La olla a presión de la cabeza de Vinícius (al rincón de pensar) y cuidado con el ego

La decisión de Zidane con Vinícius, de volver a dejarlo fuera de una convocatoria, es una medida dura para un chico que se hará preguntas, le surgirán dudas y se sentirá rechazado

Foto: Vinícius se tapa la boca en el banquillo durante el partido contra el Betis. (EFE)
Vinícius se tapa la boca en el banquillo durante el partido contra el Betis. (EFE)

Con Vinícius se ha pasado de la fascinación a estar desorientados en el Real Madrid. Estamos en un momento en el que es complicado apostar por un futbolista que se encuentra en una situación de indefinición. Nos tiene confundidos. Es pronto para hacer un juicio con un chico que es joven, tiene cualidades físicas, técnicas y descaro. El problema es su ofuscación con el gol. Vinícius está en su punto crítico y necesita regresar al conocimiento del juego colectivo. Estudiar, asimilar y comprender en qué consiste el juego en equipo. Rentabilizarlo para que le permita que fluyan sus virtudes. Zidane está en un proceso difícil de entender qué tipo de jugador es Vinícius y cómo hay que orientarlo para no llegar al punto de que se eche a perder. La decisión de volver a dejarlo fuera de una convocatoria es una medida dura para un chico que se hará preguntas, le surgirán dudas y se sentirá rechazado.

De las tres opciones que tenía el entrenador (césped, banquillo y grada) elige la tercera en el partido contra el Galatasaray. La misma que hace una semana contra el Leganés. Vinícius está en el rincón de pensar. En su cabeza habrá imaginado un castigo. No lo debería interpretar así cuando sus ganas y la actitud no son los motivos por los que se queda fuera de los planes de Zidane. Le conviene hacer un ejercicio de realismo. Está fuera porque tiene por delante a Eden Hazard y el entrenador antepone a Rodrygo, para jugar en la banda derecha, y Luka Jovic como revulsivo. Le dará más rabia comprobar que rota por un puesto en la convocatoria con Lucas Vázquez. Estará que se sube por las paredes cuando llega a la conclusión de que se queda en la grada en otro día en el que no están ni Bale ni James.

Vinícius dispara a portería en el partido contra el Betis. (EFE)
Vinícius dispara a portería en el partido contra el Betis. (EFE)

La cabeza de Vinícius tiene que ser una olla a presión. ¿Qué estoy haciendo mal? ¿Por qué no tengo ni sitio entre los suplentes? ¿Por qué desde que ha llegado Zidane me van peor las cosas? ¿Tengo que marcharme cedido si mi situación no cambia? ¿Se están pasando los que me critican que no tengo gol y no valoran otras facetas de mi juego? Demasiadas preguntas que tiene que resolver por sí solo y con ayuda. No es el primero que llega al Real Madrid con expectación y pasa a ir quedándose por el camino y acabar bajando los brazos. No es comparable a lo que le sucedió a Robinho porque este se echó a perder por la noche madrileña. En Vinícius no hay noticias de llevar una vida desordenada. Pero si empieza a ser frecuente que es prescindible para Zidane, juega poco y cuando lo hace se bloquea con el gol y las críticas le pueden pasara factura, sí se estará hablando de un fracaso.

Cuidado con el ego

Vinícius tiene que pararse a pensar en qué equipo se encuentra, el nivel de exigencia, cuál es su encaje y cómo ser eficaz. En definitiva, volver a convencer porque hoy es un jugador aturrullado de la cabeza a los pies. Eso lo ve Zidane, el primero, que lo observa todos los días en los entrenamientos y los aficionados que no quieren desengañarse. Entre ellos estará Florentino Pérez, el primer sorprendido de que Vinícius no tenga sitio en las listas de Zinédine Zidane. Pensar es bueno y recomendable. Vinícius está a tiempo. Reflexionar y estar bien aconsejado es positivo cuando tienes 19 años y la vida te da un cambio sustancial en lo profesional y lo económico.

Tiene que ser difícil ser Vinícius si la decisión de Zidane le ha tocado el ego y no tiene una persona a su lado que le diga que actúe con humildad y se dedique a entrenar comprendiendo que el juego del fútbol europeo tiene matices que le diferencian del sudamericano. Pasar de intocable para Solari, en un equipo en naufragio, a prescindible para Zidane, en un equipo en construcción, es un difícil de asimilar y digerir. Lo que le vendrá bien es que no copie los malos vicios de los veteranos (Bale y James) y se vaya después del minuto 80 del Bernabéu, aunque se lo permita el reglamento de régimen interno. Si es listo tiene que estar el primero en el vestuario, antes de que llegue el autobús del equipo, en el descanso y al final comentando las jugadas.

Tribuna
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