Snowden, el soldado Manning y las cloacas de la democracia
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José M. de la Viña

Apuntes de Enerconomía

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Snowden, el soldado Manning y las cloacas de la democracia

Tiene guasa que sea un país tan amante de la democracia como Rusia el que dé cobijo a Snowden o que Ecuador protega al fundador de Wikileaks

Tiene guasa que sea un país tan amante de la democracia y las libertades como Rusia el que dé cobijo a Snowden. O que el fundador de WikiLeaks sea un protegido de otro dechado de virtudes como el presidente de Ecuador, el cual por fin ha descubierto sus cartas al convertirse en otro depredador más al que no le importa destrozar su propia tierra y sus gentes al abrazar el lado más salvaje del capitalismo más rampante y depredador, por no ser capaz de ofrecer a sus enfervorizadas huestes nada más prometedor y respetuoso con su entorno y el medioambiente que unos cuantos agujeros y más deforestación, localizada esta vez en el fabuloso parque natural de Yasuní, Reserva Natural de la Biosfera y patrimonio, en teoría, no sólo de unos pocos desafortunados.

Países ambos ejemplos primigenios de neodemocracias toscas, pero bien asentadas. Las que están emergiendo en Occidente serán más perniciosas y nocivas a causa de su percepción más sofisticada, su embalaje avanzado y su pretensión científica acogotada entre sagradas externalidades y sacrosanta tecnología.

Cloacas sin control…

Toda democracia plena se provee de cloacas que rozan la ilegalidad. Aliviaderos apenas éticos que le permiten actuar en igualdad de condiciones contra enemigos desalmados y otras pestes dañinas, o que sirven para tapar las necesarias miserias que se consideran mal menor.

De igual manera que todo edificio necesita de las suyas para evacuar sus orines, humos y desperdicios para poder resplandecer en su belleza arquitectónica. Y no me refiero a ninguna patética ristra de adosados o parto mal concebido y peor ejecutado a cargo de ningún arquitecto estrella o deslavazado urbanista enlosetador encorsetado entre contaminantes rotondas.

El problema surge cuando sus propios servicios secretos y otros organismos gástricos o defecadores se dedican a controlar a sus propios ciudadanos, a espiar a sus aliados, a trabajar para los diferentes lobbies o grupos de poder en vez de proteger a los votantes de plagas o enemigos ciertos, de defender esa cosa tan etérea que se denomina interés general, que antiguamente se sabía más o menos en qué consistía y que ya no se sabe qué es.

Es ese descontrol creciente de las cloacas de los estados democráticos, entre otras muchas causas, lo que las está minando desde dentro. Que permite acciones y actitudes abiertamente inmorales por parte de sus gobernantes, cuando no se dedican, simple y llanamente, a fomentar la corrupción o a camuflar prácticas ilegítimas ejercidas con descaro.

Trabajan a menudo dentro de tales engranajes personas torturadas o libres que, por las razones que sean, aunque sólo sea por dignidad y valiente honradez, sacan a la luz trapos sucios o trapicheos, vulnerando la confidencialidad y la obediencia debida; a tales individuos, el poder corrompido los machaca miserablemente, como al soldado Manning con su reciente condena. Para muchos no son más que intermediarios inocentes que ponen al descubierto la traición de los poderes ocultos del Estado hacia las democracias supuestas que se están convirtiendo en nominales.

Sin entrar a valorar la actuación tanto de Snowden como de WikiLeaks, lo que han sacado a relucir ambos es que el sistema democrático norteamericano ha dejado de funcionar correctamente. Se está convirtiendo en burdo paripé en manos de intereses particulares, arropado por las nuevas tecnologías y la codicia intensiva a cargo de las omnipresentes élites extractivas.

… que rememoran a Orwell…

Magno escándalo que pugna por hacer recapacitar los rescoldos sobrevivientes de la otrora activa sociedad civil, creciente muchedumbre inanimada que acabará sometida al dictado del difuso Ministerio de la Verdad y la Fe Mediática, cuyo embrión primigenio es la corrección política, la autocensura obligada por lo que pueda pasar, el oportuno linchamiento en Twitter, o el rencor del Gran Hermano Facebook que supervisa, requisa y almacena toda supuesta realidad, aunque sea virtual, para ponerla a disposición del amo y utilizarla en contra de sus ciudadanos cuando sea menester.

El sistema legal actual, posiblemente democrático, aunque no se sabe si muy ético y moral, machaca a los desgraciados pregoneros de noticias inconvenientes que se le ponen a tiro. En una democracia plena la condena al soldado Manning o la persecución de Snowden estarían plenamente justificadas. En una neodemocracia, no.

