El de las tragaperras que tiraba 50.000 euros al día en la ruleta

La familia Martínez Sampedro, exdueños de Codere, es el fiel ejemplo de unos empresarios engreídos que se niegan a reconocer que han perdido hasta las cartas.

Los coletazos de la crisis financiera que aún nos azota siguen cobrándose víctimas en forma de empresas que un día fueron referentes en su sector. Compañías líderes que por una mala gestión de sus directivos han caído a los infiernos de los concursos de acreedores o en manos de sus deuddores. La última ha sido Codere, una sociedad desconocida por el nombre para muchos, pero muy usada por mucha gente que cualquier día ha decidido jugarse a limones y piñas la calderilla que le sobraba en el bar después de tomarse una cerveza. Esas máquinas tragaperras son, en su mayoría, propiedad de esta compañía con sede en Alcobendas, propiedad hasta hace 72 horas de la familia Martínez Sampedro, unos inquilinos de la lujosa Moraleja.

José Antonio es líder de esta saga que ha exportado su conocimiento de la industria de los casinos a Argentina, México, Uruguay e Italia con gran éxito. Su grupo llegó a valer más de 1.300 millones de euros cuando salió a bolsa. Una excelente noticia para la economía española porque una compañía dedicada al oscurantista negocio del juego, vinculado siempre al delito y las mafias, hacía un ejercicio de transparencia.

Pero su ignorancia de los mercados de capitales le ha llevado a perder el imperio, ahora en manos de unos inversores institucionales que le prestaron dinero para conquistar los mercados exteriores y a los que este señor se ha negado a pagarles durante los últimos 16 meses. Se quería seguir quedando con la ruleta, pero sin pagar las deudas, o pagándolas cuando le viniera bien. España en su máxima expresión.

Los dueños de Codere, la mayor empresa de juego de España, han sido ejecutados por los acreedores después de dilapidar miles de euros en asesores contra el interés de los accionistas, con el único objetivo de defender su cortijoSu soberbia y su altivez le llevaron a amenazar a todos los bancos a los que le debía dinero, incluido BBVA y Banco Santander, a los que acusó de haberle dejado tirado en manos de los fondos buitres. Unos inversores que olieron la sangre en junio del pasado año cuando se acercaba el vencimiento de un pago de 130 millones y la empresa no tenía caja ni para abonar la mitad. Los dos grandes bancos españoles sabían que no iban a cobrar la pupa y decidieron traspasarle el riesgo a estos fondos que sacan mucha tajada de situaciones de extremo peligro.

José Antonio Martínez Sampedro no dudó en gastarse el dinero que no tenía, contra los intereses de los accionistas minoritarios, para vociferar todo tipo de improperios sobre estos fondos que le renovaron varias líneas de crédito para que la empresa no tuviera que echar el cierre a los casinos. Contrató a una de las mejores y más caras empresas de comunicación y pidió ayuda a Pío Cabanillas, el hijo del exministro que aprendió del padre a ser de izquierdas y de derechas sin el más mínimo rubor. Su única ideología es el clin, clin del dinero. El progre pijo del flequillo, que fue consejero de Codere durante seis meses en 2008, con una dimisión nunca explicada, combinó su labor como alto directivo de Acciona con la de guardaespaldas de los Sampedro. Con escaso éxito, como su labor con los Entrecanales, que entre el escándalo de la mordida pagada para hacerse con unas obras en Zaragoza y la estampida de su gestor estrella de Bestinver no ganan para sustos.

El líder de la dinastía tiró de las pocas perras que había en la caja para contratar a un banco de inversión americano, Perella Weinberg, a la polémica Violy de Harper, la ex de Mario Conde en Banesto, y a una de las mayores firmas de abogados del mundo, Clifford Chance. La factura que estos asesores le han pasado en estos 16 meses de batalla contra los bonistas ronda los 20 millones de euros, 7,6 millones de euros al semestre, según las cuentas oficiales de la compañía. O lo que es lo mismo, algo más de 50.000 euros desperdiciados al día para finalmente aceptar la propuesta de rescate de Codere que le presentaron los acreedores en enero y a la que Sampedro respondió con amenazas de querellas. Se negaron a reconocer que habían perdido la partida. Estaban desplumados.

José Antonio, el engreido doberman de la familia, amenazó con la ayuda de Pio Cabanillas al Santander, a BBVA y a todo el que olía la sangre pese a haber llevado a la compañía a una quiebra inevitableSu arrogancia fue tal que, además de insultar a todo aquel que no le compraba su mensaje, consiguió convencer a los sindicatos para que se sumaran a su cruzada. Un apoyo de los que huelen a azufre porque el presidente estaba fusilando cada mañana a empleados a granel hasta sumar 4.000 bajas. Los sindicalistas respaldando al señorito que estaba echando a la calle a sus propios compañeros al tiempo que el consejo de administración condonaba préstamos a sus directivos afines, incluidos dos hermanos, a los que les financió la compra de acciones sin poner un euro de su bolsillo.

Como no podía ser de otra manera, la fuerza de los hechos se ha impuesto y Codere, una gran empresa mal gestionada que llegó a tener un beneficio operativo de 300 millones en sus buenos tiempos, ha pasado a manos de los acreedores. Los Sampedro, que tenían el 70% del capital, se han quedado con apenas el 1% tras la ejecución de la deuda. La empresa se ha salvado para el bien de sus trabajadores, mientras la fortuna de la familia se la ha quedado el crupier. Los caciques pasan a ser ahora meros empleados.

Una foto lúgubre que otros célebres del reino que pasaron por un trance similar –los Del Pino en Ferrovial, Florentino Pérez en ACS o Manuel Manrique en Sacyr- han conseguido superar corrigiendo sus errores con más discreción y algún que otro trato de favor de los bancos de la patria. Que se lo digan a los Koplowitz, que llevan años con la cuenta al descubierto y viviendo rodeadas de obras de arte en su domicilio/museo del Paseo de la Habana. Cualquier pyme de polígono arrabalero hubiera sido ejecutada tiempo atrás. Aún hay clases, Pablo Iglesisas. Una contradicción más de economía repleta de muchas empresas y pocos empresarios buenos. Mucho apellido y escaso talento pese a tanto máster en american univeritys. Panrico, San José, Pescanova, Coronel Tapioca, Supersol, USP Hospitales y Telepizza son otros casos similares.

Sean felices.

A Corazón Abierto
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