Desarrollo y no decrecimiento, el mayor error de Podemos

Si los votos están en el debate económico, parece que Podemos no acierta a qué santo gurú encomendarse, aunque sea laico y sin sotana. Ha hecho transfuguismo hacia

Foto: Desarrollo y no decrecimiento, el mayor error de Podemos

Si los votos están en el debate económico, parece que Podemos no acierta a qué santo gurú encomendarse, aunque sea laico y sin sotana. Ha hecho transfuguismo hacia la doctrina preferida por una de las facciones de la casta repudiada, que permite disponer de fondos sin fondo. Alguien pagará la cuenta. Antes o después, lo harán los mismos defraudados de siempre, solo que la próxima vez, sin un puñetero duro.

Podemos comenzó de manera esperanzada con el asunto del decrecimiento, que proclama que es imposible crecer eternamente, entre otras muchas razones porque los recursos naturales son finitos, el planeta también lo es, y por mucho adelanto tecnológico que se produzca, tales trasuntos pasarán factura antes o después y la humanidad se irá a hacer puñetas.

Los expertos primigenios de Podemos ahora arrumbados parece que pertenecían a tal escuela que incluye la llamada economía ecológica. Como eso no se vendía bien ni aseguraba la toma de poder, ya que lo de consumir y contaminar está en los genes de mucho desesperado y de todo aspirante a ingresar en la casta, esté o no cabreado, Podemos se ha pasado a la rama progresista de la ortodoxia económica, tan arcaica e infumable como las otras.

Utopía que proclama que tirando dinero a la basura e incrementando la deuda sin control se incrementará la riqueza y todos tocarán a más. E, infanticidio añadido: si la deuda no se paga no pasa nada.

Ignora que los famosos multiplicadores de Keynes son estructuralmente negativos, que la deuda se dedica en el mejor de los casos a incrementarse por las buenas sin crear ninguna riqueza más que mantener los privilegios de la casta terminal y los gastos inútiles de las diferentes Administraciones, a infaustos 'Planes E', como los del finado (político) Zapatero o a espolear el casino financiero.

Es incapaz de asimilar que ya no hay manera de crecer si se aplica economía neoclásica, esa que desprecia la variable tiempo, provenga de la escuela ortodoxa de la que provenga.

La teoría económica tradicional solo sirve para arruinarnos, sobre todo si se aplica con la perversión en vigor y la mezquindad ultraliberal que obvia cualquier regla que desincentive la ley de la selva y cualquier otro escrúpulo ético o anaeróbico.

Keynesianismo

El neokeynesianismo es la rama apadrinada por Krugman y Stiglitz, los cuales de física demuestran no querer saber nada porque los dejaría en el paro. De medioambiente parecen entender bastante menos, porque cabrearían a una facción de la casta que los aplaude de manera apasionada con el fin de conseguir mayor tajada.

Uno de ellos, incluso, renegó de él. Negó la mayor a quien era sabio. Hasta que se reconvirtió de boquilla por conveniencia y ganas de obtener un desmerecido Premio Nobel de Economía. INNOVANDO no lo habría obtenido porque no sabe de qué va, ni siquiera en qué consiste. Las hemerotecas de literatura científica están para algo.

Los gurús contratados por Podemos que sustituyen a los primigenios ingenuos deben pensar, siguiendo doctrina obsoleta, que gastando dinero a lo bestia, repartiendo miseria sin plantearse cómo incrementar o ni siquiera mantener los ingresos de manera racional, ganarán las elecciones y encontrarán la piedra filosofal, que se traducirá en un soberano batacazo económico, jeringando todavía más la hecatombe económica, política y social venidera.

Venezuela es el ejemplo perfecto. Más del 90% de sus ingresos provienen del petróleo. El medioambiente importa allí un carajo. Ya nadie genera riqueza. No hay seguridad ni marco jurídico adecuado que protejan al empresario honorable ni justicia capaz de apaciguar tropelías gubernamentales.

