La involución de los partidos por la tele para que el espectador (que paga) no vea polémica

Aunque la tecnología lo permite, de las retransmisiones del campeonato nacional han desaparecido las líneas de fuera de juego, las entrevistas libres y todo lo que perjudique "la imagen"

Foto: El polémico gol de Luis Suárez de este domingo. (Reuters)
El polémico gol de Luis Suárez de este domingo. (Reuters)

Fue a principios de los 90, cuando las televisiones privadas irrumpieron en España. Canal + se constituyó en una anomalía, pues se coló de rondón como una cadena de pago, algo que no estaba previsto en un principio. Cerraron sus contenidos y, con su músculo financiero, se hicieron con los derechos de retransmisión de la liga de fútbol y las principales ferias taurinas. Le entregaron el producto a Víctor Santamaría, un realizador que era también un innovador y al que le pidieron que hiciese de las mejores retransmisiones posibles, que no escatimase en cámaras, que pensase distinto e hiciese lo mejor que permitiese la técnica. La idea era obvia, si el espectador iba a pagar, que no deja de ser un esfuerzo importante, a cambio tendría que recibir lo mejor de lo mejor, las repeticiones que sacan de dudas, la tecnología más avanzada. Con eso montaron el fútbol que hoy conocemos, porque la televisión también forma parte de la forma de percibir el deporte.

Han pasado casi 30 años y el fútbol y la televisión han ido y venido varias veces. Por el camino entraron nuevos actores, hubo guerras por los derechos, pasos por los tribunales y subastas grandilocuentes. Apareció Jaume Roures, con Mediapro, y abarató las retransmisiones, las vulgarizó, para poder pagar los cheques cada vez más abultados que exigían los clubes. Se perdió ese interés casi artístico de los pioneros pero, en principio, la política siguió siendo la misma, el espectador paga y, por lo tanto, merece el máximo respeto, y eso es lo mismo que ofrecerle todo lo mejor que sea posible con la técnica disponible.

Javier Tebas, de hecho, es el primero que tiene claro que el espectador preferencial ya no es el que va al campo, aunque siga siendo del que más se habla porque grita y suena por los micrófonos de la televisión. En diversas ocasiones ha comentado que para él cuenta lo mismo el televidente de Indonesia que el aficionado del gol sur del Villamarín y no hay más que mirar las cuentas de los clubes para entender que, ahora mismo, viven de la televisión. En la última subasta, Movistar pagó 1.140 millones de euros por cuatro de los lotes, a los que habría que sumar lo que puso Mediapro por quedarse con la emisión en bares y lo que se consiga por la venta internacional, en la que la empresa catalana ejerce de 'broker'. El resumen es sencillo, muchísimo, muchísimo dinero.

Tambien es obvio que los espectadores han ido pagando cada vez más. Hubo tiempos de guerra en los que la factura se desplomó, pero el usuario medio ahora paga un dinero importante cada mes, muchas veces como un esfuerzo importante por el capricho. Sería de esperar que, con los años, las retransmisiones fuesen más ricas, más completas, un producto lo mejor posible para el televidente. Pues no, resulta que en tiempos recientes hemos involucionado, hoy ver el fútbol es mucho peor que hace solo unos años. Unos meses, incluso. Y es peor en España que en el resto de occidente. Algunos ejemplos, en los siguientes párrafos.

El árbitro ve en el monitor una repetición que el espectador no tiene. (EFE)
El árbitro ve en el monitor una repetición que el espectador no tiene. (EFE)

La línea que ya no está

Se activa el protocolo del VAR en Villarreal por un presunto fuera de juego. Este, lo prometemos, no es un artículo sobre errores arbitrales, solo sobre televisión. El colegiado, en este caso Undiano Mallenco, espera plantado en el centro del campo que le cuenten por el pinganillo si estaba o no el delantero habilitado. El realizador nos obsequia con planos cortos de Iñaki Williams, que mira al horizonte. Pasan un par de minutos y no se les ocurre poner ni una sola repetición de lo que ha ocurrido. Se supone que en la garita de los árbitros de VAR se está viendo lo que ha ocurrido en el terreno de juego. Es decir, existen unas imágenes que pueden ayudar a salir de dudas al aficionado, pero por más que pague, parece ser que no se las merece.

Un paso más. En el Betis-Real Madrid, Canales marca el primer gol de los verdiblancos. Es un posible fuera de juego milimétrico, es muy complicado para cualquiera saber qué ha pasado allí. Claro que, para eso, hace unos cuantos años que llegaron los ingenieros e idearon un sistema para virtualizar la línea del fuera de juego. Se utiliza en todo el mundo, en todas las competiciones, se ha convertido en parte de lo que se espera de una retransmisión televisiva. No en LaLiga, que ha decidido dar un par de pasos atrás y hacer desaparecer este avance para que el espectador español que, repetimos, paga mucho dinero cada mes, vuelva a los nostálgicos años ochenta y tenga menos información de la que podría tener si utilizasen una tecnología que está extendidísima.

