La malicia del doble personaje de Guardiola no le hace justicia

Guardiola divide y desconcierta. Pero sí hay una gran mayoría de la prensa española que mantiene y ha tenido la capacidad de reconocerle sus éxitos

Foto: Pep Guardiola da instrucciones durante un partido del Manchester City. (Efe)
Pep Guardiola da instrucciones durante un partido del Manchester City. (Efe)

No hay un solo Pep Guardiola. Hay dos que convergen en una bomba de crispación política-futbolística por el perfil de una personalidad guerrillera que provoca admiración y rechazo. Amor y odio. Con Guardiola podemos concluir que el fútbol español ha perdido un entrenador y ha ganado un profeta de los banquillos con discurso político. “Mis últimos pasos serán en la cantera del Barcelona”, confirma a Jorge Valdano en una de esas entrevistas de diván que se marca el argentino en Movistar Plus. Guardiola adopta el papel de víctima y entrenador maltratado por la prensa española en el programa ‘Universo Valdano’ para echar en cara a los periodistas su poco juicio y parcialidad: “La maldad y la crueldad que hay en la prensa de España no existe en Inglaterra ni Alemania. Van a hacerte daño y saben cómo hacerlo. Aquí me siento protegido del fútbol”.

La sinceridad lleva dosis de malicia porque a Guardiola le falta profundizar en dónde está el problema de la crueldad de los periodistas deportivos españoles que le castigan y no son capaces de separar lo deportivo de lo político. El combativo Pep se ha encargado de no discernir cuándo estamos ante el Guardiola entrenador y el Guardiola reivindicativo desde el momento en el que se sienta en una sala de prensa de un estadio de fútbol para posicionarse en el conflicto secesionista de Cataluña, lucir un lazo amarillo en el banquillo de Wembley que prohíbe la Federación Inglesa -le abrieron expediente- o comparar el color amarillo de su camiseta con el recuerdo de los golfistas al australiano Jarrod Lyle -falleció de un cáncer de leucemia- con el conflicto independentista. Polémica que encontró la dura respuesta del ex seleccionador de baloncesto, Javier Imbroda: “Yo no elegí tener cáncer. Ellos sí eligieron saltarse las normas. Muchas luces no tiene. Le faltan dosis de humanidad”.


La maldad de Guardiola, dejando ya de lado su perfil político, está en generalizar su crítica con la prensa española y perdonar a la inglesa y la alemana. Se olvida Pep de sus años en el Bayern de Múnich y cómo le atizaron los medios germanos. Lo que se dijo y escribió de él cuando fue eliminado de la Champions, en 2016, por el Atlético de Simeone después de otros dos KO contra el Real Madrid y el Barcelona. “El Bayern se estampa y la imagen de la noche muestra a Pep Guardiola como un perdedor”, publicaba el Süddeutsche Zeitung tras perder en el Vicente Calderón. Prensa de prestigio como ‘Bild’ y ‘Kicker’ criticaron que Müller estuviera en el banquillo y cuando se produjo la eliminación titularon: ‘El triple fracaso’, ‘El drama de Pep Guardiola’ y artículos que le sentenciaban: “Con todo estilo y brillo, el técnico estrella de renombre mundial no pudo traer a Múnich el trofeo más preciado de Europa. Se marcha incompleto y con una misión inacabada”.

El 'padre' de la Selección

El sensacionalismo o amarillismo también lo ha podido comprobar con la prensa inglesa. Después de perder en la ida de los cuartos de final de la pasada Champions en Anfield (3-0) contra el Liverpool de Klopp, los titulares decían: ‘Aplastado’, ‘Bombardeado’ y Pulverizado. De Guardiola decían los medios británicos en su primera temporada: “Ha perdido su aura de invencibilidad”. Fue el propio Guardiola el que un día del mes de enero de este año se quejó del papel de la prensa británica cuando dijo en una comparecencia: “Creo que en España se habla más sobre lo que pasa en el campo. Y en mi opinión es una de las razones de su progreso en los últimos años. La gente debate más obre aspectos del juego”.

¿En qué quedamos Guardiola? La crueldad está en todas partes, en los diferentes países en los que ha entrenado y no únicamente en España. El problema que tiene Pep Guardiola es que resulta complicado separar su personaje futbolístico del político. Los independentistas lo adoran como altavoz de sus ideales y al resto produce rechazo y confusión para separar el fútbol de la política. Guardiola divide y desconcierta. Pero sí hay una gran mayoría de la prensa española que mantiene y ha tenido la capacidad de reconocerle sus éxitos. Como nombrarle uno de los padres del mejor estilo de juego de la Selección española, su influencia y visión dentro de un terreno de juego. Sus conocimientos tácticos deberían estar por encima de su combatividad. Separarlos le haría más justicia.

Tribuna

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