Veintidós tíos en calzoncillos

Según un comentario apócrifo que escuché una vez, cada intermedio de un partido de football, deporte popular de origen inglés, suponía hace años un quebradero de

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    Según un comentario apócrifo que escuché una vez, cada intermedio de un partido de football, deporte popular de origen inglés, suponía hace años un quebradero de cabeza para los gestores de la red eléctrica británica, ya que se producía un pico de demanda muy fuerte en apenas un minuto, al abalanzarse los hinchas ingleses a enchufar, todos a la vez, el omnipresente kettle o calentador de té, me imagino que para disolver las toneladas de cerveza engullidas durante el encuentro.

    Haciendo un cálculo rápido, si cada calentador consumía 2 Kw-h, por cada millón de hogares se necesitarían 2.000 Mw, el equivalente a dos grupos nucleares o cuatro ciclos combinados de gas adicionales, que necesitaban dar servicio durante no más de cinco minutos, el tiempo necesario para calentar el agua.

    El pasado 23 de marzo, a las 20:30, se celebró la hora del planeta, que pretende desde hace siete años concienciar acerca del medio ambiente.

    Según WWF, “en 2012 más de 7.000 ciudades de 150 países apagaron las luces de sus principales monumentos y edificios emblemáticos enviando así un claro mensaje: los gestos simbólicos pueden generar grandes cambios si conseguimos un compromiso global durante todo el año.

    Se invitaba, asimismo, a que los ciudadanos apagaran las luces con el fin de contribuir simbólicamente a la celebración. Según datos de Red Eléctrica Española la demanda de electricidad (MW) y las emisiones de CO2 (toneladas/hora) fueron las siguientes durante tal período:

    20:20 - 30.843 MW - 4826 t/h

    20:30 - 31.157 MW - 4922 t/h

    21:00 - 31.356 MW - 4958 t/h

    21:30 - 31.195 MW - 5016 t/h

    ¿Cuál ha sido el resultado de tan noble iniciativa? Ninguno.

    Ya lo dijo Juvenal: “Aquel pueblo rey que antes comandaba el imperio, las fasces, las legiones, y todo, a la sazón ansiaba tan solo dos cosas: pan y juegos”.

    Panem…

    Pan porque durante la república romana y después el imperio se distribuía trigo gratis a los ciudadanos a cambio de apoyo popular. Hoy en día, el pan se ha convertido en burbuja de deuda impagable que los gobiernos occidentales ceban y manipulan a su antojo para mantenerse en el poder y poder satisfacer así a sus clientes, en la más pura acepción romana, hoy denominados lobbies o nichos de votos cautivos.

    Circo porque los gobernantes, fuesen cónsules de elección anual, notables o emperadores, sufragaban de su bolsillo los juegos en el Circo Romano, crueles espectáculos de gladiadores o espectaculares carreras de cuádrigas, con el fin de anestesiar a la población y poder manipular la plebe a su antojo.

    Era una economía pública privatizada, tal y como pretende imponer el neoliberalismo académico imperante, que no constituye novedad histórica, pero que disfruta de legitimidad democrática a causa de la dejadez de la población y el almohadillamiento mental producido por un circo moderno en pernetas, entre otras muchas causas de efecto gaseoso.

    En vez de tecnología insensata, el sistema de crecimiento económico de la época utilizaba con los pueblos objeto de su expansión económica, target de su marketing militar, el conocido sistema del garrotazo cruento y romanización a destajo de los restos. Funcionó mientras hubo conquistas, hasta que llegó la estanflación, el muro de Adriano, las legiones en las fronteras bárbaras y el preceptivo anquilosamiento cívico, político, cultural y educativo. Con ello se precipitó la decadencia y posterior desaparición de la milenaria civilización. Dejó el Acueducto de Segovia.

    Ahora todo va mucho más deprisa, entropía obliga. Dudo que alcancemos los registros temporales de los romanos y mucho menos de los egipcios. En todo caso los de atenienses y lacedemonios. Se empeñaron en despedazar sus polis y sus democracias, hoy denominadas nacioncitas, con sus rifirrafes peloponésicos. A fe mía que lo consiguieron.

    La Hispania romana incluía Lusitania y era toda una. Los españoles actuales estamos empeñados en seguir el ejemplo desintegrador de aquellos, aunque las herramientas de aniquilación cívica sean diferentes, más sibilinas, y por ello nos espera un futuro más mortífero y oscuro. Europa hace lo propio al privilegiar el mercadeo más rastrero sobre el humanismo que la cimentó y algún tiempo la iluminó.

    Esta vez los estacazos se propinan de manera incruenta, pero no menos efectiva. Los romanos conquistaron pueblos, Merkel aplasta ciudadanos europeos a la vez que salvaguarda la soberbia de sus huestes. Los primeros no pudieron evitar su decadencia. Los germanos, los bárbaros de los romanos que por algo lo eran, precipitarán la suya al subyugar sus propios mercados exportadores, al pretender salvar a sus propios clientes de las quitas merecidas a causa de la incompetencia crediticia teutona.

    Pretenden seguir su tradición histórica agresiva y autodestructiva, reventando de nuevo en un suspiro lo que se tardó decenios en levantar, renegando de su propia sabiduría y tanta filosofía ancestral, convirtiendo en suyas las cafradas de los demás. ¡Nunca aprenderán de sus errores recurrentes para con sí mismos y sus pares europeos!

    Los romanos legaron infinidad de monumentos y vías de comunicación, ruinas grandiosas y el derecho romano. Esta civilización dejará en herencia cascotes horrorosos, basura esparcida, cultura despedazada y filosofía carcomida.

    …et circenses

    Dos mil años después, el fútbol y toda la parafernalia que lo rodea sirve de parapeto a los poderosos para desviar la atención de sus intereses personales y de lo verdaderamente importante. Muchos equipos de fútbol están quebrados. De manera similar a la postración hacia los conductores de cuádrigas y los gladiadores en devoción y peculio, ahora paga Hacienda, todos nosotros, los sueldos desproporcionados de los jugadores.

    Verdaderos héroes populares sobrevalorados entonces, y ahora, útiles solo porque su efecto anestesiante servía y sirve para apaciguar las mesnadas y beneficiar a los que ejercen el poder, haciendo que miren hacia otro lado. El sistema actual es regresivo respecto al romano, que soportó unos cuantos siglos más de decadencia interminable, porque, encima, pagamos entre todos la cuenta. A cambio tenemos la mejor liga del planeta. Lástima que no tengamos las mejores empresas.

    A esta civilización, con la presión medioambiental que ejercerá justa revancha y el caos sociológico que se está generando al masacrar a la clase media garante de toda democracia, no se sabe cuantos decenios más la aguardan. Por los datos anteriores, parece que no le interesa a nadie el devenir futuro, en España y en el resto del mundo. Basta con tomar alguna medida folclórica de vez en cuando, inútil aunque vistosa, para apacentar remordimientos y aparentar modernidad.

    El circo romano, fuesen valientes gladiadores, fieras hambrientas ansiosas de digestivos cristianos o carreras de cuádrigas espectaculares en su mortandad, era vibrante espectáculo: agresividad, violencia, valor, sangre, muerte e intereses creados.

    El descafeinado circo contemporáneo untado en vaselina políticamente correcta, envuelto en educación infantiloide y antiestética urbanización, bastante más aburrido al carecer del dinamismo de aquellos, aunque fuese algo cruel y bastante salvaje, lo constituyen veintidós tíos en calzoncillos persiguiendo un hiperbólico balón.

    Apuntes de Enerconomía
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