rafa Nadal y Roger Federer dignifican el mundo del deporte. (Reuters)
Rafa Nadal y Roger Federer dignifican el mundo del deporte. (Reuters)

Estos son los hechos que los integrantes de la sección de deportes de El Confidencial consideran más trascendentales, o al menos relevantes, acaecidos durante el año 2017.

Un deporte y dos resurrecciones, por Gonzalo Cabeza

La lógica de la biología apuntaba a un cambio de guardia que, de hecho, ya se había producido. El tenis era cosa de Djokovic, de Murray como mucho. Los ídolos anteriores, los más grandes que nunca se vieron, eran sujetos amortizados, más pensando en la retirada que en volver a competir con regularidad en la excelencia. La realidad en 2017, sin embargo, se empeñó en contradecir todo aquello que se daba por supuesto.

Hoy Rafael Nadal y Roger Federer son aún más grandes de lo que lo eran hace 365 días, lo cual es especialmente meritorio cuando se tiene en cuenta que sus historias están entre las más exitosas que cualquier deportista puede mostrar. Su legado, que ya era ingente, ahora ha sumado también una final memorable en Australia, que fue vencida por el suizo. Y el décimo Roland Garros de Nadal, una cifra que en grand slam nadie está ni remotamente cerca de conseguir y que, sin embargo, en él parece hasta natural. También un nuevo Wimbledon para Federer, que es el más grande de siempre sobre la hierba inglesa; y un abierto de Estados Unidos más para Nadal, demostrando así que más allá de la tierra también fue siempre un campeón.

A eso le pueden sumar que se han repartido casi todos los torneos importantes como las potencias coloniales se repartían África, sin mucha discusión de los de alrededor. Federer, a sus 36 años, ha jugado un poco menos, algo aprovechado por Nadal, aún con 31, para llevarse el reconocimiento final del número 1. Han ganado muchos títulos, pero sobre todo han mejorado la narrativa, pues han demostrado que no solo jugaron al tenis como nadie, sino que también fueron capaces de volver cuando ya nadie les esperaba. Dos colosos, hechos de un material especial. Son tan grandes que hasta se han permitido el lujo de crear una competición para jugar juntos y que tenga éxito de público y crítica.

Javier Imbroda lucha de manera titánica contra el cáncer. (EFE)
Javier Imbroda lucha de manera titánica contra el cáncer. (EFE)

La lucha de Javier Imbroda, por Darío Ojeda

En 1992, Javier Imbroda tenía mucho pelo en la cabeza. Tenía también mucha carrera por delante. Con solo 30 años ya había convertido al modesto Mayoral Maristas en un habitual de la ACB y se disponía a dirigir al Unicaja. Pero antes aceptó embarcarse en uno de los retos más emocionantes de su carrera: ser ayudante del seleccionador de Lituania en los Juegos Olímpicos de Barcelona. Imbroda integró un equipo que cambió la cara a todo un país. "Yo me siento orgulloso de haber formado parte de aquella historia. Para mí supuso una enseñanza profesional y personal", recordaba en abril de este año en una entrevista a El Confidencial con motivo del 25º aniversario de la cita olímpica.

Imbroda ya no entrena, al menos no al primer nivel. Y ya no tiene pelo. El poco que le quedaba lo ha perdido este último año por culpa del tratamiento para el cáncer de próstata que le diagnosticaron hace más de un año. "Tenemos que luchar hasta el último aliento porque se puede salir, aunque todo se vea oscuro. Se puede, ¿cómo no?", se preguntaba hace solo unos días en una carta abierta en la que contaba su experiencia. "Desconozco como cualquiera qué pasará en el futuro, pero ahora sigo aquí", decía. El objetivo es seguir también en 2018 y, quién sabe, volver a sentarse en un banquillo profesional.

El final mejor que bien de María de Villota, por Víctor García

Se fue antes de tiempo y era amiga. No es ni la noticia más importante del año, ni la más impactante, tampoco la más revolucionaria o la más leída, comentada... Es la que más sensaciones me despertó a la hora de escribirla y contarla. Estaba recién aterrizado de las 24 Horas de Daytona, la prueba que este año 2018 correrá Fernando Alonso y en la que hizo lo propio María de Villota antes de dar su salto a la Fórmula 1, y acudí a un acto cargado de emociones (como siempre) para nombrar embajador del Legado María de Villota a Antonio García, con quien hacía pocos días había compartido minutos en el mencionado circuito de Daytona. Es de esos días de los que te acuerdas casi de principio a fin.

Varios meses después llegarían otras informaciones relacionadas con María, en este caso sobre su accidente: no tuvo la culpa y poco o nada pudo hacer por evitarlo. Fue un respiro para su familia porque, por fin, su nombre quedaba al margen de un error exclusivo del equipo y unos test 'precarios'.

