TRIBUNA LIBRE

El 'corner' de Porsche y el gol de Zarra

Preguntarán ustedes a que viene la comparación. Pues que mientras el gol de Zarra, a pase de Gainza, fue limpio, grandioso, espectacular, genial, el corner de

Preguntarán ustedes a que viene la comparación. Pues que mientras el gol de Zarra, a pase de Gainza, fue limpio, grandioso, espectacular, genial, el corner de Porsche sobre la Volkswagen ha sido limpio, grandioso, espectacular, genial, y... aberrante.

 

En las postrimerías del siglo XIX era muy normal encajar un corner por parte de los pequeños y no tan pequeños inversores del salvaje Far West, también llamado Wall Street. Estos corner no tenían nada que ver con el futbol, aunque el vocablo era tan conocido entonces entre el mundo financiero como lo es hoy entre los aficionados, aunque por diferentes motivos.

 

Un corner era una acumulación de acciones de una determinada compañía por parte de un sindicato montado al efecto que, con la ayuda de campañas mediáticas de las de entonces, muy bien orquestadas, calentaban la acción de tal forma que muchos especuladores, pequeños y grandes, se acababan poniendo cortos, es decir, vendiendo acciones que no tenían pues pensaban que estaban sobrevaloradas, para comprarlas posteriormente. Llegaba un momento en que el sindicato comprador había adquirido la mayoría de los títulos de la compañía objetivo de tal forma que era mayor el número de acciones vendidas que la cantidad de acciones disponibles en el mercado. Esta escasez hacía que su valor en bolsa subiese estratosféricamente y que los especuladores a la baja tuviesen que cerrar precipitadamente sus posiciones al precio marcado por el sindicato, con ganancias fabulosas. Era su culminación.

 

Fue épico el corner de la Northern Pacific, causa del pánico financiero de 1901, en el que estuvieron involucrados famosos financieros como J.P. Morgan, el que dio nombre al banco, presente en todas las salsas de la época, o un miembro de la saga Vanderbilt entre otros muchos. La operación comenzó el 1 de abril de 1901. Las acciones cotizaban a 96 dólares. Habían fluctuado entre 77,5 y 96 dólares los tres meses precedentes. El 1 de mayo cotizaban a 115 dólares. El martes 7 de mayo por la tarde el sindicato ya tenía en su poder prácticamente todas las acciones del ferrocarril. El jueves 9 de mayo fue el día clave. Por la mañana temprano había muchos short sellers que necesitaban cubrir sus posiciones. Los pocos títulos disponibles se intercambiaban a 320 dólares. Horas más tarde el precio era de 700 dólares. A las 12:00 se ofrecían 1.000 dólares por ellos pero no había oferta. Sus dueños no querían vender. Se desató el pánico. Un especulador se enteró de que quedaban algunas acciones en la ciudad de Buffalo y alquiló un tren especial para llegar el primero, conseguirlas aunque fuese a precios astronómicos, y llevarlas a Nueva York (a Internet le faltaban todavía unos años). Comenzaron las quiebras, los suicidios. Samuel Bolts Jr. un hombre de negocios que se acababa de arruinar, murió tirándose a un recipiente lleno de cerveza caliente. Por la tarde el sindicato comprador se vio obligado a vender algunas acciones. Ese día cerró la acción a 325 $. Al final el sindicato tuvo que prestar títulos para evitar un colapso financiero. Pero el trabajo estaba hecho. Y las ganancias, fabulosas.

 

El corner de la Porsche (llamémosle el sindicato) sobre la Volkswagen del mes pasado ha seguido escrupulosamente el mismo esquema. El pasado lunes 27 de Octubre sus acciones cotizaban a 210 euros. El martes cerraron a 945 euros con puntas de 1.005 euros. El miércoles Porsche anunciaba que vendía un 5 % del capital que tenía en derivados para evitar el estrangulamiento. Por supuesto a precios de mercado. La acción de Volkswagen acabó cayendo un 45 %. Había que volver a la normalidad. Nadie se ha tirado esta vez a un barril de cerveza caliente. Pero el trabajo estaba hecho. Y las ganancias, fabulosas.

 

Las acciones de la Northern Pacific se compraron con dinero contante y sonante proporcionado por los miembros del sindicato, la flor y nata de las finanzas neoyorquinas de la época. En el caso de la Volkswagen, cerca del 31,5% de su capital estaba comprado mediante contratos de derivados, esas armas de destrucción masiva de las que habla Warren Buffet, y que en este caso se han utilizado de forma magistral. Quien las tuviera hace un siglo.

 

En el año 1901 no había ninguna supervisión financiera en los EEUU. La SEC no se creó hasta el año 1934. Tales sindicatos y prácticas fueron posteriormente prohibidos. Mientras tanto el BaFin, supervisor del mercado bursátil alemán en el año 2008, en Babia (León, España). No solo estas prácticas (de aprendiz de especulador, están en todos los manuales, aunque uno pensaba que se describían como reliquias del pasado) no están prohibidas en Alemania, país serio donde los haya, faro y guía del Banco Central Europeo, sino que el regulador parece haber sido el último en enterarse de la jugada. Vamos, que su nivel de supervisión ha sido el mismo que el que había en la bolsa americana de 1901.

 

El mismo episodio que provocó un pánico financiero hace más de un siglo no ha sido más que un acontecimiento marginal aunque hilarante en la crisis que nos azota, una gota en un mar de caos financiero.

 

Esta crisis lo tiene todo. Rastreando a lo largo de la historia se pueden encontrar coincidencias con prácticamente todas las crisis pasadas, empezando por el episodio de los tulipanes, por no retroceder a las producidas por el oro español de América o del Imperio Romano, y acabando por la crisis de los 80, la japonesa de los 90 o la de las divisas asiáticas y quiebra del hedge fund LTCM.

 

En fin, se habla estos días de que el capitalismo ha muerto, de refundar el capitalismo. Creo que todo es mucho más sencillo ¿Por qué no refundamos el sentido común? ¿Y si comenzamos por contratar reguladores globales, a ser posible con un poco de seso y profesionalidad, a jubilar a los reguladores tribales protagonistas habituales en Europa de caciquismos locales, a contratar y formar banqueros juiciosos, a gestionar el sistema financiero de forma sensata, a darnos cuenta de una vez por todas que la pólvora se inventó hace mucho tiempo? ¿Tan difícil es recobrar la cordura?

 

*José María de la Viña Molleda es ingeniero Naval y M.B.A. por el I.E., además de profesor asociado de la Universidad Politécnica de Madrid.  

Apuntes de Enerconomía
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