En natación hace muchos años que pusieron una línea virtual que marca el récord del mundo, un avance, una simple raya amarilla, que mejoraba con mucho la experiencia del usuario. En el tenis sería imposible pensar una jugada de ojo de halcón en la que el espectador, en su casa, no tuviese la recreación de la caída de la bola junto a la línea. No solo es que se saque de dudas al televidente, es que además se le ofrece un modo añadido para disfrutarlo, un punto de incertidumbre que hace del producto algo mucho mejor. Nada, en los mentideros cuentan que se ha desaconsejado el uso porque genera polémica y, como es costumbre, se entiende con error que eso puede perjudicar la imagen de la competición, algo por lo que su presidente, Javier Tebas, parece muy preocupado.

Javier Tebas, el mismo que esta semana, en una entrevista en la Cadena Cope, se vanagloriaba de que los periodistas que hacen preguntas en la banda para las televisiones con derechos de emisión están aleccionados para que no toquen temas que puedan ser sensibles para los jugadores. Quiere el presidente que las entrevistas sean lo más aburridas posibles y que se dejen de lado los temas que, durante la semana, más interesan a los espectadores que están pagando un buen dinero. Esto no es una cuestión de orgullo periodístico, de rechazar las mordazas y pensar que el reportero tiene que ser libre para valorar lo que considera que es o no es noticioso y preguntar en consecuencia. Esto tiene que ver con el espectador, el que da clic los temas polémicos y prefiere los informativos en los que se tratan esas materias. Los que quieren saber, por ejemplo, si Griezmann renovará o se marchará.

La propietaria de los derechos de emisión, que paga un cheque estratosférico para contentar al espectador, ha decidido no dar la batalla, no hacer periodismo y, lo que es peor, ni siquiera hacer buena televisión. Aceptar el yugo y pensar que, a diferencia de lo que ocurre en la mayor parte de negocios, el que cobra manda.

El partido de la niebla en Huesca. (EFE)
El partido de la niebla en Huesca. (EFE)

La niebla silenciada

Pero es que todavía hay más casos. Cualquiera que viese el sábado el partido entre el Huesca y el Atlético de Madrid sabe que el espectador no estaba en la mejor posición posible. El narrador, en los primeros tramos del encuentro, señalaba lo que para cualquiera era evidente, que la niebla era muy espesa y que ver lo que estaba ocurriendo no era posible. Era densa como puré de guisantes y los jugadores de los dos equipos entraban y salían de escena como sombras espectrales. El narrador, el por otro lado excelente Miguel Ángel Román, decidió de pronto dejar de comentar lo que era uno de los protagonistas del partido. Me encantaría pensar que fue una decisión personal, que el relator -metido en un estudio a muchos kilómetros del campo, por aquello de escatimar en medios- consideró que la mejor manera de contar ese partido era obviar lo que para todos era evidente. Con los antecedentes, lo dudo, en estos casos suele haber un whatsapp de por medio para salvaguardar "la imagen" del campeonato.

Un paso más en este partido ¿por qué no se aplazó? Es una liga multimillonaria y un encuentro prácticamente no se pudo ver. Se pueden aceptar las razones de calendario cuando estas existen, en la penúltima jornada de Liga, por ejemplo, o si ambos equipos tienen un calendario sin huecos en los próximos meses. No era el caso, con los dos equipos fuera de la Copa del Rey ambos tienen fechas suficientes para hacer que el espectáculo fuese acorde de lo que se espera en un campeonato como este. El que ha pagado por ver al Atlético se ha tenido que conformar con ver a medias un partido de los del calendario.

"Tenemos una responsabilidad con el espectador", contaba Víctor Santamaría hace tiempo en una de las poquísimas entrevistas concedidas por el realizador. Ahora, y a pesar de que nunca antes hubo más dinero sobre la mesa, el espectador se ha olvidado, es casi nocivo porque "la imagen" requiere que entre la censura, que no se vea la repetición buena, que no se saque la línea ni se le pregunte a los protagonistas, que el narrador calle lo evidente y que todo parezca un jardín de rosas. El fútbol es una pasión y estos muchos detalles no van a hacer que nadie deje de pagar. La moral del que emite -que también paga- y del que vende los derechos debería de entrar en este punto. Hoy, en 2019, pudiendo dar un producto mejor han decidido recortarlo. Ellos sabrán.

Tribuna

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