La década (más) calurosa: 2001-2010

El primer decenio del siglo XXI ha sido el más caluroso desde que se iniciaron los registros sistemáticos, hacia 1850. El año 2010 batió todos los

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    El primer decenio del siglo XXI ha sido el más caluroso desde que se iniciaron los registros sistemáticos, hacia 1850. El año 2010 batió todos los récords.

    Característica principal de tal período fueron los drásticos fenómenos climáticos, los eventos meteorológicos extremos, y precipitaciones y humedad superiores a lo habitual hasta ahora: la ola de calor en Europa en el año 2003, las inundaciones de 2010 en Pakistán, el huracán Katrina en los Estados Unidos, el ciclón Nargis en Myanmar, las largas sequías en la cuenca del Amazonas, Australia y África Oriental

    Las temperaturas

    Se estima que la temperatura media mundial del aire sobre la superficie terrestre fue de 14,47ºC durante tal decenio; 0,21 ºC superior a la media del período anterior 1991-2000; 0,47 ºC por encima de la media mundial obtenida entre 1961 y 1990; y, finalmente, 0,88 grados centígrados superior a la temperatura media de la primera década del siglo XX (margen de error de +/- 0,1 ºC).

    Mientras el incremento de temperaturas apenas fue de 0,062 grados por decenio durante el período 1880-2010, estas aumentaron un promedio de 0,17ºC por década entre 1971 y 2010; pero la friolera de 0,21 grados entre el decenio 2001-10 y el inmediatamente anterior. Por el contrario, entre la década de los noventa y la de los ochenta del siglo pasado, el incremento fue de 'solo' 0,14 ºC.

    Para más inri, nueve de los diez primeros años de este siglo han sido los más cálidos desde que se recolectan datos de manera continua y sistemática. El año 2010 fue el más caluroso en valores absolutos, con una anomalía de temperatura media estimada de 0,54 grados centígrados por encima del dato de referencia (14 ºC), seguido muy de cerca por el registro del año 2005. El menos tórrido fue el año 2008 que, con todo y con ello, fue el más cálido con episodio de La Niña desde que se tienen datos fehacientes.

    Las regiones

    En el período analizado, la anomalía en Europa fue de +1 ºC. Groenlandia se llevó la palma mundial: +1,71ºC. La mayor parte de Asia, incluida China, Mongolia, Rusia e Irán siguieron tendencia similar, superior al grado centígrado. La anomalía media en el conjunto del continente durante el denostado primer decenio fue de +0,84 ºC.

    El incremento medio en África fue de 0,7 ºC, siendo superior en los países al norte del ecuador, mientras que varios al sur confirmaron medidas entre 0,5 y 1,0 ºC. Brasil, cruzando el charco, registró el incremento de temperatura más elevado del subcontinente, 0,74 ºC. Canadá sufrió la mayor anomalía de la región, +1,3ºC. Y, para no extendernos más, la década en cuestión fue la más cálida jamás registrada en Australia, con un incremento de 0,48 ºC.

    Los océanos

    Los diez años inaugurales de este siglo son también los más cálidos desde que se obtienen registros independientes de la superficie terrestre y del mar.

    La temperatura más cálida del aire sobre la superficie terrestre se registró a nivel mundial en 2007, siendo de +0,95 grados centígrados. La temperatura más alta del aire sobre la superficie del mar se registró en 2003, con una anomalía de 0,4ºC por encima de la media registrada entre 1961 y 1990.

    Parecen coherentes los datos. Las aguas de los océanos se calientan mucho más lentamente que el aire de la superficie de la tierra. Hasta un druida lo entendería, lo cual no es ningún consuelo.

    El frío y el calor extremos

    Según refleja una encuesta realizada por los responsables del cocinado de este puré numérico, 56 países, el 44%, han señalado que la temperatura máxima diaria absoluta durante el período comprendido entre 1961 y 2010 se registró en el decenio de 2001-2010, frente al 24% que la registraron en 1991-2000, y el 32% restante que lo hicieron durante alguna de las tres décadas anteriores.

    Por el contrario, el 11% de los países, 14 sobre 127, señalaron que su temperatura mínima diaria absoluta se registró en la década inaugural de este siglo, frente al 32% que la registraron entre 1961-70 y alrededor del 20%, que lo hicieron en cada una de las décadas intermedias.

