Carta a Carlos Matallanas: gracias por tu espejo
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Víctor García

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Carta a Carlos Matallanas: gracias por tu espejo

Carlos era y es un ejemplo de lucha y un abanderado de prohibir los ‘minutos de la basura’ en la vida. Para mí era y es un referente de lealtad y fidelidad a unos principios

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Carlos Matallanas, en la imagen que preside El Confidencial desde que se marchó

“Vamos, que a los 40 no llego...”. Y comenzó a reírse. Era julio de 2014, Madrid, en la ya desaparecida ‘Taverna del Ferrocarril’ (sí, con ‘v’). Me había citado allí a solas y así terminó su explicación de que tenía una enfermedad llamada ELA y cómo iba a afectarle para el resto de su vida. Llevaba un año de análisis, pruebas y médicos para saber por qué había comenzado a perder el habla tras una visita al dentista. Por aquel entonces, la ELA era algo muy desconocido en España. Hoy es diferente, entre otras muchas cosas, por la lucha de Carlos Matallanas. Sé que esto no le gustaría demasiado que lo dijera, pero es así, Carlos. Tú y tu familia habéis ayudado mucho a sacar de la oscuridad a la ELA para decir que existe y que se lleva por delante a 1.000 españoles cada año. Y este, es el primer gran paso para que se dediquen grandes fondos para su investigación.

Desde que me diste la noticia he pasado por varias fases. Seguro que tú ya sabías cómo iba a reaccionar. Siempre lo tenías todo bajo control, ya estuvieras en plenitud de condiciones físicas, sin habla o tetrapléjico en una cama. Al tiempo me contaste -sin detallar- las diferentes reacciones que tu entorno habíamos tenido con la trágica noticia, según la personalidad de cada uno. Nadie está preparado para que alguien te diga a la cara que le queda poco de vida. Así que respetaste siempre cada reacción mientras tú ya planificabas tu nueva vida, los obstáculos que ibas a tener que saltar, etc. Lo dijiste muchas veces, habías elegido vivir hasta que el árbitro pitara. Y, la verdad, es que ahora mismo se junta el dolor de tu marcha con la satisfacción de todos los minutos extra que has seguido jugando. Y siempre dando el 100%, sin tirar la toalla ni bajar la cabeza. Así hasta el final. Olé.

Foto:  Opinión

En este tiempo de enfermo has recibido la Medalla de bronce a la Real Orden del Mérito Deportivo, has publicado un libro titulado ‘Mi batalla contra la ELA’ y acabas de hacer lo propio con otro llamado ‘La vida es un juego. Estrategia para Mario y Blanca’, que es la hostia. Es el mejor regalo que has podido dar no solo a tus sobrinos, sino a tantos peques (y no tan peques) de una sociedad que debería agarrar más veces los valores y principios para tomar decisiones. Cabrón, en estos siete años, además, has sido analista y parte del cuerpo técnico de dos equipos de Segunda División, como son el Fuenlabrada y el Alcorcón, te han colocado un premio de literatura -convocado por la AFE- que lleva tu nombre, has ganado un premio de la Asociación Internacional de Periodismo Deportivo a la segunda Mejor Columna del año 2019 por tu ‘Carta a Rafael Nadal’… Has dejado el listón tan alto, nos has regalado tantas alegrías en tan poco tiempo, que se me hace difícil acordarme de ti por una cosa que no sea buena o positiva. Muchas gracias.

Me considero un afortunado

Llevo concienciado desde hace bastantes años que, tarde o temprano, seguramente me tocaría escribir un artículo de este tipo, pero no quería prestar mucha atención y me daba entre vértigo, miedo y mucho respeto (porque nada de lo que ponga este texto va a estar a su altura, a la de su familia, sus amigos…). También he llegado a pensar que, coño cómo pelea, yo creo que me voy antes yo que él… En cualquier caso, ahora, mientras lidio con el dolor, me considero un afortunado por poder expresarme así y enviarte en público -sabiendo que no te gusta- un personal ‘prometo estarte agradecido’.

Quien te ha conocido sabe de lo que hablo y que no exagero. Soy mejor persona, mejor deportista y he sido mejor periodista por tu influencia en mí. Veo la vida de manera más alegre, despreocupada -aunque tomándomela más en serio-, por tu culpa. Y sé que al leer esto tendrás al mismo tiempo una sonrisilla en tu cara y un pensamiento de por qué digo esto en voz alta. Prometo no abrir mi corazón mucho y dejar cerrada para ocasiones especiales la caja de las anécdotas.

Me he animado a abrirme sabiendo que tú también has abierto al público uno de tus mayores tesoros: tu infinito almacén de valores de donde parte cada paso con el que has afrontado la vida. Hasta entonces habías dejado entrar solo a tus seres queridos y cercanos, pero ahora has dado la llave para que pase y aprenda todo aquel que lea tu libro. Has dejado claro el porqué no todo vale y en qué se debería fundamentar la toma de decisiones que cada individuo hacemos en la vida. Por lo pronto, tu libro no irá a mi salón ni a mi habitación, sino a la estantería del recién llegado, Erik (se nos ha quedado pendiente esa presentación en persona).

Foto: Investigadores internacionales encuentran un gen que protege frente a la muerte celular en pacientes con ELA y AME. (Unsplash) Opinión

Porque sí, Carlos era y es un ejemplo de lucha y un abanderado de prohibir los ‘minutos de la basura’ en la vida, pero más que eso, para mí era y es un referente de lealtad y fidelidad a unos principios y una educación (made in Andrés y Maribel). A partir de aquí, desde este punto de partida tan sólido y primitivo, tomaba cada decisión en la vida. Era y es genuino, coherente, honesto… Ojalá Mario, ‘Blanca’, Diego, Erik y un largo etcétera de futuras personas también entren y salgan constantemente de su propio almacén de valores a la hora de tomar cada decisión en su vida. Y ojalá dicho almacén se parezca al tuyo, Carlos.

Suena extraño, pero era ahora, en 2021, 14 años después de nuestro primer encuentro en la redacción de El Confidencial (aquel garaje de la carretera de la Playa...), cuando íbamos a juntar todavía más nuestros caminos en busca de varios retos mayúsculos. Todos divertidos y emocionantes. Se quedan en el tintero, aunque has dejado la pluma y tinta suficiente como para que nosotros continuemos escribiendo. Espero que lo hagamos bien.

Cómo no, al final tenías razón con eso de que “no voy a llegar a los 40”. Por 40 días te has librado de que te dijera que estabas equivocado. Aunque, en el fondo, no es así, Charly. Nos has regalado tantas cosas, tantos minutos extra, tanto carrete por delante que el próximo 18 de abril no nos dejas otra que celebrar tus cuarenta palos. Has sembrado motivos suficientes como para brindar con ‘mata-osos’ cada día de nuestra vida.

Muchas gracias por el espejo que me has regalado para el resto de mi vida. Tu cariño, consejos y amigos que me dejas para siempre. Te voy a echar mucho de menos.

Víctor.

ELA Carlos Matallanas Fuenlabrada