Es fácil repartir dinero caído del cielo que, con el oportuno desplome de las cotizaciones del petróleo, es cada vez menos, dejando sus vergüenzas intransigentes al descubierto. Su otro ejemplo paradigmático es la “democrática” Cuba, sociedad que vive hoy de la caridad venezolana como antes vegetó gracias a la camaradería soviética.

Las propuestas económicas de Podemos parecen pues, en el mejor de los casos, pasado. El mismo pasado propiciado por la casta que tanto denuesta. Si continúa defraudando de esta manera, llegará sin fuelle a las próximas elecciones

Si mentamos cualquier otra economía ejemplar para el idílico Parnaso de los dirigentes del naciente aparato de Podemos y de sus astrólogos de cabecera, como puede ser la brasileña y casi cualquier otro populismo latinoamericano, o la Rusia actual, que vive opulentamente (alguno) de la venta de gas, todas sus economías sin excepción, incluyendo la australiana o la canadiense, progresan a base de dilapidar de manera acelerada sus recursos naturales finitos, de contaminar y de destrozar la naturaleza. Progresismo avanzado que no es más que pan para hoy, hambre y muerte para mañana.

Economías que no son ejemplo a seguir en un país como España, que no conserva ningún recurso natural, más que sol y contubernios clientelares subvencionados por las ineficaces Administraciones Públicas, y las continuas meteduras de pata de aquellos que ostentan el poder, por no decir nada más grueso, de los cuales algún preboste angelical emergente parece que ya se ha beneficiado, anunciando el inmenso pesebre disponible para los meritorios de la advenediza oleada de caspa emergente.

Las propuestas económicas de Podemos parecen pues, en el mejor de los casos, pasado. El mismo pasado propiciado por la casta que tanto denuesta. Si continúa defraudando de esta manera, llegará sin fuelle a las próximas elecciones. Perpetuará el régimen pseudodemocrático actual hasta que todo haga plaff porque perderá todo incentivo para su regeneración.

La historia demuestra con cabezonería y cerril maldad que aquellos países con exceso de recursos naturales para dilapidar son peor gobernados que aquellos otros cuya riqueza proviene de retorcerse el cerebro y trabajar con ahínco con el fin de ganar un sustento digno a base de innovación, cultura y conocimiento en el marco de un Estado de Derecho diferente a este perpetuo Estado de Cachondeo.

De defender instituciones democráticas fuertes y sanas, en contraposición a la degenerada justicia fascista que promueve de manera recurrente tropelías arbitrarias en este desgraciado país, violencia de género institucional que no son más que crímenes de lesa humanidad.

Aquí, afortunadamente, apenas quedan ya recursos naturales que derrochar más que bares o cafeterías, o corruptos recalcitrantes, lo cual implica que cualquier esquema a la venezolana aguantaría medio suspiro salvo que Venezuela nos subvencionara como a Cuba, para lo cual no le queda dinero más que para alguna consultoría destinada a prometedores compinches iluminados.

Un país sin seguridad jurídica ni leyes razonables, con censura y democracia nominal, que no real, no tiene ningún futuro más que manteniendo el orden a base de telemierda infame y a bofetada limpia. ¿Aló presidente? España lleva largo tiempo metamorfoseándose, preparando el camino a la tristeza que viene.

La Unión Europa no nos financiaría. En todo caso se apuntaría, justo antes de desintegrarse, vistos los populismos que afloran por todos lados sean de derechas, de izquierdas, con media pensión o con pensión entera. ¿No son suficientes los síntomas?

Los neokeynesianos no entienden que el mundo ha cambiado, que la economía del mañana será totalmente diferente a la de ayer, que sus recetas llevarán a España a la quiebra, en la cual ya está, aunque no lo quieran percibir a causa de los tipos de interés, los más bajos de la historia, lo cual avala la perspicacia de los analistas financieros y el fino olfato de sus sapientísimos mercados.

Una secta económica igual de cruenta y letal que el austericidio suicida, rama derecha de la ortodoxia económica, que ha rescatado bancos alemanes y franceses virtualmente quebrados. Que recorta en conocimiento, expulsa a la juventud mejor formada con el fin de mantener intactos miles de pesebres, alguno reservado a la casta emergente, para poder amansarla. Que tapona agujeros financieros con el fin de esconder las miserias corruptas y la codicia descontrolada de la banca centroeuropea, la City de Londres y Wall Street.

