El gafe de Suárez y el caos del Barcelona en Europa (Ter Stegen sigue de socorrista)

Luis Suárez lleva cuatro años sin marcar en Europa y esta noche celebró un gol que no era suyo. El portero alemán volvió a ser el mejor. El conjunto de Valverde no fue capaz de sostener el balón

Foto: Luis Suarez celebra su 'no gol' con sus compañeros en Praga. (EFE)
Luis Suarez celebra su 'no gol' con sus compañeros en Praga. (EFE)

El Barça terminó achicando agua en su propia área en Praga, despejando los balones al tuntún y con Valverde dando voces al borde de un ataque de nervios en la banda. Ganó, por cierto, pero a pesar del resultado la sensación que transmitió el equipo fue la de un pollo sin cabeza. Ni control, ni ritmo, ni continuidad ni nada. El conjunto checo chutó a puerta hasta en 19 ocasiones, por 12 del Barça, y gracias a que Ter Stegen volvió a ponerse el traje de Superman, consiguió la victoria (1-2).

Lo del guardameta alemán empieza a ser sobrehumano: se multiplica, para con las manos, con los pies, por alto y por bajo. Solo en la primera parte detuvo tres claras. Es el mejor de largo, y esa no es una buena noticia. Como tampoco lo es el gafe de Luis Suárez en la Champions. En el caos de juego del equipo de Valverde, el único que destaca por hacer bien su trabajo es Ter Stegen, mientras que en el debe se puede apuntar a varios: desde, Piqué que está lento y dubitativo, pasando por un De Jong demasiado transparente, pero el que se lleva la palma es Suárez.

El uruguayo arrastra desde hace cuatro años la losa de no marcar en Champions lejos del Camp Nou. La última vez que lo logró fue el 16 de septiembre de 2015 en el Olímpico de Roma, y en Praga tuvo ocasiones muy claras para deshacer el sortilegio, pero está gafado. En la primera mitad, envió un balón a las nubes y otro al cuerpo de Kolar. En la segunda, festejó un gol que no era suyo porque la tocó Olayinka, se topó con el portero otra vez y ya en el 70’, solo, cruzó demasiado la pelota, que se marchó mansamente por la línea de fondo. Hubo momentos en que el equipo, y sobre todo Messi, que abrió el marcador nada más empezar el encuentro, parecía que jugaba para que él marcara. Conscientes de la nube negra que le persigue, sus compañeros no desistieron en el intento de buscarle, pero no hubo manera.

Ernesto Valverde se queja de un balón perdido por sus jugadores durante el encuentro. (EFE)
Ernesto Valverde se queja de un balón perdido por sus jugadores durante el encuentro. (EFE)

Se le ven las costuras

La falta de puntería y la mala fortuna se alían en contra del uruguayo y el resultado son cuatro largos años sin marcar en Europa, demasiados para un ‘9’ en el Barça. Los pitos que escuchó en el Camp Nou ante el Villarreal cuando fue sustituido por Ansu Fati tienen su origen en el puñetero hechizo que le acecha, y cada partido que pasa, el hoyo se hace un poco más grande. Más allá de Luis Suárez, el Barça no fue capaz de dar más de tres pases seguidos y sostener el balón durante toda la segunda mitad y los últimos minutos de la primera.

El buen sabor de boca tras la victoria ante el Eibar en el último partido de Liga se ha esfumado, y pese a la victoria ante el Slavia que le allana el camino para la siguiente fase, el regusto que queda ahora es el de si este equipo puede soñar de veras con ganar la Champions. Porque salir fuera de casa, que se le vean las costuras y les bajen los humos es todo uno. Con Ter Stegen no es suficiente, y echarle la culpa al gafe de Suárez es un argumento demasiado simple. El Barça, en definitiva, no tiene ningún peso en Europa.

Tribuna
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