"Nuestras voces son poderosas". Las deportistas ya no se callan

Son las propias deportistas las que han comprendido que juntas son más fuertes, que sus voces son poderosas y que se merecen ser escuchadas

Foto: Las denuncias de Allyson Felix (en la imagen) y otras atletas consiguieron que Nike cambiara su política con las embarazadas. (Reuters)
Las denuncias de Allyson Felix (en la imagen) y otras atletas consiguieron que Nike cambiara su política con las embarazadas. (Reuters)

"Nuestras voces son poderosas". Así comenzaba Allyson Felix un post en Instagram el pasado mes de agosto en el que publicaba una carta que le había enviado el vicepresidente de marketing de Nike en la que se comprometía a una nueva política contractual no discriminatoria con las deportistas embarazadas. Y tenía razón. Su voz, su justificado enfado con la marca y la decisión de rebelarse cambió la política de la empresa. Felix es una megaestrella. Es la atleta más laureada de la historia de Estados Unidos en Juegos Olímpicos (tiene seis medallas de oro y tres de plata) y también en Mundiales, donde ya tiene más medallas de oro (12) que Usain Bolt. La última la consiguió en septiembre en el Mundial de Doha, diez meses después de dar a luz a su hija Camryn y cuatro después de escribir un artículo en 'The New York Times' que ha supuesto un antes y un después.

La atleta norteamericana es uno de los ejemplos más visibles de lo necesario que es alzar la voz ante las injusticias y desigualdades que sufren las deportistas por el simple hecho de ser mujeres. Las futbolistas españolas, que por fin acaban de firmar el histórico convenio colectivo después de más de un año de negociaciones y tras una dura lucha en la que la clave fue mantenerse unidas, también han demostrado lo potente y eficaz que es tener voz y utilizarla.

Lo loco era quedarse embarazada

La firma Nike lanzó un spot en 2019 con el título 'Dream Crazier' con imágenes de atletas, jugadoras de fútbol y de baloncesto, boxeadoras, ciclistas, tenistas y la mujer que más lejos ha llegado en los banquillos de la NBA, Becky Hammon, mientras la voz de Serena Williams narraba: "Si mostramos nuestras emociones, nos llaman dramáticas. Si queremos competir contra los hombres, estamos locas. Y si soñamos con igualdad de oportunidades, somos unas ilusas. Cuando defendemos algo nos llaman desquiciadas. Cuando somos demasiado buenas, es que hay algo malo en nosotras. Y si nos enfadamos somos unas histéricas, irracionales o tan solo locas. Pero una mujer corriendo una maratón era una loca, una mujer boxeando era una loca, una mujer metiendo una canasta era una loca. Ser la entrenadora de un equipo de la NBA, una locura. Una mujer que compitiera con un hiyab, o que cambiara su deporte, o que ganara 23 Grand Slams, tener un bebé y después volver a por más… una loca tras otra. Así que si alguien quiere llamarte loca: está bien, muéstrales lo que la locura puede hacer. Es solo una locura hasta que lo haces: 'Just do it'". El anuncio fue un éxito y resultaba inspirador, pero resulta que la gran locura no era ser la más veloz corriendo los 100 metros, sino quedarse embarazada si tenías un contrato con Nike porque inmediatamente te renovaban a la baja.

La atleta Alysia Montaño, también olímpica, fue la primera en denunciarlo en 'The New York Times' con el siguiente titular: "Nike me dijo que tuviera sueños locos hasta que quise un bebé". A Montaño se le unió la también atleta Kara Goucher y Allyson Felix decidió seguir su ejemplo. "Las atletas sentimos demasiado miedo de decir públicamente que si tenemos hijos corremos el riesgo de que nuestros patrocinadores nos recorten el salario durante nuestro embarazo y después. Es un claro ejemplo de una industria deportiva donde las reglas están hechas mayoritariamente por hombres", denunció Felix. Después de saber que se había quedado embarazada, Nike le ofreció un contrato un 70% inferior al anterior. "Si eso es lo que creen que valgo, acepto", les dijo, pero puso una condición: pidió garantías de que no sería penalizada si rendía por debajo de su nivel en los meses anteriores y posteriores al parto. La respuesta fue negativa y ella se fue. "Si yo, una de las atletas más comercializadas de Nike, no pude conseguir esas protecciones, ¿quién podría?", se preguntaba al final del artículo.

El revuelo ante la contundencia y el valor de Felix, una de las deportistas más queridas, fue tal que llegó hasta el Congreso de Estados Unidos, donde dos legisladores pidieron al director ejecutivo de la marca que aclarara su posición respecto a la política claramente discriminatoria de la empresa. En agosto, por fin, Nike contestó a Allyson Felix: "Si la atleta queda embarazada, Nike no puede aplicar ninguna reducción relacionada con el rendimiento (si se diera el caso) por un período consecutivo de año y medio, comenzando ocho meses antes de la fecha del parto. Durante dicho período, Nike no puede rescindir ningún contrato si la atleta no compite debido al embarazo". Felix la publicó en sus redes sociales comenzando por la frase "nuestras voces son poderosas" y terminando con un reto: "¿Quién es el próximo?". Un mes después desbancó a Usain Bolt ganando su duodécima medalla de oro en un Mundial y ahora se prepara para clasificarse para Tokio 2020, sus quintos Juegos Olímpicos.

