El 'gechin' y la quiebra de Madoff

Cuando empecé a trabajar en esto del petróleo hace ya unos cuantos años, conocí a unos señores que en las grandes compañías petrolíferas se dedicaban al

Cuando empecé a trabajar en esto del petróleo hace ya unos cuantos años, conocí a unos señores que en las grandes compañías petrolíferas se dedicaban al “gechin”. Solían ser muy a menudo personas ya mayores, con mucha experiencia y sentido común, en definitiva los más sensatos de cada casa. Lo más alejado del ejecutivo estrella ¿Por qué? Porque podían causar a sus empresas estropicios irreparables.

 

El “gechin” se convirtió con los años en “hedging”, es decir cobertura con derivados. Luego se pusieron de moda los “hedge funds” y el glamour que hasta esta semana llevaban aparejados. Eran una tapadera para que su gestor pudiese hacer lo que le viniese en gana, amparado en un aura de sofisticación ya que pretendía haber inventado la pólvora y para ello no necesitaba control ninguno. Sin embargo no hacían más que utilizar las herramientas de cobertura con derivados, algo muy conocido pero utilizado de forma restringida hasta entonces, a lo bestia. Con perdón. Y como todo, se complicó, se masificó, aparecieron “hedge fund managers” como chinches al amparo de escandalosas remuneraciones, y se lió.

 

Con todo, los derivados no son malos, cumplen su función. Una buena cobertura con derivados, que es y sigue siendo fundamental para el desarrollo de la agricultura y otras muchas industrias, es algo muy viejo. Sin embargo, las apuestas incontroladas con derivados pueden tumbar cualquier mercado o entidad y crear una hecatombe si se utilizan de forma muy agresiva. Con los hedge funds los derivados se convirtieron en potenciales armas de destrucción masiva.

 

Volviendo a nuestra historia, los señores del “gechin”, los que no tienen Maserati en la puerta, aunque hacen lo mismo que los multimillonarios “hedge funds managers” siguen yendo a la oficina todos los días. Sin embargo son más humildes, cobran salarios normalitos, son concientes de sus limitaciones, en definitiva, saben que no saben nada. O eso dicen.

 

Pero la mayoría saben mucho. Los hay expertos en petróleo y productos petrolíferos, en divisas, materias primas o productos agrícolas. Suelen trabajar para compañías petroleras, agrícolas, aéreas, en general aquellas que necesitan aprovisionarse de materias primas cuyo precio puede variar notablemente en cortos espacios de tiempo. Son los que de verdad se conocen la complejidad de los activos que manejan, sus implicaciones, que el petróleo o gas es algo más que los papelitos que los “hedge fund managers” manejan, que se extrae, se refina, se almacena y transporta, se deteriora o se dilata. Que hay que venderlo. Todo un mundo.

 

Saben que al precio de un producto petrolífero le puede influir a corto plazo el accidente de una refinería, un huracán, un atasco en el Canal de Suez, una impertinencia de Chávez o una guerra cualquiera. Que obviamente las operaciones con derivados, o su exceso, influyen en la cotización a corto. Que es prácticamente imposible poner todos los factores juntos y ponderar como influyen en el precio. Por eso también se equivocan. Lo único que saben es que al final, y quitando todo ese ruido que produce una mayor volatilidad, la oferta y la demanda tienen que cuadrar y que los precios se reflejarán en ello. Casi nada. Como el petróleo es un bien necesario, continuando con el mismo producto, es casi lo último que se deja de consumir, un mínimo desfase entre la oferta y la demanda puede producir grandes variaciones en el precio. Véase este otoño.

 

Para hacerlo más difícil, cuando el mundo se regía mediante la economía libre de mercado, un buen analista, bien escaso hoy en día, ¿Dónde se han metido?, podía estimar el valor de una empresa mediante diferentes técnicas y luego ver si la cotización lo reflejaba. Sin embargo, ¿Cuál es el valor objetivo del petróleo? Ni idea.

 

Bueno perdón, claro que hay quien lo sabe, los listos, muchos “managers” de esos fondos exóticos. Luego pasa lo que pasa. Va alguno y quiebra. ¡Ay esa humildad!.

 

Asunto Madoff

 

Al grano, al asunto Madoff. Parece ser que lo que este señor decía que hacía era invertir y reducir la volatilidad a base de coberturas con derivados. Cualquier humilde trabajador del “gechin” le podrá decir que hacer coberturas con derivados tiene un coste. Cuanto más se cubra uno, menor rentabilidad obtendrá, habiendo casos en que puede llegar a ser incluso negativa. Que acertar siempre, incluso con coberturas, es imposible. Un 60 % de aciertos, es decir, poco más de la mitad de las decisiones, se puede considerar una buena gestión. Por eso hay que evitar que el otro 40 % de errores los lleven a la quiebra o a unas pérdidas inaceptables.

 

Puede llegar un momento que, de tanto cubrirse, de tanto reducir la volatilidad esperada, no haya forma de sacar rentabilidad al activo. En esos casos es preferible guardar el dinero en un depósito en el banco (si le garantizan a uno los depósitos) con lo que se ahorrarán las comisiones del fondo y el Maserati de su gestor. Eso sí, el inversor ya no podrá presumir en público, ya no está invertido en el exclusivo hedge fund de moda del Sr. Madoff.

 

Es por ello imposible, repito imposible, que nadie pueda dar rentabilidades entre el 8 y 12 % de forma continua a lo largo de los años con los tipos de interés de los últimos años, sin apenas meses malos y con una volatilidad mínima, tal como parece ser que decía que hacía el Sr. Madoff. ¿Uno que no se equivoca nunca? Eso se lo cree solo el gestor de un fondo de fondos de moda, de los que hacen “due dilligence”. Pero no alguien que conozca de verdad como funciona este negocio, que haya estado al pie del cañón y sufrido en sus carnes, del gremio del “gechin”.

 

Evidentemente que es posible, aunque difícil, disfrutar a largo plazo de rentabilidades medias más elevadas, incluso superiores al 15 %, como los generados por el conocido Warren Buffet de la empresa Berkshire & Hathaway y otros muchos. Pero lo consiguen a cambio de comprar barato y vender caro, de saber que habrá años buenos, años que no lo serán tanto y años malos. De saber que los mercados a veces son ineficientes, se podría escribir mucho sobre el tema. De no ser esclavos de la volatilidad. De ser conscientes de que también se equivocan. En definitiva de humildad y sentido común.

 

A lo largo de la historia financiera, cuando alguien ha sido considerado un genio, inequívocamente ha acabado sepultado en los infiernos de un buen escándalo y a veces, en la cárcel. Si alguien le dice a usted que un gestor financiero es un genio por favor, huya rápidamente. Si quieren otro día hacemos un repaso de los “genios” que reposan en las cloacas de la historia financiera y sus andanzas.

 

 

 

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