El fin del Antiguo Régimen

La Revolución Industrial, junto con la Revolución Francesa, inauguraron la civilización que termina. Desde que los telares hicieron arrancar la industria textil, el carbón comenzó a

La Revolución Industrial, junto con la Revolución Francesa, inauguró la civilización que termina. Desde que los telares hicieron arrancar la industria textil, el carbón comenzó a mover el cotarro y Luis XVI dejó en el cesto el pescuezo, el mundo cambió de manera radical y a menudo cruel. Ha sido un cuarto de milenio plagado de luces y ensombrecido por otras violentas causas.

La evolución tecnológica se constituyó en motor del progreso. La democracia renació a causa del virus inoculado por la Ilustración que sobrevivió a Robespierre y Napoleón. Había esperado dos milenios desde el experimento primigenio de la Grecia Clásica.

Comenzaron a dispararse parámetros económicos, demográficos, energéticos y medioambientales. Algo que fue bueno entonces está siendo letal ahora. Marcadores que muestran la imposibilidad de crecer sin control y la necesidad de poner fin a la barra libre energética.

La Edad Fósil o Contemporánea dará paso a la Edad Posmoderna o Verde. O se irá todo al carajo, lo cual, por el camino que va la intransigencia académica, política y el fascismo judicial en vigor, parece lo más probable.

La revolución prevista nacerá, por necesidad, en España. O, si no, se disolverá esta. Europa entera irá detrás, para bien o para mal

La primera revolución nació de manera pausada en Inglaterra. La otra surgió a garrotazos en París. La Revolución Francesa envió a la guillotina a la casta de entonces desfilando en ecológico carro. Fueron, dicen, más de quince mil descabezados. No habrá más remedio que hacer de nuevo lo mismo en vista de la corrupta deriva actual, el absolutismo financiero que nos arruina sin remedio y la casta judicial que lame el culo en el Santiago Bernabéu.

Será, claro está, en sentido figurado. No se debería guillotinar a nadie. Tan sólo mandar a casa a todo incompetente desalmado, y a la cárcel a centenares de delincuentes, si hubiera en España jueces decentes que expulsaran el machismo camuflado en la judicatura que promueve violencia de género psicológica en la Comunidad de Madrid, destrozando a muchos niños y el patrimonio de sus padres. Demasiados jueces nazis disfrutan de total impunidad con el fin de hacer el mal, avalados por el franquismo sociológico que todavía pervive.

La revolución prevista nacerá, por necesidad, en España. O, si no, se disolverá esta. Europa entera irá detrás, para bien o para mal. La manera de hacerlo dependerá de cómo se propine el empujón necesario que permita desembarazarnos de la casta sin hacer más sangre, virtual, de la necesaria.

De cómo se implanten nuevas ideas y principios renovados que deberán basarse en tres pilares indisolubles: regeneración de la democracia, regeneración de la economía y de las finanzas, y regeneración del planeta.

Respecto a la regeneración medioambiental, aquí no queremos saber nada. Para envilecer al respetable ya están los bochornosos sainetes nacionalistas y la corrupción rampante que mantiene entretenido a vulgo y plebe, tan inculta como siempre, de manera intencionada. Si no fuera así, no estaríamos como estamos.

Estados Unidos y China, al menos, son conscientes de la necesidad de reducir las emisiones. Lo han escenificado estos días Obama y Xi Jinpin. Otra cosa será si tales carantoñas se traducen en algo. El primero tiene las manos atadas por el Senado y el Congreso. No sabe muy bien cómo hacerlo, más que proclamando buenas intenciones, ya que no posee método científico ni teoría económica adecuada. El segundo, porque China no es capaz de crecer sin realizar de manera sistemática dumping humano y medioambiental. Y sin contaminar a lo bestia. Así cualquiera es competitivo.

Con respecto a la democracia, China no quiere ni oír hablar de ella. Su población continúa anestesiada, como lo estuvo la de aquí a causa del desarrollismo franquista, el 600, el fútbol y la televisión. Le llegará su transición. Será cruenta a causa de las desigualdades entre el campo y la ciudad, y de las múltiples burbujas que almacena. Cuando China despierte, el mundo temblará. La cosa se pondrá muy fea para todo bicho viviente cuando el gigante reviente.

O cuando el Estado Islámico nos declare la guerra. La avanzadilla se acerca por el Mediterráneo. Tiene como objetivo vital la vieja y cuarteada Al-Andalus, que incluye toda la Península Ibérica, luzca boina o barretina, o cante un fado.

El movimiento Podemos, consecuencia del cabreo ciudadano, pretende liberar al pueblo de la incompetencia, de la corrupción y la caradura de la casta. ¿A cambio de qué?

Pretendemos desmembrarnos para que nos acaben cazando como patos a causa del palurdismo aldeano, del acopio de buenismo y de tanta particularidad presuntamente secular. Más nos valdría recordar la historia visigoda y, por si acaso, rezar mirando hacia La Meca para implorar que la irracionalidad foránea no nos invada. Bastante tenemos con la nuestra.

La democracia americana, por su parte, ha devenido en triste monigote cuyos hilos son manejados por los lobbies y por intereses particulares acaudalados. A los padres de la Constitución Americana les daría vergüenza contemplar en qué se ha convertido algo que una vez fue ejemplar. El insostenible American way of life de elevada intensidad energética y baja cualificación moral tiene fecha de caducidad.

Aquí, mientras tanto, surge Podemos con algún que otro Robespierre camuflado en su seno, afilando con sarcasmo la cuchilla mediática, impaciente por ponerse a los mandos de la guillotina y rebanar los pescuezos de la casta y de todo aquel que se le ponga delante.

