A Setién le falta señorío y gratitud si lleva al Barcelona a los tribunales

Quique Setién tiene derecho a pedir todo el finiquito. Lo que no parece correcto es emprender acciones legales cuando le 'regalaron' entrenar al Barcelona y lo hundió

Foto: Quique Setién durante un partido de la Champions con el Barcelona. (Efe)
Quique Setién durante un partido de la Champions con el Barcelona. (Efe)

Josep María Bartomeu ha despedido mal y tarde a Quique Setién. Lo que no ha hecho es destrozarlo o ser un desagradecido como sí está siendo Setién con el todavía presidente del Barça. Desde el punto de vista legal tiene argumentos para pedir la liquidación total de un contrato que acaba en 2022, aunque en 2021 se podía extinguir porque así quedó escrito en una cláusula. Dependía de si el nuevo presidente del Barcelona contaba o no con el cántabro. El finiquito que le queda por cobrar a Setién es de seis millones de euros brutos. Esto más los 3,5 millones de euros por los siete meses que estuvo en el banquillo culé, si es que no le han pagado todo en este tiempo.

La cuestión no es que Setién tenga el derecho a cobrar lo que firmó sino si debería haber renunciado de forma voluntaria a su cargo un minuto después de la goleada contra el Bayern de Múnich. Es el entrenador que ha sufrido el mayor golpe en la historia del Barcelona y que, en la sala de prensa de Lisboa, hizo poca autocrítica y se limitó a decir que era una derrota dolorosa. Nada más. Un mes después y con Bartomeu en la lona reaparece de la manera más dura, vía comunicado, para decir que emprende acciones legales contra el Barcelona por incumplimiento de contrato.

Bartomeu conversa con Setién. (Efe)
Bartomeu conversa con Setién. (Efe)

En este momento uno se acuerda de cómo se fueron Pep Guardiola y Luis Enrique del Barcelona. Con contrato y la honestidad de haber dado todo lo que tenían. Ninguno se aferró al banquillo. Estaban desgastados. Pero de ganar. Seguro que a Setién lo primero que se le vino a la cabeza con el 2-8 fue que le iban a despedir porque no había manera de defender el trabajo que había hecho en los 217 días que estuvo en el banquillo. Empezó la Liga como líder tras el confinamiento y la perdió. Fue protagonistas de escenas que mostraban el poco liderazgo con la plantilla cuando se le veía ausente en las pausas de hidratación de los partidos. Eder Sarabia, su segundo, con mando en plaza estropeó más al equipo.

Dejó ardiendo el Barça

De los sitios hay que saber irse cuando uno entiende que no ha estado a la altura y todavía es más importante ser agradecido a quien te ha dado la oportunidad. ¿Cuándo creyó Setién que algún día iba a entrenar al Barcelona? Él mismo se asombró en el día de su presentación y reconoció que pasó de estar viendo pastar a las vacas a entrenar a Leo Messi. Su llegada, a mediados de enero, fue una apuesta arriesgada de Bartomeu en un momento de conflictos internos en el club. Su salida no se corresponde con la confianza que le dio Bartomeu. Por muchas razones legales que tenga le ha faltado algo de sensibilidad para no emitir un comunicado en un Barcelona en llamas. El día que se presentan los votos de una moción de censura para echar a Bartomeu aparece la amenaza de Setién de llevar al Barcelona a los tribunales.

Del Barcelona pidió salir hasta Piqué (que habló de vergüenza) si el club consideraba que había que hacer cambios profundos tras la tragedia de Lisboa. Leo Messi quiso cerrar su etapa y buscar nuevos desafíos. Pero Setién se calló y esperó a que le echaran para cobrar el finiquito que le corresponde. No todo en la vida se puede medir por el dinero. Quique Setién habría quedado como un señor si se hubiese marchado por su propio pie y le hubiera dado las gracias a Bartomeu. No lo hizo e incendia más un Barcelona que él también dejó ardiendo.

A Setién le tocó la lotería a los 61 años con la llamada de Bartomeu para que se hiciera cargo del Barcelona. Estaba entusiasmado e hizo todo tipo de promesas que también han sido incumplidas. "El fútbol que tanto amo me regala esta vez un día de Champions lleno de pasión en un escenario mágico como San Paolo", escribió en un tuit con una fotografía el día de su debut como entrenador en la máxima competición europea. Cada vez que se sentaba en el banquillo del Barcelona era un regalo. En Nápoles hizo un partido mediocre (empate a uno), como en el Clásico del Bernabéu (derrota) y la humillación en Lisboa. Tiene derecho a pedir todo el finiquito. Lo que no parece correcto es emprender acciones legales.

Tribuna
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