La noche en que Ansu Fati devolvió la ilusión al barcelonismo y la ovación del Camp Nou

El Barcelona golea al Valencia con un Ansu Fati estelar. El canterano de tan solo 16 años marca un gol y da una asistencia. Pone en pie al Camp Nou y desborda la ilusión en la masa culé

Foto: Jordi Alba abraza a Ansu Fati tras marcar el gol al Valencia. (Efe)
Jordi Alba abraza a Ansu Fati tras marcar el gol al Valencia. (Efe)

Tanto Neymar, y tanto Messi hablando de Neymar, y tanto Bartomeu justificando la ofensiva por Neymar, y el día que Neymar reaparece con un golazo para dar la victoria al PSG mientras su afición le pita aparece Ansu Fati en el Camp Nou, en la goleada al Valencia (5-2) y borra todos los titulares precocinados para devolver la ilusión al barcelonismo. 16 años, desde los diez en el club, sin cadenas, con desparpajo y con eso tan difícil de definir como es la chispa, la magia, el estar tocado por la varita de un ser superior que le ha bendecido, Ansu Fati puso patas arriba al estadio y dejó como un sucio eco todo el ruidazo provocado por el fallido fichaje del brasileño. Ha nacido una estrella. Ya veremos si fugaz, pero no hay manera de explicar el partido ante el Valencia que no pase por el canterano.

A los dos minutos ya había abierto el marcador, a los siete atendió a De Jong para que anotara, a los 16’ un disparo suyo desde fuera del área se marchó a córner y poco más tarde tuvo tiempo de hacer un sombrerito en el área. Cuando fue sustituido en el 60’ por Luis Suárez la ovación fue tremenda y estaba justificada. Pocas, muy pocas veces, asiste uno a una aparición tan espectacular. Hay que remontarse al 2005 con la de Messi ante la Juventus en un Gamper para vivir sensaciones semejantes. Fue entonces cuando se produjo un flechazo que derivó con el tiempo en un amor para siempre con el argentino y esa misma electricidad, la impresión de estar ante alguien diferente, la química, ha vuelto a suceder con Ansu Fati.

Frente a un Valencia tocadísimo por la destitución de Marcelino y que aún así plantó cara en algunos momentos al Barça, nadie pudo hacer sombra al guineano. Ni Griezmann por mucho confeti que se eche encima, ni De Jong por muy holandés que sea, ni siquiera los dos goles de un Luis Suárez que apareció media hora para demostrar que no sólo tiene puntería, sino ganas. Un chaval se erigió como el gran protagonista de un partido que el Barça ganó por 5-2, pero que más allá del resultado todos recordarán, recordaremos, como la noche de Ansu Fati. Queda por delante todo el tiempo del mundo para comprobar si la aparición es un espejismo, un sueño loco en una noche de verano con Suárez saliendo de una lesión y con Dembélé y Messi fuera de foco, pero por lo pronto nadie se acordó de Neymar en el Camp Nou. Si el fútbol es un estado de ánimo Ansu Fati representa la ilusión, el entusiasmo inesperado. Que buena falta hacía.

Tribuna
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