    Las precipitaciones, inundaciones y sequías

    El promedio de precipitaciones a nivel mundial durante el período comprendido entre 2001 y 2010 estuvo por encima del promedio registrado entre 1961 y 1990. Fue la década más húmeda desde 1901, a excepción de la de los felices 50 del siglo pasado.

    2010 fue el año más húmedo jamás registrado a nivel mundial. Los años precedentes más húmedos fueron 1956 y 2000, que, al igual que la segunda mitad de 2010, coincidieron con intensos episodios de La Niña.

    La mayor parte de la Tierra registró precipitaciones superiores a las normales. El este de los Estados Unidos de América, el norte y el este de Canadá, y numerosas partes de Europa y Asia central registraron condiciones particularmente húmedas.

    Otras regiones en las que se registraron condiciones de humedad superiores a las habituales fueron el norte y el sur de Brasil, Uruguay y el noreste de Argentina, África meridional, Indonesia y el norte de Australia.

    Las precipitaciones medias fueron inferiores a las normales en otras regiones como el oeste de Estados Unidos y Alaska, el suroeste de Canadá, la zona central de América del Sur, gran parte del sur y el oeste de Europa, África central, la mayoría de las zonas del sur de Asia y el este y el sureste de Australia.

    Las inundaciones fueron el fenómeno extremo que se registró con mayor frecuencia a lo largo del decenio. El este de Europa se vio especialmente afectado en 2001 y 2005; India en 2005; África en 2008; Asia en 2010, en particular Pakistán, donde fallecieron 2.000 personas y 20 millones se vieron afectadas; y Australia también en 2010. En otros muchos países se produjeron crecidas repentinas acompañadas de deslizamientos de tierra.

    Algunas de las sequías más duraderas y de mayor impacto acontecieron en Australia en el año 2002. Hubo otras extremadamente persistentes como las de la cuenca del Amazonas en el año 2010; las de África meridional en 2004 y 2005 produjeron, para variar, escasez de alimentos y pérdidas humanas elevadas.

    Las tormentas violentas

    Durante el decenio 2001-2010 la actividad de los ciclones tropicales alcanzó el nivel más elevado registrado en el Atlántico Norte desde 1855. Se registró un promedio de 15 tormentas con nombre al año, las de mayor intensidad, muy por encima del promedio a largo plazo de 12 tormentas con nombre al año.

    La temporada de 2005 fue la más activa jamás registrada, con un total de 27 tormentas bautizadas, de las cuales quince alcanzaron intensidad de huracán; siete llegaron a ser huracanes de categoría 3 o superior. Katrina, huracán de categoría 5, fue el más devastador de la década.

    En otras regiones la actividad de los ciclones alcanzó el promedio o estuvo por debajo de la media. En la cuenca oriental del Pacífico Norte se registraron 139 tormentas con nombre durante el decenio, de las cuales 65 alcanzaron la categoría de huracán, cifra ligeramente por debajo de la media. La mayoría de tales ciclones tropicales no tocaron tierra ni causaron daños sustanciales.

    Los 230 ciclones tropicales que ocurrieron en el noroeste del Pacífico también estuvieron ligeramente por debajo de la media. La tormenta más destructiva fue Durian, que azotó a Filipinas en 2006, se cobró más de 1.000 vidas y afectó a 1,5 millones de personas.

    El ciclón tropical más mortífero registrado durante el decenio fue Nargis, que se formó al norte del océano Índico y asoló Myanmar a principios de mayo de 2008. Más de 138.000 personas fallecieron o desaparecieron, ocho millones más se vieron afectadas y se destruyeron miles de hogares.

    Tres grandes tempestades de viento extratropicales afectaron gravemente a Europa: Kyrill azotó a Europa central en 2007, Klaus afectó al sur de Europa en 2009 y Xynthia sacudió el noroeste de Europa en 2010. Tales temporales de viento causaron daños que se estimaron en varios miles de millones de dólares. Se cobraron cerca de 100 vidas.

    Según análisis realizados por la compañía de seguros Munich Re, las tormentas de invierno que se produjeron en Estados Unidos y Canadá en 2007 y 2008 se cuentan entre las diez más costosas, desde el año 1980, en términos de pérdidas aseguradas.

