El pedo del día en que Messi se quedó seco

Tengo un amigo muy culé que cada vez que se pone nervioso viendo un partido se lía a beber cervezas. El del Old Trafford fue uno de esos, aunque el Barça ganó y el United no tiró a puerta

Foto: Luis Suárez y Messi celebran el gol del Barcelona al Manchester United. (Reuters)
Luis Suárez y Messi celebran el gol del Barcelona al Manchester United. (Reuters)

Tengo un amigo muy culé que cada vez que se pone nervioso viendo un partido se lía a beber cervezas. Mi amigo acabó sereno la temporada pasada, cuando el Barcelona cayó ante la Roma en cuartos, porque entre el susto y el desconcierto no tenía el cuerpo para beber, pero en cuanto se terminó el partido de Old Trafford (0-1) me envió un mensaje: "Voy pedo". Normal, le contesto, aunque cinco segundos más tarde y con la misión de escribir, repaso las notas del partido, le doy la vuelta a la hoja… Y nada, que no encuentro ningún disparo a puerta del United.

Es curioso, porque la sensación y el estado etílico de mi amigo indican lo contrario, así que vuelvo a mirar las estadísticas… Y nada, ningún remate entre los tres palos, ninguna parada de Ter Stegen de las de llevarse las manos a la cabeza, ningún tiro despejado por un defensa en última instancia. Nada. Y sin embargo, el telele ha estado presente en algunos momentos del partido —como en los primeros 15 minutos de la segunda parte— auspiciado más por los errores del Barça que por los aciertos del United. El equipo de Valverde se generó las ocasiones a sí mismo por los fallos en la salida del balón y los despistes de Lenglet, Jordi Alba y, sobre todo, de Busquets, que estaba más solo que la una con un Arthur insustancial y un Rakitic alejado de él y del juego. Y de repente, caigo en la cuenta. ¡Messi! La incertidumbre, el suspense, el pedo de mi amigo es por culpa de Messi.

Messi recibió un fuerte golpe en la cara. (EFE)
Messi recibió un fuerte golpe en la cara. (EFE)

El argentino asistió a Luis Suárez en el gol que la UEFA terminó dando (con razón) a Shaw en el minuto 12, y en el 28 se llevó un manotazo de Smalling en plena cara que le dejó tendido en el suelo sangrando por la nariz. Con un arañazo, un algodón en su fosa nasal y un ojo a la virulé volvió al terreno de juego, pero ya no fue el mismo. De hecho, no remató ni una sola vez a puerta hasta que en el minuto 82 disparó una falta por debajo de la barrera que impactó primero en Busquets y paró De Gea. Esa ausencia de Messi, esa impresión de que no estaba fino, ese temor de quedarse huérfanos en medio de Old Trafford, fue sin duda lo que empujó a mi amigo irremediablemente al frigorífico y a mí a rebuscar entre los papeles.

El United ya ha ganado esta temporada a la Juventus y al PSG en su casa, pero ni con los efluvios del alcohol o el fantasma de la Roma siempre presente puede creerse un culé que las semifinales no están encarriladas después del 0-1 y con la vuelta en el Camp Nou. Ni siquiera con Messi a medio gas ni con los regalos de Busquets dobló el Barça la rodilla, así que pasada la resaca los azulgrana solo tienen que finiquitar el martes que viene lo que han empezado en Mánchester para plantarse en semifinales tres años después de la última vez. Y por si acaso la cosa se pone fea, le recordaré a mi amigo que compre cervezas.

Tribuna

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