Decrecimiento

El decrecimiento será una realidad amarga a largo plazo, salvo que emigremos a Marte o el avance científico consiga que los humanos se alimenten de piedras y se limpien el culo con rastrojos reciclables.

A medio plazo, hablamos de unos centenares de años, el crecimiento económico será todavía posible si se consigue desacoplar crecimiento económico y gasto energético, deteniendo la pérdida de biodiversidad y la evolución fatal del cambio climático, lo cual no debería ser asunto complicado si hubiese voluntad y ganas de INNOVAR.

Para ello habría que crear un marco económico, político y social renovado, limpiando primero este podrido estercolero judicial que, entre otras muchas cosas, incentivara el ahorro energético de manera científica a la vez que aumenta la calidad de vida. Ello no solo es posible, sino necesario, si se elaborase la conveniente metodología que obligara a aplicar las mismas reglas de juego en todo el mundo, eliminando el dumping humano y medioambiental, y el generacional. Fomentado la eficiencia energética, la ciencia de la escasez y las ganas de pensar.

Dejando de legar miseria a nuestros hijos. Creando un sistema armonizado que eliminara el dumping fiscal entre países, haciendo desaparecer los paraísos fiscales interiores y exteriores a Europa.

Sustituyendo, por ejemplo, el impuesto sobre el valor añadido (IVA) por un impuesto sobre el incremento de entropía. Implantando la trazabilidad obligatoria con sistemas que desincentiven el gasto energético absurdo.

Reurbanizando la barbarie arquitectónica perpetrada durante el último medio siglo que obliga a utilizar el automóvil de manera masiva e intensiva. Derribando, para que sirva de escarmiento, la nefasta arquitectura estelar que tanta energía consume, de mantenimiento tan elevado a causa de su deficiente concepción, que se ha beneficiado de tanta corrupción.

Acciones tales, estas son apenas unos ejemplos, que redundarían en la creación de empleo a la vez que se protege el medioambiente y se atenúan las consecuencias catastróficas del cambio climático.

Liberalismo social

El trueque primero, y el mercantilismo después, dieron sus frutos creando riqueza, cultura y sofisticación hasta que el capitalismo salvaje lo pervirtió, implantando el simplismo en la educación y la basura en la arquitectura y el arte.

Sería conveniente fomentar la elaboración de un marco cabal que permita comprar y vender de manera libre, justa y honrada. Un liberalismo social y demócrata, que no socialdemócrata, para eso no queda dinero, decente y de verdad, capaz de preservar en la pobreza venidera, de una manera racional, los sistemas públicos de salud y de pensiones que dignificaron el siglo XX.

Quizás sea el único procedimiento conocido para construir un futuro, siempre y cuando se elaboren unas reglas de juego armónicas y racionales que desincentiven el derroche, el consumo salvaje, el gasto energético sin control y se ponga orden en el caos financiero. Todo lo contrario a lo que los neokeynesianos promueven, así como su oposición ultraliberal.

Dentro de un año son las elecciones. Parece que Podemos comienza a asimilarse a aquella casta de la que tanto abomina, pretendiendo sustituir una por otra encabezada por sus flamantes dirigentes, alguno de los cuales posee los tics de la precedente.

Sin un golpe de timón por parte de sus bases esperanzadas y pronto defraudadas, sus propuestas económicas serán las mismas recetas de siempre, siempre y cuando no promuevan cafradas a la venezolana, repartiendo miseria de manera igualitaria ya que, aquí, petróleo, no hay.

Acabarán fracasando si no aprenden historia de la economía en dos minutos. Si no espabilan rápido por su falta de interés en construir un futuro armónico, saludable, sano, limpio y brillante. Sin más objetivo vital que perpetuarse en el poder como la caduca casta precedente, sin gana alguna de afianzar ni regenerar las degeneradas instituciones democráticas, más que repartiendo lo poco que queda sin pretender construir nada. ¿Acaso es otro fraude más?

 

 

Apuntes de Enerconomía
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