La batalla del cuerpo

Poner el acento en el patrocinio no es una anécdota. Para las deportistas suele ser su principal sustento y en España, por ejemplo, tienen que conformarse con el 0,4% del dinero que destinan las marcas. Pero no es una cuestión nacional, sino global. En la última lista Forbes, para encontrar una mujer entre los deportistas que más ingresos hay que irse hasta el puesto 63º, donde aparece Serena Williams, la única entre 100. Y quedarse embarazada sigue siendo un problema también global para ellas, no solo en el sentido económico, sino que además aguantan las críticas faltonas plenas de desconocimiento, prejuicios y condescendencia.

Coincidí en TV3 hace un par de semanas con dos atletas profesionales: Elena Congost (campeona de maratón paralímpica en Río) y Anna Comet (corredora de larga distancia). Y ambas denunciaron lo que tuvieron que escuchar cuando, estando embarazadas, seguían entrenándose. Asesoradas por médicos y fisioterapeutas, siendo totalmente conscientes de los límites y de lo beneficioso que era para ellas y sus futuros hijos, tuvieron que oír lo siguiente: "Estás loca, harás daño al bebé, eres una mala madre". Congost, que tres meses después de dar a luz a su segunda hija ya está preparándose para los próximos Juegos, reconoció que con el primer embarazo no se entrenó porque incluso ella misma, siendo atleta profesional, creyó que era peligroso. Comet relataba cómo tomó la decisión de hacer oídos sordos a los comentarios sobre su negligencia y lo mucho que le costó. Hoy, ahora, en el 2020, sigue siendo un tabú la práctica deportiva mientras se está embarazada.

La batalla por ser dueñas de sus cuerpos no se limita a las deportistas embarazadas. La mayoría de medios de comunicación, en sus ediciones web, continúan utilizando a mujeres como reclamo. La cosificación está a la vista y la excusa es 'la novia de' o 'la hermana de', o cualquiera que esté vagamente relacionada con un deportista, enseñando carne. Se ha evolucionado, claro que sí, y los periódicos prestan más atención a los logros femeninos, pero esto no debe ser considerado como un favor, sino como un acto de justicia. En los dos últimos Juegos Olímpicos ellas han ganado más medallas que ellos, así que obviarlas era imposible y ahí están los éxitos de los equipos de waterpolo y baloncesto. Otra cosa es el seguimiento, la visibilidad del deporte femenino, que sigue siendo una asignatura pendiente. Según un estudio realizado el año pasado por la Universidad Carlos III de Madrid, tan solo el 5% del espacio de la prensa deportiva está dedicada a las mujeres. Y aquí volvemos al dinero, porque "cuando no hay repercusión ni visibilidad, los patrocinadores no quieren patrocinar a las mujeres. Se gastan el dinero en los que salen: ellos", sentenciaban desde la Asociación para Mujeres en el Deporte Profesional.

La voz de las futbolistas

El 19 de febrero se firmó, por fin, el primer convenio colectivo del fútbol femenino. Después de más de un año de negociaciones, una huelga y nada menos que 31 reuniones. Y todo para pedir lo básico: un salario mínimo de 16.000 euros y unas condiciones laborales reconocidas. Rehenes de la guerra entre la RFEF, LaLiga y los derechos televisivos y con la incomprensión además incluso desde algunos medios de comunicación. José Ramón de la Morena, por ejemplo, llegó a decir en 'Onda Cero' lo siguiente: "Con la huelga solo se hacen daño ellas, porque no perjudican a nadie más que a ellas. No perjudican a la quiniela, ni a la televisión, ni a una gran masa de aficionados, que aún no tienen. En definitiva, y puede sonar duro: les importa un bledo que paren".

El silencio de sus colegas masculinos fue escandaloso. Entre las grandes estrellas apenas recibieron apoyo públicamente ya no en una declaración ante una cámara, sino que ni siquiera movieron un dedo, o varios, para darles ánimos a través de sus redes sociales con millones de seguidores. El futbolista del Barça Antoine Griezmann fue la excepción.

Firma del primer convenio colectivo de la liga femenina de fútbol.

La portera del Athletic Club, Ainhoa Tirapu, ejerció de portavoz de las jugadoras y el día, histórico, en el que se firmó por fin el convenio, su discurso fue dirigido hacia las compañeras que, pese a todo, habían aguantado y luchado juntas: "Durante estos meses me han dicho que era muy valiente. Más valentía han mostrado jugadoras que, en situaciones mucho más precarias, en condiciones menos dignas, se han unido y de la mano de sus compañeras han luchado. Estoy orgullosa de la unidad que ha mostrado el colectivo. Es un día de celebración, pero me queda la espinita de no haber podido llegar a un acuerdo antes. Me gustaría disculparme con todas aquellas que durante este tiempo hayan sufrido esa desigualdad laboral, que se han lesionado y no han tenido un salario digno, que han perdido cotización en el camino, que en definitiva han visto mermados sus derechos laborales por no haberse firmado antes el convenio".

Que se firmara el convenio ha sido un gran triunfo colectivo de unas futbolistas que reclamaban justicia y que se mantuvieron unidas peleando por lo que era suyo: ser consideradas como profesionales. A falta de la tan esperada y siempre postergada nueva Ley del Deporte (la vigente, de 1990, discrimina a las mujeres por el simple hecho de serlo, ya que no son consideradas como deportistas profesionales, así que los contratos no son laborales, sino mercantiles), con poca visibilidad y sin el apoyo unánime, sin fisuras, de los medios de comunicación, son las propias deportistas las que han comprendido que juntas son más fuertes, que sus voces son poderosas y que se merecen ser escuchadas.

Tribuna
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