Economistas con remordimientos

El mal llamado Premio Nobel de Economía se denomina oficialmente 'Premio del Banco de Suecia en Ciencias Económicas en memoria de Alfred Nobel'. Peter Nobel, bisnieto

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    El mal llamado Premio Nobel de Economía se denomina oficialmente 'Premio del Banco de Suecia en Ciencias Económicas en memoria de Alfred Nobel'. Peter Nobel, bisnieto de Alfred Nobel y abogado a favor de los derechos humanos, así como otros miembros de su familia, insisten machaconamente en que el creador de los premios que llevan su apellido jamás tuvo intención ni ganas de otorgar ninguno sobre economía.

    La crítica más furibunda proviene porque la mayoría de los galardones se han otorgado a economistas neoclásicos, para más inri de la Escuela de Chicago, una rama depredadora y reduccionista que aboga por la ley de la selva y propugna que aplaste el más fuerte para que el débil pueda salir trasquilado.

    Un engendro estático a semejanza de la física del siglo XVII o a lo sumo del XVIII, por ello la denominación de neoclásico, aislado y sin ninguna relación con todo aquello que permite y soporta cualquier transacción económica, con la vida y con este planeta, es decir, con la naturaleza. Engendro que reniega e ignora la naciente economía cuántica o fundamental.

    Que se olvida de que la economía es una actividad extremadamente dinámica donde el equilibrio no sólo no está asegurado, sino que no es posible a largo plazo, ni siquiera a corto, a lo sumo unos instantes apenas infinitesimales siendo clementes y optimistas. La economía real es algo bastante más complejo que lo que pregona tal secta estática de mandamientos livianos.

    La Inquisición académica nobelada se encarga de que nadie ose salirse de los dogmas establecidos ni abandonar la rectitud sectaria, so pena de caer en el ostracismo más inhumano y sangrante, como le ocurrió a Georgescu-Roegen.

    Una sola mujer, Elinor Ostrom, ha sido premiada. Ha sido de las pocas que ha aportado una visión más amplia e interesante que se sale del guion tradicional marcado por la ortodoxia inquisitorial, escapando milagrosamente de las fauces de tan eficiente institución que ha trasmutado de religión para seguir subsistiendo y poder atenazar a los Galileos de hoy, que no hay. El Renacimiento pasó. Queda el oscurantismo académico más depravado.

    La asociación de estos galardones con los de verdad y con tal mítico nombre prestigia una actividad y unos individuos que no se merecen tales honores, que utilizan torticeramente tan honorable altavoz para predicar su laica religión y, de paso, hacer caja, los que no dicen amplificadas tonterías semana tras semana desde su altar mediático.

    Tales pollos se han incorporado por la cara al aura de grandeza y sabiduría que otorgan los auténticos Premios Nobel, santificando la pretendida ciencia. Se siguen aprovechando del finado inventor de la dinamita para predicar sus postulados teológicos, que apenas tienen nada que ver con la economía real, que permiten justificar demasiados lobbies y azuzar esta globalización suicida mal concebida, no se sabe si mediante porcentaje o a comisión.

    No porque la globalización sea mala en sí misma, es algo irreversible si imploramos algún futuro y le quitamos la boina, sino porque está planteada para permitir y santificar codiciosas atrocidades en vez intentar que la humanidad sea algo más feliz, sensata y unida en la diversidad.

    No es consciente la impoluta Academia de Suecia ni sus nórdicos ciudadanos del daño que siguen provocando año tras año a los habitantes de este planeta por tal reincidencia, por la enseñanza sesgada de la economía que se continúa predicando en púlpitos propagandísticos y en acienciadas universidades de relumbrón.

    Economistas con remordimientos

    Joan Robinson, famosa profesora de Economía de la Universidad de Cambridge, proclamó en el año 1965:

    "Llevo muchos años trabajando como profesora de Economía Teórica. Quisiera creer que me gano honradamente la vida, pero con frecuencia me asaltan dudas. [...] Aquellos cuyo único interés reside en superar los exámenes aprenden pronto que el truco consiste en decir lo que de ellos se espera; en no preguntarse qué significa lo que están diciendo (porque tal cosa resulta desconcertante y arriesgada y puede restar puntos). [...] El que sólo persigue pasar los exámenes se convierte a su debido tiempo en examinador y por aquel entonces ya ha perdido cualquier duda que pudiera haber albergado algún día. Ha llegado a creer que la educación realmente consiste en eso. Y así se va perpetuando el sistema". Años más tarde, en 1969, insiste en que «la economía es una rama de la teología».

    Escribió el premio Nobel de Economía Wasily Leontief en el año 1982: "Las revistas económicas especializadas están llenas, página tras página, de fórmulas matemáticas que conducen al lector desde diversos supuestos más o menos plausibles, pero totalmente arbitrarios, hasta conclusiones enfáticamente presentadas pero teóricamente irrelevantes. Nadie comenta la aversión que tiene la inmensa mayoría de los economistas académicos actuales al estudio empírico sistemático, ni los trucos metodológicos que emplean para evitar el uso de información concreta basada en hechos".

    Concluye diciendo:

    "¿Cuánto tiempo van a seguir los investigadores que trabajan en campos afines como la demografía, la sociología y la ciencia política, por un lado, y la ecología, la biología, las ciencias de la salud, la ingeniería, y otras ciencias naturales aplicadas, por el otro, sin manifestar sus serias preocupaciones sobre el estado de equilibrio estable y estacionario y el espléndido aislamiento en el que la economía académica se encuentra? 