La moderna alternancia de poder a la manera de la infausta Restauración Borbónica de finales del siglo XIX ha finalizado a causa de la injusticia y la corrupción, del hartazgo y la impotencia de la población. Aquella alumbró la deseada II República Española que degeneró en guerra civil. En esta, la revolución está a punto de comenzar. ¿Cómo acabará esta vez?

La Ilustración y el liderazgo entusiasta de la Revolución Francesa que liberaron Francia de la tiranía absolutista degeneraron en el terror que instauró Robespierre, otra forma de tiranía. Una vez concluido su trabajo, acabó a su vez en la guillotina por pasarse de rosca y cogerle demasiado gustillo al cacharro.

Hasta Lavoisier, padre de la química moderna, perdió la cabeza durante tales trasuntos macabros, no se sabe si por marqués o por ser inteligente. En la casta actual, de esto último no hay. Lo muestran los indecentes recortes en todo lo relacionado con el futuro y la cultura, la educación y el arte, y en la huida hacia delante hasta que el contubernio se estrelle y nos lleve a todos por delante.

Llegó después el Consulado y Napoleón. Las ideas sublimes de la Ilustración se mantuvieron en barbecho durante un tiempo. La libertad, igualdad y fraternidad que lucen tantos frontispicios galos florecieron después. Hasta que tales principios fueron sustituidos por un consumo compulsivo y un ansia de crecimiento imposible que considera un estorbo improductivo el aplastado espíritu ilustrado y cualquier atisbo de educación y de refinamiento.

El movimiento Podemos, consecuencia del cabreo ciudadano, pretende liberar al pueblo de la incompetencia, de la corrupción y la caradura de la casta. ¿A cambio de qué? Si el duopolio político no se regenera por propia iniciativa poniendo al frente a gente capaz, si el patrioterismo paleto no aprende a convivir y a construir junto a sus vecinos sin declarar estúpidas guerras cantonales, mucho me temo que, como la vez anterior, Robespierre cortará cabezas por doquier.

No queda más remedio que cambiar de tercio desencadenando con urgencia la necesaria regeneración política, económica, social, cultural y medioambiental. La corrupción masiva ha adelantado la fecha de caducidad del sistema que surgió durante la Transición. Es necesario alumbrar otro nuevo basado en la decencia y la convivencia, en la razón y la economía fundamental. El resto de países vendrán detrás. Podemos.

Como en revoluciones anteriores, habrá que reformar primero o demoler si es necesario las estructuras institucionales carcomidas para construir otras nuevas, mejores y más justas, que aguanten otros doscientos cincuenta años, con permiso del cambio climático y las catástrofes medioambientales que están por llegar.

Un basamento institucional democrático renovado, sólido, justo, firme, capaz de abolir la corruptocracia clientelar y de gobernar toda Europa y no sólo España con eficacia y honestidad.

Si no se fragua ni se ejecuta durante los próximos meses un golpe de timón político radical en España, si no se rememora el harakiri de las Cortes de Franco que abra paso de manera inmediata a políticos decentes con profesión y sin mácula, enérgicos y eventuales, honrados, con ideas nuevas y ganas de afianzar las instituciones dinamitadas por la casta criminal, Podemos hará la limpia necesaria, quieran o no, una vez pasadas las próximas elecciones.

No queda más remedio que cambiar de tercio desencadenando con urgencia la necesaria regeneración política, económica, social, cultural y medioambiental. La corrupción masiva ha adelantado la fecha de caducidad del sistema que surgió durante la Transición

Podrán ocurrir a continuación dos cosas. Que esto se convierta en una Venezuela o una Cuba más, repartiendo miseria de manera igualitaria al dejar de generar riqueza y dilapidar la poca que queda. O que renazca una democracia de verdad, saludable y digna, basada en un sistema económico y financiero más justo, capaz de generar empleo, una vez Robespierre acabe con su necesario cometido, y sea enviado a su vez a la guillotina virtual, dándole las gracias por tan imprescindible servicio.

El régimen de Franco se autoinmoló de manera pacífica dando paso a la Transición democrática. Este deberá hacer lo mismo. Los políticos y gobernantes al mando deben ser sustituidos con efecto inmediato, por propia iniciativa, pasando el protagonismo a nuevos actores que tengan sentido de Estado y ganas de gobernar con valentía y ecuanimidad, que se encarguen de preparar las próximas elecciones, de ilusionar al pueblo y de construir un futuro nuevo sin meter mano en la caja.

Se tiene que largar antes de que le echen aquel que, durante estos tres años, ha renunciado a gobernar y no ha comprendido que la crisis no era solo económica. Debe realizar su primer y definitivo servicio a España. Le permitirá ingresar en la historia por la puerta grande si al mismo tiempo facilita la entrada en la arena política a rostros diferentes, con coraje y con agallas, con capacidad y con sentido de Estado, capaces de regenerar este erial embrutecido antes de que sea demasiado tarde.

Si no, Podemos le propinará una merecida patada en el trasero, Robespierre se pondrá a los mandos de la guillotina ansioso por hacer rodar cabezas, comenzando por la suya, y esto acabará como el Rosario de la Aurora, instaurando de nuevo en España el ancestral método del palo y tentetieso, la censura, la ignorancia, la incultura y la delación, su insigne tradición secular.  

¿Tan difícil es de comprender, señor Rajoy? Ya sabe usted donde está la puerta y la gloria postrera si no quiere hacer bueno a Godoy y compañía en la deshonra y el desprecio a sus dos antecesores fatales.

 

 

 

Apuntes de Enerconomía
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