¿Está siendo la justicia de EEUU honrada con sus propios ciudadanos? O acaso el soldado mixto no es más que otro peón engullido en las fauces del servilismo más rastrero, ejemplarizante aviso de navegantes hacia aquellos que pretendan revertir la degenerada deriva neodemocrática en curso que recuerda la estremecedora 1984, que debió numerarse 2013, si no catorce.

Orwell se precipitó, pero no erró. Se equivocó sólo en el calendario y en nimios detalles de organización. La pesadilla orwelliana muestra sus fauces treinta años después de lo anunciado. El Ministerio del Amor, de la Paz, la Abundancia y el de la Verdad se aglutinan para mayor productividad en el opaco Ministerio de la Verdad y la Fe Mediática.

Su argumento de alborozado sometimiento es la promesa de un crecimiento económico infinito justificado mediante nobelado caparazón: ideología neoclásica que unifica las cuatro excelsas virtudes anteriormente mencionadas con el fin de ignorar la metamorfosis climática y el futuro de este planeta, junto con el resto de ramalazos sectarios cuya deriva antiintelectual padecemos.

… trituran las democracias…

La sofisticada República Romana de bicónsul anual, tribunos, cuestores, censores, senadores y otros cargos que ejercían de contrapoder acabó en vulgar Imperio con titular a menudo histriónico, desalmado o incompetente como la mayoría de nuestros gobernantes actuales o recientes. Su exuberancia irracional y su irracionalidad exuberante provocaron el latino hundimiento. Se disolvió en nada, cual patética Unión Soviética.

Pauta que se repetirá como el desnortado imperio americano y su perrito faldero europeo sigan quemando etapas a toda velocidad sin estrategia alguna que garantice un futuro limpio y decente en este limitado planeta azul.

Y, cuando el contubernio reviente, el ser humano se centrifugará entre sequías e inundaciones, anegación oceánica, pestilencias, cascotes y codiciosa maldad, cosa que el académico y sectario amo cortoplacista no atisba a vislumbrar.

… planteando interrogantes sin respuesta

Si las cloacas democráticas fuesen capaces de purificarse solas, actuaciones como la de Snowden o Manning hubiesen sido innecesarias por falta de material. ¿Deben ser las órdenes acatadas y la confidencialidad mantenida cuando una democracia degenerada es incapaz de controlar los excesos de desperdicios injustificados, cuando las cloacas sobrepasan su estricto cometido democrático, cuando la neoverdad no sólo académica pugna por prevalecer?

Tales espionajes lo único que indican es que la democracia estadounidense y, por ende, las europeas ya no funcionan razonablemente. Si lo hicieran, las filtraciones no habrían ocurrido por no tener razón de ser. Nadie las habría ordenado porque los responsables habrían acabado inexorablemente en la cárcel o cesado por abuso de poder, o por haber dilapidado dinero público con empresas tecnológicas a cambio de defraudar la confianza depositada por sus clientes.

Los atropellos por parte del Gobierno norteamericano hacia sus aliados y sus propios ciudadanos no se habrían producido si el autocontrol democrático hubiera ejercido. Ya no se sabe dónde acaba lo público y dónde comienza lo privado. ¿Qué es lo que falla, pues?

Las anquilosadas instituciones democráticas actuales son producto de la Ilustración en su diseño teórico y del siglo XIX en los aspectos prácticos. De épocas con tecnología menos elaborada y una manera de hacer las cosas diferente, lo cual no quiere decir que peor o inferior. Tan sólo eran las adecuadas a su época y circunstancias.

Los tiempos cambian, y la tecnología y la manera de pensar lo hacen con ellos. Las estructuras deben saber adaptarse si las democracias no quieren devenir en autoritarias neodemocracias al dictado del omnipresente ojo informático del Ministerio de la Verdad y la Fe Mediática que todo ve y todo controla, de la corrección política impuesta por el progresismo de cartón y la mordaza financiera susurrada por la estremecedora reacción que no sabe de qué va la cosa, simple juguete de la evolución a pachas con los primeros.

¿Es justa la condena a 35 años al soldado Manning? ¿Y la persecución a la que Snowden está siendo sometido? ¿Habría que condecorarlos por tener la valentía de intentar proteger las esencias de una democracia que se está convirtiendo en nominal? Doctores tiene la Santa Madre Iglesia, y la sociedad civil, si la hubiera.

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