La plastilina de Marcelo en defensa provoca la histeria de Solari

Solari se hace sangre con el asunto de Marcelo porque no va a ser nada sencillo, por no decir imposible, cambiar el estilo y reconducirle o meterle en cintura

Foto: Marcelo juega con una pelota de tenis en un entrenamiento. (EFE)
Marcelo juega con una pelota de tenis en un entrenamiento. (EFE)

¿Se acuerdan de un gesto de Solari en la semifinal del Mundial de Clubes contra el Khasima por lo que parecía un extraño ataque histérico? Se hizo viral. El argentino estaba desesperado y perdió los nervios porque no se cerraban los espacios. Fue la imagen de un Solari enrabietado. Como si quisiera saltar al césped y dar una colleja a alguien por el desastre defensivo y la amenaza que suponía cualquier aproximación de los japoneses. Ahí estaba Marcelo y su particular coladero por el costado izquierdo que provocó la desesperación del entrenador. Hasta el minuto 42 no pudo el Madrid romper el marcador. Fueron cayendo los goles de Bale —otro que defiende horriblemente mal— hasta darse un atracón y hacer un 'hat-trick'. Lo que quedó de esa primera parte fue la histeria que invadió al entrenador argentino.

A Solari no le convence esta versión de Marcelo. Su sonrisa sobreactuada no hace de escudo para esconder los problemas que tienen una difícil solución. Los errores de Marcelo producen más desgaste en la pizarra del entrenador que el debate abierto entorno a los minutos que tiene que jugar Isco. Marcelo es un desastre defensivo que no esconde Solari. Como tampoco sus compañeros. Llamó la atención la charla que dio Sergio Ramos a Casemiro tras el primer gol del Villarreal, con la mirada atónita de Marcelo, para que el mediocentro auxiliara al lateral izquierdo. Los rivales tienen claro cuál es el espacio por el que pueden hacer daño al Real Madrid. Tan sencillo como coger la espalda a Marcelo para generar peligro. De ello se aprovechó el Villarreal, otro equipo más que explota el punto débil.

Solari se hace sangre con el asunto de Marcelo porque no va a ser nada sencillo, por no decir imposible, cambiar el estilo o reconducirle. A sus 30 años, el lateral brasileño ha sido reconocido como uno de los mejores del mundo por su capacidad para desequilibrar en ataque y asociarse con los de arriba. En los últimos nueve años se aprovechó de tener como referencia intimidatoria a Cristiano Ronaldo. Hoy, la solución de Solari pasa por armar una banda izquierda con la pareja Marcelo-Bale. Plastilina defensiva y acero en ataque cuando están inspirados. Su último 'baile' fue la elaboración del primer gol del galés al Kashima Antelrs en la semifinal del Mundial de Clubes. Antes de esta acción, le consumían los nervios. Estaba histérico.

Lo de Marcelo tiene difícil remedio si se trata de convencerle de que tiene que defender mejor y darle prioridad a cerrar los espacios. No lo van a meter en cintura. Si se desarropa atrás es para irse arriba y generar peligro. Si se arropa atrás, el Madrid pierde una baza ofensiva. Y el equipo siente que necesita que Marcelo suba para tener más mordiente. Hasta Marcelo tiene automatizado que lo suyo es tener presencia en ataque y contar con que un mediocentro o un central le hará las coberturas para cubrirle las espaldas.

Solari mira a Marcelo en un entrenamiento. (EFE)
Solari mira a Marcelo en un entrenamiento. (EFE)

Un mal estado de forma

A Solari le gustaría moldear a Marcelo y corregir sus defectos. Conseguir cambiarle el chip en su cabeza y mejorar su físico para que tuviera una mejor actitud defensiva y un plus de energías para recuperarse mejor de los esfuerzos cuando sube y volver atrás para tapar agujeros. Pero Marcelo no es de plastilina. No lo consiguió Lopetegui, que le señaló en Girona cuando le quitó del campo, ni acierta Solari cómo encontrarle ese equilibrio defensa-ataque. El técnico le ha lanzado un par de mensajes y uno de ellos, en el Mundial de Clubes, sonó a regañina: "No creo que esta sea la mejor versión de Marcelo. Esperamos verlo mejor todavía. Es un magnífico jugador y tiene que seguir empujando. Tiene que esforzarse más en ataque y, por supuesto, en defensa. En defensa ya me encargaré yo de decirselo".

Los problemas de Marcelo se agravan esta temporada después de sufrir dos lesiones musculares que le hacen más difícil coger su estado de forma óptimo. No tiene continuidad y le falta intensidad. Para recuperarle hay que hacerle jugar hasta que encuentre el ritmo de competición y vuelva a su plenitud. Mientras tanto, Solari se hace cruces —como Sergio Ramos y otros compañeros— con un jugador que se despista atrás, le falta contundencia y agresividad. La otra solución es mandarlo al banquillo una temporada y apostar por la juventud y frescura del canterano Reguilón.

Tribuna
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