Messi no se raja de la selección argentina: castiga a los que le maltratan

Puede ser un hasta luego o un adiós definitivo. El misterioso silencio de Messi sobre su futuro en la selección argentina es consecuencia del exagerado maltrato que sufre

Foto: Messi con la mirada perdida durante su participación en el Mundial de Rusia. (Efe)
Messi con la mirada perdida durante su participación en el Mundial de Rusia. (Efe)

El misterioso silencio de Leo Messi alimenta la incógnita sobre el futuro del argentino en el equipo nacional. Messi no se ha rajado de la selección, todavía. Lo tengo tan claro como que su silencio y planes de renuncia temporal es una maniobra de revancha hacia los que le atizan y ahora le toca a él hacer sufrir, principalmente, a los exageradamente malvados que le quieren desprestigiar. Opta, además, a que reflexionen los que dudan y siguen el camino de los beligerantes. Si a Messi le haces sufrir también te jorobará. Veremos si esto deriva en un castigo para todos los que han participado de la barra libre con un abandono definitivo y significa el punto final de una leyenda del fútbol. El daño será inmenso y habrán ganado los de Maradona, que cargarán contra él para decir, poco más o menos, que es un desertor.

No ha abierto la boca desde que fue eliminado en el Mundial de Rusia y se desconoce, de forma oficial, cuáles son sus intenciones pese a que en Argentina informan que ha decidido no jugar más con la selección en lo que resta de año y habrá que esperar a ver qué sucede en 2019. Messi se perderá tan solo tres encuentros (Guatemala, Colombia y Brasil), aunque esto no es lo grave sino el hecho de que vuelva a renunciar de la albiceleste por tiempo indefinido. Hace dos años, tras perder la Copa América, se despidió con esta bomba: “La selección se terminó para mí”. Es fácil y lógico suponer que su frustración ha crecido tras el nefasto último Mundial del que se marchó vilipendiado y que, como suele suceder en su país, machacado hasta ser bajado del altar después de que hiciera posible que Argentina se clasificara para la Copa del Mundo.



Messi no se raja de la selección porque sigue sin abrir la boca para despedirse o dar bocados. A Messi le quieren echar los que le maltratan, culpan y hacen responsable de que no haya sido capaz de ganar ninguno de los cuatro Mundiales que ha disputado. Este es el principal motivo del extraño silencio del capitán. Escucha y espera. El dolor, la impotencia, rabia y penitencia que acumula lo vimos en cada uno de los partidos del último Mundial en su cara rígida, la mirada perdida, la cabeza agachada en el himno y la ausencia de energía. Estaba bloqueado. Es imposible e irrisorio creer que Messi no siente la selección -le llaman europeo-, el escudo y la responsabilidad de jugar con la mochila de un país en sus espaldas. Messi está cansado, agotado y exhausto porque se ve incapaz de solucionar los problemas deportivos, al margen de la falta de proyecto institucional y los vaivenes organizativos en la federación argentina. Necesita respirar.

Messi, con la cabeza agachada. (Efe)
Messi, con la cabeza agachada. (Efe)


El circo de Argentina

Leo se quita de enmedio por un tiempo que no especifica para seguir cogiendo perspectiva y su renuncia temporal, de confirmarse, da que pensar porque se puede interpretar como una derrota personal. No es, tampoco, una huida hacia delante. Se aparta para, seguramente, seguir meditando en el conflicto interior tan fuerte que tiene que tener en su cabeza por no verse capaz de separar y solucionar el desaguisado institucional en el campo. De él se ha dicho, sin pruebas, que hace las convocatorias, que juegan los amigos de Messi o que se esconde en las grandes citas. La única de las certezas es que mucho de lo que rodea a la Federación Argentina y su proyecto cogido entre alfileres es algo más que ruido. Un circo. De lo que no tengan dudas es que los 'cuchillos' de la prensa no le hacen ni cosquillas.

Esperemos que recapacite, vuelva, lo haga con ganas y la cabeza despejada porque su situación no es nada fácil y porque le seguirán pegando con dureza si no regresa para hacer campeón a Argentina. La próxima cita es la Copa América en menos de un año. Habrá que exigirle, analizar y criticar si vuelve a estar ausente, si hace un mal partido, pero los argentinos no se pueden permitir perder al futbolista que más títulos (33) tiene en la historia del Barcelona. Su ciclo en la selección no puede estar acabado y solo necesita ayuda para que recupere la autoestima y la inspiración. No es un autómata que resulte sencillo manipular. Seguro que ilusión no le falta para seguir ganando porque antes de jugar contra Boca Juniors en el Gamper dejó patente su ambición: "Haremos todo por traer la Champions".

Tribuna
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