    Los hielos marinos y el nivel del mar

    El calor récord de los años 2001-10 provocó mayor derretimiento de los casquetes de hielo, el hielo marino y los glaciares, y el deshielo del temido permafrost.

    Además de ser un signo del calentamiento global, la licuefacción de hielo y nieve afectó al abastecimiento de agua, las rutas de transporte, las infraestructuras, los ecosistemas marinos y muchos otros sectores más, cual malditas externalidades, factores que la economía neoclásica no contempla ni valora.

    Hasta los años sesenta del siglo pasado, el hielo Ártico cubría de 14 a 16 millones de km2 al final del invierno del hemisferio norte, y de 7 a 9 millones al final del verano. Desde entonces se ha ido reduciendo rápidamente. Los cinco años en los que se registró mínimo histórico en la extensión del hielo marino durante el mes de septiembre fueron 2005, 2007, 2008, 2009 y 2010.

    La menor extensión del hielo marino del Ártico, de 4,28 millones de km2, un 39% por debajo del promedio a largo plazo, se produjo en 2007. Tal récord doloroso se batió en 2012. El volumen estimado de hielo también se ha ido reduciendo de forma pronunciada desde el año 2005. En 2010 se estableció un nuevo récord a la baja.

    Las principales capas de hielo acumulado en zona continental se encuentran en la Antártida y Groenlandia. La reducción de masa neta se ha acelerado en ambos lugares. Las mayores pérdidas de la década se registraron en 2007 y 2008. Si esta tendencia continúa, el deshielo en ambas regiones contribuirá a la subida del nivel del mar en el siglo XXI más que cualquier otro factor.

    Los glaciares del mundo se redujeron en la primera década más que en cualquier otra época desde que comenzó su vigilancia metódica. El manto de nieve se redujo considerablemente en el hemisferio norte.

    Las temperaturas en las regiones cubiertas de tierra congelada, el llamado permafrost, han ido en aumento. El decenio de 2001-2010 estuvo marcado por un aumento del espesor de la capa de deshielo estacional en muchas zonas norteñas.

    Como resultado de este derretimiento generalizado y la expansión termal del agua de mar, es decir, el aumento de su nivel a causa del incremento de su temperatura, el nivel medio de los océanos siguió aumentando durante el período 2001-10. Su tasa de aumento fue de unos 3 mm por año, el doble de la tendencia observada durante el siglo XX, que fue de 1,6 mm por año. El nivel medio de los océanos es ahora 20 cm más elevado que el de 1880, y creciendo.

    Los culpables

    Si ha conseguido llegar hasta aquí sin resoplar, esforzado lector implorante de futuro iluminado en vez de intoxicación, aunque cueste digerir tanto improperio, coja aire y estrangule al responsable una vez haya asimilado estas arrobas de granel porcentual y numérico.

    Tales insensateces políticamente incorrectas, contrarias a los intereses pecuniarios de ortodoxos, depredadores e inconscientes consumidores las pregona a los cuatro vientos mediáticos, que pronto serán tres y ninguno de papel, la Organización Meteorológica Mundial.

    Sus miembros están compuestos de meteorólogos, plaga provocadora de mente retorcida a causa de la complejidad de su disciplina, que se dedican a llevar la contraria y fastidiar a los que dicen que aquí no pasa nada, a los que niegan la evidencia que la verdadera ciencia dispensa. Algo sabrá tal esforzado gremio de este, su negociado, digo yo.

    Entre tanto artículo relleno de vacuidad económica que implora triturar nuestro malhadado enfermo terrenal mediante crecimiento imposible sin ninguna bondad; entre tantos otros posts con sabor a naftalina o corrupción, que es casi lo mismo, alguien tenía que contar algo veraz, aunque resultase tedioso y pesado, con el riesgo de que lo lean dos o, como mucho, tres interesados en capear tales inclemencias. Tal era el riesgo.

    Por una vez no pongo ni quito rey, sino que ayudo a este planeta, mi señor. Hoy han sido datos, pura asepsia numérica. Lo hemos contado como hemos podido. Guste o no guste, es lo que está pasando. No hemos mencionado el manido cambio climático ni ningún otro anatema o concepto imaginario o molesto. El corolario vendrá después, para jorobar otra vez.

    Apuntes de Enerconomía
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