Se abre el telón

Después de mis primeros escarceos en El Confidencial, en vez de entregarme a los leones como sería lo normal, el amigo McCoy me ha pedido que colabore

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    Después de mis primeros escarceos en El Confidencial, en vez de entregarme a los leones como sería lo normal, el amigo McCoy me ha pedido que colabore algo más a menudo, a ser posible hablando de temas de energía y medio ambiente, por eso de que la cabra tira al monte. El sabrá lo que hace.

     

    La verdad es que es una gran responsabilidad. Implica hablar absolutamente de todo. La energía nos da la vida, ha sido la responsable de nuestros progresos recientes pero también es la clave de nuestro futuro como especie, del medio ambiente. Es hablar de transporte, de finanzas, de demografía y globalización, pero también de los problemas que causa. Es hablar de progreso pero también de miseria.

     

    Desde el momento en que la producción de cualquier tipo de energía es agresiva con el entorno, tanto las renovables como las que no lo son, en mayor o menor medida, intentaré dar a conocer en próximos artículos mi punto de vista, ser lo más riguroso posible en los planteamientos, didáctico, sin ninguna presunción, aunque a menudo la brevedad sea enemiga de la exactitud. Sean indulgentes. Intentaré no aburrirles. El día que lo haga haré un “mutis por el foro”, igual que he llegado. Intentaré ser regular, estar con ustedes una vez por semana, aunque sea difícil. Soy incapaz de contar cosas interesantes siempre. Escribo cuando me lo pide el cuerpo. Si me ven más mordaz e irónico de lo habitual es que estoy de mal humor. Intentaré ser lo más correcto posible, ensalzando a los amigos e ignorando a los que no lo son. Generaré polémica, eso espero y deseo.

     

    Ojala consiga convencer a nuestros lectores de que el bienestar futuro dependerá de las acciones presentes, de que debemos estudiar el tema desde todos los puntos de vista, que políticos y ecologistas deberán dejar en casa sus orejeras mentales, sus ideas preconcebidas, que deberán ser capaces de debatir abiertamente, escuchar a los que más saben, tomar decisiones valientes y, sobre todo, pensar en el futuro que le aguarda a nuestros (sus) hijos. Para ello deberán (deberemos) olvidarse del corto plazo, de las próximas elecciones, deberán tomar decisiones difíciles, impopulares (que con una educación adecuada no lo deberían ser tanto) y, por supuesto, deberán olvidarse de su ideología, suponiendo que eso exista hoy en día. Es decir, deberán tener algo tan caduco como el sentido de Estado, ponerse de acuerdo.

     

    Los ciudadanos, todos, deberíamos sentirnos ecologistas, palabra desgastada, muchos hablan de ella, pocos la practican. Ecología y energía es en definitiva lo mismo. El ecologismo es una actitud vital ante la vida, no una etiqueta. Va con la educación. Produce felicidad. Los auténticos ecologistas no son conscientes de serlo. Han sido así toda su vida. Muchos ecologistas que presumen de ello no lo son. Los auténticos cazadores paradójicamente lo son. Ecologismo es no hacer algo de lo que se tengan que arrepentir nuestros hijos, es no tirar papeles en la calle, por la ventanilla del coche, no dejar los deshechos del almuerzo en el campo, la bolsa de patatas vacía en la playa. Es imprimir por ambas caras, no tirar colillas al suelo, no comprar un adosado en un terreno ecológicamente sensible (recalificado por obra y gracias de nuestros ayuntamientos, en la playa o en la montaña, el agotado milagro de los panes y los peces). Es no ir con la moto, el quad o 4X4 por la montaña protegida y aunque no lo sea, haciendo un ruido indecente o marcando roderas por donde no deberían. Es no ir a tomar cervezas al bar de la esquina en coche, no aparcar en doble fila, no dejar los restos del botellón en el parque. Es gastar menos agua, eficientemente.

     

    Es ir andando en vez de en autobús, en autobús en vez de en coche. Es bajar uno o dos grados la calefacción en invierno y subirlos en verano, es respetar el campo, los animales, las plantas, la historia. Es utilizar la energía justa que necesitamos, responsablemente. Y si es posible, un poquito menos.

     

    La ecología es finalmente disfrutar de la naturaleza, de sus colores, olores, los beneficios que produce, su generosidad. Es respetarla, cuidarla.

     

    Hablar de energía es hablar de emisiones, de residuos, deforestación, lluvia ácida, de los pájaros, los animales, desgraciadamente a veces del chapapote. Pero también es hablar de progreso, de educación y cultura, de salvar vidas, producir alimentos, calentarnos, viajar, vivir. No podemos renunciar a ella sin embargo puede ser una de las causas de nuestra destrucción. La energía es finalmente urbanismo, esa disciplina ausente en España desde hace más de medio siglo.

     

    Es global. Los residuos que producimos, provenientes de la energía o no, acaban en los estómagos de los osos polares, los que quedan. Los que tiramos al mar, en los nuestros. Es justo. No conoce fronteras. La deforestación de los bosques tropicales es responsabilidad nuestra. Podemos evitarlo. Se llama trazabilidad (lo explicaremos). Podemos hacer mucho. Los desastres provocados por los de más allá nos afectan, los nuestros también a ellos. Los avances realizados por nosotros benefician a los demás. Los suyos a nosotros. Nadie se libra. Todos se benefician. Todos salen perjudicados. Pobres y ricos.   

     

    La energía está ligada a la economía. El progreso no consiste en crecer, sino crecer mejorando el medio ambiente. Es el gran reto de este siglo. Cuando la economía no crece generamos paro. Cuando lo hace lo deterioramos todavía más. El gran objetivo de la economía y la técnica de este siglo deberá ser el de establecer una sociedad capaz de aumentar la calidad de vida y el bienestar a la vez que ayuda a mejorar el entorno, a generar modelos económica y energéticamente sostenibles, disminuir las injusticias. No debería significar un mayor consumo sino un mejor consumo. No es una amenaza. Es una oportunidad. Necesitará de la participación de todos. De imaginación. Los gobiernos actuarán solo si la sociedad se lo exige, si damos ejemplo durante nuestro quehacer diario. ¿Por qué ir en coche al trabajo cuando podemos ir en bicicleta? Sr. Alcalde, construya carriles bici. ¿Por qué no nos ponemos un jersey en casa en vez de derrochar gas? Papá, baja la caldera, que contaminas.

     

    Deberá enseñarse de verdad, rigurosamente, el día en que la sociedad se rebele y decida aumentar de una vez la calidad de la enseñanza, a pequeños y mayores, los adultos. Tenemos que dar ejemplo.

     

    Es el nacimiento de la enerconomía, la ecoeconomía. En definitiva, la economía del conocimiento. Nos jugamos el futuro de nuestros hijos.

     

    Se abre el telón.

    Apuntes de Enerconomía
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