Rally Dakar: Armas de mujer en el Dakar: Por qué sentirse orgullosos de Laia, Rosa y Cristina . Blogs de Tribuna

Armas de mujer en el Dakar: Por qué sentirse orgullosos de Laia, Rosa y Cristina

Las tres pilotos españolas han logrado sobrevivir, y con una gran actuación, a una de las semanas más duras que se han vivido en el Dakar en los últimos años

Foto: Laia Sanz desciende una duna durante la quinta etapa. (Reuters)
Laia Sanz desciende una duna durante la quinta etapa. (Reuters)

En unos tiempos donde la legítima reivindicación de la condición femenina está retorciéndose hasta el esperpento en algunos sectores, tres deportistas españolas primero, y mujeres después, están ofreciendo su propio testimonio. Con hechos. En la carrera más dura del mundo, en la edición más demoledora en muchos años: Laia Sanz, Rosa Romero y Cristina Gutiérrez.

Ellas han sobrevivido a una semana brutal como no se veía en la historia de la prueba en muchos años. En el caso de Laia Sanz, la catalana ya está convirtiendo en norma lo que es una excepción en los cuarenta años de la prueba: rodar siempre en el Dakar entre los quince mejores pilotos de la disciplina. Cristina Gutiérrez, en solo su segundo Dakar, está mostrando unas cualidades mentales extraordinarias para manejar esta prueba y hacerse un hueco en el futuro e ella. Rosa Romero también lleva protagonizando momentos excepcionales como deportista desde años, y también este. Como mujer, cabe estar muy orgulloso de ellas. Como hombre, también.

Laia Sanz, una apisonadora zen

Laia Sanz cuenta a su favor con el excepcional físico que le ha regalado la naturaleza y ella ha puesto el resto, cincelándolo con un esfuerzo de preparación de élite durante estos años aderezado con una suerte de serenidad zen, que la convierte en una auténtica apisonadora para conseguir sus objetivos. Su mente equilibrada pero rocosa soporta estoicamente la dureza y los altibajos de una prueba como el Dakar. En la disciplina del motor, no olvidemos, que más víctimas ha producido en estos últimos diez años. Lo que vale también para Rosa Romero.

Al comenzar la semana arrastraba un virus estomacal. Otro día se permite el lujo de rodar con Toby Price, un impresionante armario sobre la moto que ganó el Dakar hace dos años. Queda a cinco minutos de Antoine Meo, ganador de una de las últimas etapas… “Estoy llevando un ritmo que físicamente aguanto perfectamente, no estoy arriesgando y no he tenido caídas, excepto algún revolcón en la arena sin importancia y que entra dentro de lo normal”, explicaba al terminar la primera semana. Cualquiera que conozca la disciplina, sabrá que en palabras aparentemente tan básicas se encierra una gran cantidad de sacrificio, preparación y mucho talento, porque rueda entre los quince primeros del Dakar. Como si nada. Y ya terminó una edición entre los diez mejores. En este párrafo, no hemos utilizado el término ‘mujer’ en ningún momento.

Cristina, sin querer saber la clasificación

Cristina Gutiérrez no tiene el mismo físico que Laia. Más bien al contrario. Pero cuando se habla con ella se aprecian rasgos similares, los de una mente equilibrada, ordenada e inasequible a lo que venga. Hasta con un marco filosófico personal que le permite encuadrar todas las desventuras y problemas del día a día con esa serenidad que comparte Laia Sanz. Ha tenido jornadas de dormir dos horas, de quedarse atrapada en las dunas varias veces en un solo día, de averías mecánicas sobre el terreno, noche incluida.

Cristina Gutiérrez antes de poner rumbo al Dakar. (EFE)
Cristina Gutiérrez antes de poner rumbo al Dakar. (EFE)

Ha contado con la ayuda de un gran copiloto, Gabi Moiset, pero ha querido correr toda la semana sin saber cuál era su posición en la clasificación. No deseaba que nada la tensara o la distrajera de su único objetivo: avanzar y avanzar. Y nos cuentan que se quejaba de que le faltaban algunos caballos de potencia en su motor para afrontar dunas como edificios, en una área rota ya por los primeros que las deshacían totalmente. Como para tantos. Pero cuando decenas de participantes se quedaban atrapados durante horas y otros muchos han abandonado, Cristina está en La Paz, y primera de su categoría.

Rosa, madre y piloto, quién da más

Rosa Romero es otro ejemplo excepcional y con un plus adicional. Porque, además, es madre. Porque saca tiempo durante el año para entrenar y adquirir la preparación física y mental necesaria para semejante carrera, y sale a la pista a jugarse el tipo sabiendo que hay hijos que la esperan en casa, lo que requiere una particular contextura psicológica y una fortaleza emocional más allá de lo físico. Porque afronta sus propios riesgos y acepta también los de su marido, Nani Roma.

Debió ser una escena como de película que la propia Rosa le ofreciera a su colega piloto y también esposo la retirada de la prueba para acompañarle a Lima a los reconocimientos médicos que tuvo que pasar Roma tras su accidente de la tercera etapa. Sacrificando al tercer día todo un año de trabajo e ilusiones. El marido dijo que no, por supuesto. Sabía en sus propias carnes lo que significaba decir tan pronto adiós a la prueba. Y Rosa siguió en carrera. Si uno fuera su esposo, estaría orgulloso de semejante deportista. Y también mujer.

Rosa Romero, en la salida del Dakar. (Reuters)
Rosa Romero, en la salida del Dakar. (Reuters)

Verdaderos modelos de igualdad

Todas ellas han ganado el enorme mérito de que nadie ve en ellas a una mujer, ni tampoco se destaca ya su condición. Y si hoy se habla de ellas, es por su gran rendimiento deportivo. Pero conviene añadir algo más.

Para quienes están haciendo de la reivindicación femenina un arma política con toda la demagogia incluida, para quienes se pierden en el 'manspreading', micromachismo y todas esas ‘chorradas’, harían bien en volverse hacia Laia Sanz, Rosa Romero y Cristina Gutiérrez. Para todos aquellos patrocinadores y empresas que quieren buscar modelos femeninos que reflejen los valores de la mujer moderna, sin tópicos ni paternalismos, harían bien en seguirlas a ellas en el Dakar para valorar sus logros. Algunas empresas ya lo hacen, y lo van a notar. Ellas sí que son verdaderos modelos de igualdad. De momento, parece que las luchadoras políticas de salón por la condición femenina de este país siguen mirando para otro lado. ¿Alguien las ha reinvindicado? Quizás Laia, Rosa y Cristina son demasiado mujeres para ellas.

Tribuna

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