    Este estado es probable que se mantenga mientras los miembros de los principales departamentos de economía continúen ejerciendo un estrecho control sobre la formación, la promoción y la investigación de los profesores más jóvenes, así como a través de los evaluadores científicos sobre el resto de los profesores. Los métodos utilizados para mantener la disciplina intelectual en los departamentos de Economía más influyentes de las universidades estadounidenses pueden, a veces, recordar a los usados por los marines para mantener la disciplina en Parris Island".

    Economistas sin remordimientos

    Una Inquisición académica de fauces profundas, posmoderna y con la cara lavada, sigue perpetrando barbaridades, machacando la evolución científica y el saber. Igual que antaño, sigue asfixiando la verdad y la ciencia para proteger la pretendida pureza de su religión, que antes adoraba un Dios y ahora rememora el Becerro de Oro que el primero pretendió abolir, algunos milenios atrás.

    Los modernos inquisidores, nobelados o no, son legión. Nombremos dos gurús especialmente perniciosos y recalcitrantes avalados por soberbia desbocada.

    Joseph E. Stiglitz afirmaba en el año 1997 que sus modelos pretenden responder a cuestiones relativas a si en los próximos 50 o 60 años el crecimiento económico puede ser sostenible y que escriben sus modelos como si se extendieran hacia el infinito, pero que nadie se toma en serio tales límites.

    Sostiene que las máquinas pueden reducir la pérdida o desaprovechamiento de recursos que son escasos. El cambio tecnológico mediante investigación, innovación y capital monetario puede reducir la cantidad de capital físico y de recursos requeridos para producir cada unidad de producto o servicio.

    Con sus afirmaciones, el buen hombre reconocía tácitamente que no tenía ni idea del rango de validez temporal de sus modelos, regla número uno de cualquier ciencia en la que las formulaciones deben estar claramente acotadas y delimitadas. La segunda derivada es que tales modelos estarán definidos mediante hipótesis sólidas que deberán ser comprobadas por equipos diferentes de científicos experimentales de manera independiente y crítica.

    La economía neoclásica no cumple ninguna de las dos reglas básicas, lo que la inhabilita como ciencia al negarse a aplicar el método científico, ninguna validación ni ninguna otra de las prácticas habituales en cualquier ciencia que se considere tal.

    El resto de afirmaciones son una negación fehaciente de la validez de sus propios modelos. La realidad es terca. Con el sistema económico actual, del que él es feroz paladín, ocurre justamente lo contrario de lo que predica su secta.

    El derroche de recursos está siendo cada vez mayor, no porque el buen uso de la tecnología no permita un mejor aprovechamiento de ellos sin llegar a hacer milagros, cosa que produce la economía dominante actual al crear dinero donde no lo hay, sino porque la inexistencia de una contabilidad natural junto con las torpes formulaciones del oscurantismo que él representa provocan lo contrario a lo que predica: los recursos utilizados no son valorados adecuadamente, los intercambios no tienen en cuenta los destrozos que producen al planeta y sus miembros, el derroche y la contaminación es la norma y no la excepción, el futuro no interesa.

    Todo lo que estorba la supuesta elegancia de sus fórmulas es despachado mediante mezquinas externalidades, sin ser estudiado, ni siquiera tenido en cuenta, por sus depravadas teorías.

    Robert M. Solow, por su parte, sostiene que la tecnología puede permitir que el uso de recursos no renovables tienda a cero. Todo lo que se necesita es tecnología adecuada y capital suficiente.

    Santifica la tecnología como motor del progreso. Piensa que resolverá el futuro, no sólo inmediato, ignorando las ciencias de verdad. Como el anterior, no dice cuántos años abarca su formulación, el rango de aplicación de sus postulados y en qué consiste su tecnología, de la que pretende ser un experto aunque no la entienda ni aparente saber de qué va.  

    Debe ser totalmente diferente de aquella con la que yo me peleo cada día que, de momento, tiende a hacer lo contrario de lo que proclama en buena parte a causa del mal uso que se hace de ella debido a sus prédicas. La Tierra pronto se plantará. La Inquisición continúa impertérrita, destrozando este planeta y a la mayoría de sus habitantes, ahondando cada vez más su cruel y destructora labor.

    Mientras tanto, los desechos físicos y mentales generados sin remordimiento se siguen esparciendo: la contaminación avanza, la naturaleza retrocede, la basura anega, los glaciares desaparecen, Groenlandia oscurece, el Ártico se desvanece.

    El clima cambia cada vez más rápidamente y se vuelve extremo. Y, para rematar, el imposible incremento exponencial de cualquier parámetro, sea la población, la contaminación, las emisiones, la acidificación de los océanos o la desaparición de especies se acelera.

    ¿Cuándo reventará esta burbuja terrenal? ¿Cuándo se derrumbará el castillo de naipes planetario que los supuestos sabios pretenden apuntalar con sacrosanta ignorancia hasta un final que se otea cada vez más cercano?

    Los grandes inquisidores nobelados se empeñan en ignorar a los apóstatas, en silenciar las alarmantes señales que indican que sus mandamientos derrapan de manera inmisericorde, cruenta y vil. Torquemada fue un aprendiz. Cuando la sensatez se recobre, el cisma se producirá y ellos se hundirán en la intrascendencia, que no el olvido: demasiado estropicio han provocado ya.

    La Reforma de la economía alguna vez se alumbrará. Cuando un reencarnado Lutero vuelva a ser leído a la puerta de alguna Iglesia mediática, la buena nueva se propague clavada en daga esperanzada y el desasosiego abandone a los dignos descendientes de Alfred Nobel

    Apuntes de Enerconomía
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