Lopetegui logra lo imposible, que suenen peor las excusas que el ridículo en el campo

El entrenador volvió a hablar de falta de fortuna cuando el equipo solo tuvo quince minutos en los que pareció a la altura de las circunstancias. No es solo su culpa, pero su despido no es injusto

Foto: Lopetegui, en el Camp Nou. (Reuters)
Lopetegui, en el Camp Nou. (Reuters)

La explicación de Julen Lopetegui sobre la derrota fue incluso peor que la puesta de escena que tuvo su equipo en el terreno de juego. Y eso es mucho decir. El entrenador decidió en conferencia de prensa exponer al mundo lo que solo está en su cabeza, una realidad paralela que nadie puede ver porque no existe. Se aferró a quince minutos del partido para explicar una igualdad entre dos equipos que nunca existió. Aseguró que, una vez más, el problema fue de puntería. Trató de contar esta película de terror como si fuese un cuento, uno en el que por azar ganan los malos. Alguien podría haberle contado el resultado, un 5-1, cataclismo blanco, una vergüenza para una institución orgullosa que no puede aceptar, y mucho menos entender, que su equipo sea vapuleado.

Le dio a Lopetegui incluso para lamentarse de las lesiones, como si el equipo rival no hubiese pasado por encima del suyo sin Leo Messi, el mejor jugador de su tiempo. Volvió a culpar de la horrible situación a la suerte y eso que lo que se vio en el campo fue claro, transparente, evidente para todo aquel que quisiese mirar a lo que estaba pasando. Lo único honesto era ser sincero, asumir que su equipo fue peor, que el mes entero está siendo un adefesio, que la temporada solo suena a fracaso. Ni siquiera se le exige una dimisión, pero sí tratar de no engañar a los oyentes.

Las dos opciones son igual de malas, porque una es que Lopetegui se cree su discurso y la otra es directamente que miente. Si de verdad cree que todo es cosa de la casualidad y el desacierto concreto de cara a puerta es que no tiene la capacidad como entrenador para analizar una situación límite. Si ha visto todos los partidos del Real Madrid y esa es su conclusión, su problema es de entendimiento, porque por más cierto que sea que el problema de remate es importante, está muy lejos de ser el único que acompaña a este disfuncional equipo.

La otra opción es la mentira, y esa es inaceptable siempre. Se puede dejar de decir cosas, tampoco se le pide que sea testigo de Jeová, pero en ocasiones ese intento desesperado de tapar la situación, por más evidente que sea, es fronteriza con el ridículo. Lopetegui es ese general que batalla en una guerra ya perdida, que le dice a la tropa que quedan fuerzas cuando ya todos saben que no es así. Es probable que la directiva decida cobrarse su cabellera. Y no se equivocarán.

O no lo ve o lo esconde

Lopetegui había demostrado muy poco antes de llegar a Madrid y ahora ha dejado claro lo alto que puede volar como técnico. Por lo que se ve, era un síntoma mucho más claro su paso por el Oporto que por las categorías inferiores de España. La primera parte del Real Madrid en el Camp Nou fue de antología del esperpento. Los once jugadores persiguiendo sombras, la posesión cogida completamente por el Barcelona, un equipo sin ataque, medroso, pensando que ojalá no llegase la tormenta. 45 minutos que están en el museo de los horrores del madridismo. Aceptó Lopetegui que fueron inferiores en ese rato, algo es algo, pero también dijo que igual los dos goles eran demasiados. Otra vez la miopía mental del técnico en escena, porque fueron dos, pero bien pudieron ser más, su equipo durante el primer tramo del partido parecía uno de regional que salta asustado al Camp Nou, rezando para que la tunda no sea muy fuerte.

Sí, es cierto, tuvo un rato bueno en la segunda mitad. Y quizá no es una locura atribuírselo a una defensa del cinco, montada por necesidad, fruto de una lesión de Varane -una vez más, y como su compañero Ramos, calamitoso en defensa- que de un convencimiento propio. Fueron quince minutos buenos, un oasis dentro de este desierto, pero suficientes para que un técnico reclame su continuidad. Como si el Real Madrid de esta temporada fuese ese y no el que se vio en el resto del partido. Como si todas las derrotas fuesen un espejismo y esta goleada una tormenta de verano.

El discurso bufo de Lopetegui llega al surrealismo cuando asegura que hay jugadores que "por circunstancias" han tenido problemas para coger su estado físico. Se refiere, suponemos, a que algunos estuvieron en el Mundial y eso trastocó un poco la pretemporada, pero solo bastaba ver al Barcelona, un equipo con una estructura similar y una cantidad de mundialistas parecida, para entender que esto no puede ser una excusa sino un punto más de culpabilidad de Lopetegui. El técnico vasco decidió que quería que el régimen físico del equipo fuese contratado por Óscar Caro.

No le importó que el Real Madrid ya tuviese en plantilla un preparador de clase mundial, el tan cacareado Pintus. Él quería al suyo. Degradó al italiano y le dio las riendas a Caro, es decir, él decidió cuál era el camino en la preparación física, algo que, de todos modos, siempre es parte de la labor del entrenador. Hablar hoy de circunstancias que hacen que los jugadores no estén bien es un descalabro, igual si no hubiese traido a alguien para eso y hubiese dejado mandar a quien les tenía en buen tono hoy ese lamento no estaría presente. Es, de todos modos, una más dentro del 'lopeteguismo'.

Salvar al jefe de la quema

Es curioso, porque el técnico no utiliza la única excusa en la que realmente tiene razón, y es que la plantilla es peor que todas las anteriores del club. Eso supondría cargar contra la dirección deportiva, que en el Real Madrid es sinónimo de cargar contra el presidente. Lopetegui no se ha dado cuenta delante del micrófono que ya no importaba hablar de eso, porque de todos modos va a ser despedido. Aquí también podría contar lo que ha pasado, ese goleador que no llegó nunca, el sustituto de Cristiano. Podría haber dicho que para traer un portero de 45 millones mejor un central que presionase un poco a Ramos y a Varane para que no se durmiesen en los laureles y jugasen como alevines. O que mejor que un lateral derecho suplente en la Real, pero bien representado, un poco más de dinero para un delantero con gol.

Benzema, enorme jugador de fútbol, no tiene gol. Y eso en los años anteriores era más o menos aceptable, porque jugaba con un depredador que tenía todo el gol posible. Ahora, como no ha llegado nadie para ocupar esa plaza, el pobre hombre hace jugadas que no son más que castillos en el aire, porque de poco sirve que ayude a generar ocasiones si el único jugador que parece capacitado para culminar en gol todo eso es el lateral izquierdo. El lateral izquierdo, ni más ni menos. Es mejor que no se paren a compararle con Luis Suárez, porque si usted es madridista y hace eso tendrá unas ganas locas de dejar la competición y refugiarse en casa a llorar.

Se puede interpretar como un acto de decencia de Lopetegui no intentar cargar la responsabilidad en su jefe, pero eso solo sería así si, a cambio, asumiese las propias. Nada de eso, ni parecido, así como Casemiro -él sí, crítico- aceptó que todo esto es un naufragio y que no es aceptable, Lopetegui se fue a la excusa barata, a no aceptar la realidad y ni tan siquiera optó por aferrarse a la única excusa que era válida, que sus jefes también han estado horribles. Ese es este Real Madrid, y quizá la solución no es echar a Lopetegui, pero el técnico tampoco ha hecho ni una sola cosa para justificar seguir en ese puesto.

Tribuna
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