Nuevo pulso entre Fainé y Brufau en las mesas nobles por el derecho a decidir

Mientras Cataluña es invadida un día si y otro también por las soberanas estupideces de los políticos de cualquiera de los rebaños que comandan, en Barcelona

Mientras Cataluña es invadida un día si y otro también por las soberanas estupideces de los políticos de cualquiera de los rebaños que comandan, en Barcelona se dirime otra guerra más silenciosa en la élite del empresariado, que tendrá consecuencias en el tejido corporativo de España, en la composición de la burguesa del poder.

La última batalla ha tenido lugar hace dos semanas en el consejo de administración de Gas Natural, en el que Isidro Fainé, representante del 35% del capital que posee La Caixa, y Antonio Brufau, el apoderado del 30% en manos de Repsol, no tuvieron ningún problema en escenificar sus desavenencias. Ocurrió a finales de septiembre que el presidente de Gas Natural, Salvador Gabarró, propuso acudir a un concurso de cientos de millones convocado por Argentina para el suministro de gas mediante cargamentos marítimos.

El último consejo de Gas Natural escenifica las pésimas relaciones entre el presidente de Caixabank y de Repsol, los cuáles se tienen que poner de acuerdo por una operación de 5.000 millones Un potencial contrato que se sumaría al que la empresa con sede en Barcelona ya ganó a finales de 2012, cuando consiguió que el Gobierno de la enferma Cristina Fernández de Kirchner le adjudicase un acuerdo de 1.200 millones de euros por el abastecimiento de gas natural licuado. Aquella alianza entre Gas Natural y Argentina provocó sarpullidos en la curtida piel de Brufau, que interpretó la firma como una afrenta personal. Cómo era posible que una empresa de la que la petrolera controla un 30% pudiera hacer negocios con un país que le había confiscado a las bravas un activo como el de YPF, valorado en 10.500 millones de euros. Una reacción lógica que Rafael Villaseca, el consejero delegado de la gasista, rebatía con el diplomático argumento de que trabaja para todos los accionistas.

El mismo mantra con el que Brufau despachó la propuesta que La Caixa y Pemex presentaron en el consejo de administración de Repsol antes del verano para solucionar el conflicto con YPF y el Gobierno argentino. El economista leridano obligó a retratarse a todas las partes en el órgano de gobierno para echar abajo una iniciativa que había surgido de Fainé sin su consentimiento. “Yo defiendo el interés de todos los accionistas, no solo de algunos”, destiló el de Mollerusa, que ya le había doblado la mano al veterano banquero en varias ocasiones con motivo de las escaramuzas con Sacyr y Pemex por quitarle el sillón presidencial. Victorias por unanimidad.

Lo cierto es que a finales de septiembre Gabarró, con el beneplácito de don Isidro, le echó otro pulso a Brufau, que exigió una votación para autorizar o no a Gas Natural a concurrir a ese macrocontrato en Argentina. El resultado fue abultado, como si hubiera sido un partido de rugby, deporte muy practicado en Buenos Aires, más que de fútbol: 13-4. Los consejeros afines a La Caixa, incluidos los independientes, como Felipe González, respaldaron no dejar pasar la oportunidad de firmar un nuevo contrato con la República de los poco fiables Kirchner. Los cuatro nombrados por Repsol se opusieron. el propio Brufau, Nemesio Fernández Cuesta, su mano derecha operativo en la petrolera; Demetrio Carceller, acusado de un millonario fraude fiscal, y Luis Suárez de Lezo, el protector de los secretos más íntimos de la petrolera.

La goleada del banquero al petrolero fue similar a la que Brufau le endesó a Fainé antes del verano, unas humillaciones que suelen venir acompañadas de unas crueles venganzasUnas goleadas, tanto cuando se juega en la nueva sede de Repsol, como cuando el partido es en Barcelona, en las que los ganadores no tienen  ningún problema en hacer una demostración de fortaleza, en humillar al enemigo. Ambos exigen que se imponga el derecho a decidir en los consejos de administración en lugar de pelearse en las plazas públicas, ahora que La Vanguardia ha entrado en escena. Una ofensa que en los círculos del poder suele venir acompañada, llegado el momento, de la consiguiente venganza, limpia, educada, pero no menos cruel.

Fainé, que no cuenta con el necesario apoyo del Gobierno para darle el jaque mate –solo de algunos ministros-, aguarda su momento, a sabiendas que se enfrenta a su propia contrarreloj, la que le impone la nueva ley de cajas, que le podría obligar a dejar la presidencia de Caixabank. Por su parte, Brufau, a quien La Caixa puso a dedo en la presidencia de Repsol años atrás, está dispuesto a dar batalla hasta las últimas consecuencias contra los que le designaron.

Una borrasca que arrecia en mal momento cuando ambas partes se tienen que poner de acuerdo para vender el 30% de Gas Natural en manos de la petrolera en las próximas semanas. Una operación de más de 5.000 millones de euros que cambiará el paisaje accionarial de la multinacional catalana y de los futuros socios financieros y/o energéticos de España. Porque no lo es lo mismo aliarse con una francesa o una argelina que con un fondo chino y otro de Singapur, los únicos dos candidatos reales que, sin embargo, no están dispuestos a pagar la millonaria prima que le pide Repsol.

En resumen, horas decisivas para el mapa corporativo español, que debería ser protegido para evitar otro caso Endesa, la eléctrica que pudo haber sido de Gas Natural e incluso de Iberdrola y que ahora gobiernan desde Roma unos italianos que se sienten engañados por Moncloa y que han desnudado a la antigua joya de la corona.

Sean felices, especialmente ahora que los salarios, según Montoro, no bajan, crecen moderadamente. 

A Corazón Abierto
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