El positivo de Froome, por Jesús Garrido

Los Tours de Francia de los últimos años los veía con el hastío del que asume la reiteración de lo vivido con anterioridad. No porque fuera a ganar Froome y lo asumiera con resignación, sino por sufrir con el keniata lo mismo que Beloki y Ullrich con Armstrong: pedalear, escalar, caer, levantarse, sufrir... para ser siempre segundo.

Pero con Froome sentí algo opuesto a lo que inspiraba el texano. No dolía, iba limpio. Y todos los que le han tratado de cerca hablan de él como una persona noble, cercana y cariñosa, justo al revés que el mayor tramposo de la historia del deporte. El Sky no daba confianza, lo mismo que el US Postal, pero en levísimas proporciones, sin embargo nadie se manchaba (bueno, salvo Henao, pero para el caso...). Por eso me hirió profundamente el positivo de Christopher en la Vuelta. Positivo, que no dopaje, por ahora. Por un lado, deseo con fervor que se haga justicia y se le sancione, pues pensábamos que teníamos un ciclismo más limpio y resulta que los TUE’s rulan como pitillos. Pero por otro, quiero ver a Froome sobre la bici, porque creo en él, o quiero creer en él, engañarme un poco más, un Tour más, un Giro más...

La caída de Villar, por Alonso Castilla

El paso del tiempo nunca le restó poder, más bien todo lo contrario. A medida que pasaban los años, la figura de Ángel María Villar se consolidaba al frente de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF), sin que nadie apareciera para hacerle sombra. Mejor dicho, para derrocarlo. “Se va a momificar” en el cargo, siempre dijeron muchos. Rodeado de sombras, de una crítica feroz por parte de algunos, se daba por hecho que sólo desaparecería cuando él quisiera. Pero no, Villar acabó aprisionado por la justicia. “Acabará en el cárcel”, disparaban algunos en privado de manera constante, un diagnóstico que se desveló acertado. Y cuando pasó, todo el mundo abrió los ojos de improviso. Muchos que miraron a otra parte durante años, que le defendieron a capa y espada, se encontraron con la cruda realidad.

Dice que se sigue sintiendo presidente de la RFEF, no asume que la casa que ha presidido durante casi 30 años —accedió al cargo en el lejano 1988— ya no es la suya. La Justicia será la que dicte sentencia, pero su caída ya no tiene vuelta atrás. Detenido y encarcelado (pagó fianza para salir de prisión) en el marco de la 'Operación Soule', los cargos que se le imputan son de extrema gravedad. Él dice que llegará a instancias europeas si hace falta, pero la realidad es que ya nadie cree que vuelva al lugar que manejó durante tanto tiempo.

Ha campado a sus anchas a lo largo del tiempo, siempre haciendo y deshaciendo sin oposición. Escondido siempre detrás del silencio, alérgico a dar la cara ante los medios, ahora se ha animado a hacerlo. Pero ya es tarde. Echó la culpa al Gobierno de su situación y avisó de que la participación de España en el Mundial de Rusia corre peligro. Pero a estas alturas nadie le cree ya. Presunta administración desleal, apropiación indebida, corrupción entre particulares, también falsedad documental… Cargos de un gran calado que le han dejado fuera del mundo del fútbol. Se supone que para los restos…

El año 2017 fue decepcionante para Fernando Alonso. (Reuters)
El año 2017 fue decepcionante para Fernando Alonso. (Reuters)

La experiencia que transformó a Fernando Alonso

Sin duda, puede afirmarse que para Fernando Alonso hay una línea del ecuador en su trayectoria deportiva y en el terreno personal: su participación en las 500 Millas de Indianápolis. Tirarse a esa piscina tan profunda con solo un mes de preparación y saliendo de la zona de confort de la Fórmula 1 suponía un gran riesgo para un piloto de su calibre. Al poner en juego su prestigio deportivo, pero también su integridad física, en un entorno técnicamente desconocido. Porque la falta de experiencia en la singular disciplina de los óvalos otorga muchos boletos para un gran accidente. El brutal vuelo sufrido por un veterano como Scott Dixon en la misma carrera fue un nuevo recordatorio. En su caso, incluso pudo haber ganado la carrera.

Y la de Indianápolis fue una experiencia transformadora por dos razones. Alonso vivió e interiorizó que es un piloto versátil y competitivo más allá de la Fórmula 1. Y de aquella aventura y su impacto ha nacido el proyecto del que se espera confirmación en pocas fechas: las 24 Horas de Le Mans, y quizás, algunas carreras del Mundial de Resistencia en paralelo con la Fórmula 1.

Pero, sobre todo, Alonso revivió la olvidada experiencia de sentir el dulce olor a sangre de la victoria. Por ello, el piloto español exhibe a estas alturas de la película un hambre competitiva inusual para alguien de su experiencia y éxitos deportivos. Indianápolis intensificó los efectos de ese gen brutalmente competitivo que ya lleva dentro y de la frustración acumulada en estos últimos años. En 2018 veremos sus efectos.

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