Reindustrializar: remedio contra el cambio climático

Si se quiere construir un futuro más limpio que permita vivir mejor atenuando el cambio climático, la proximidad se convertirá en un destacado factor de productividad

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El consumo energético se reparte por tercios, aproximadamente, entre edificios, transporte (público y privado) e industria. El derroche es causado por la deficiente interrelación conjunta, por falta de sinergias que promuevan la eficiencia entre las partes, por la menor productividad energética del conjunto. La eficacia del todo, sumando las interrelaciones entre estos tres factores, es mucho menor que la de cada unidad computada individualmente.

Cuando el total es menor que la suma

Una oficina puede ser un modelo de sostenibilidad. Pero si todos los oficinistas van a trabajar en vehículo privado al no existir conexiones mediante transporte público o no se pueda acceder andando, en bicicleta o en tranvía, las emisiones generadas en el trasiego diario más que anularán la inexistente eficiencia energética de la oficina fashion, repleta de “acogedores” cubículos de “diseño” realizados con materiales inexplicablemente baratos demasiado contaminantes, todos igual de deprimentes en su uniformidad.

La cadena de montaje de un vehículo puede ser tremendamente productiva, los materiales del coche incluso reciclables. Pero si sus componentes provienen de factorías diseminadas por medio mundo con el gasto energético y la contaminación que suponen tales movimientos logísticos, anularán la presunta productividad o la eficacia energética con las que tales coches han sido ensamblados.

Los motores pueden ser cada día más eficientes. Pero si su uso se destina a disfrutar del atasco diario, tales aumentos del rendimiento motriz se diluyen a causa de un uso incómodo, inadecuado y excesivo. Tal derroche energético anula cualquier productividad de un duro día de trabajo. No se trata solo de disfrutar de coches con muy bajo consumo, sino de que su uso racional permita contaminar menos. Que estén en funcionamiento el menor tiempo posible, que se dediquen a usos que merezcan la pena más allá de ir a comprar pipas al kiosco o un botellín de gaseosa al bar.  

Un kiwi neozelandés podrá ser competitivo en precio en el mercado europeo. Pero si computara el coste medioambiental de su traslado hasta las antípodas, lo convertiría en obsceno objeto de lujo. Las huertas que antaño abastecían las ciudades, donde hoy se erigen lamentables adosados, volverían a competir a causa de la cercanía geográfica, que evitaría refrigeraciones innecesarias y exceso de transportes contaminantes.

La urbanización perpetrada durante los últimos decenios, abandonando el concepto de ciudad compacta y mediterránea, no ayuda precisamente a ello. El futuro comenzará cuando el urbanismo se renueve, cuando los medios de transporte ancestrales, como el clásico ferrocarril, vuelvan a estar de moda otra vez.

Cuando se fomente un transporte ferroviario eficiente, por ejemplo, más allá de tanta autovía prescindible. Olvidándonos de AVE y otros caros juguetes que no nos podemos permitir, a cambio de fomentar el transporte de mercancías por ferrocarril racional, como antaño.  

La reindustralización que creará empleo

Con la industria pasa lo mismo. Se adquiere todo en Asia. Es más barato, supuestamente. La eficiencia energética importa poco. La contaminación producida en el transporte hasta aquí no se contabiliza. Unas condiciones laborales dignas son un incordio.

Penaremos entre todos el coste medioambiental que tal “productividad” provoca con motivo del cambio climático. Por cercanía, ellos están siendo los primeros, sufriendo cada vez mayor polución en sus ciudades y enfermedades no solo respiratorias. ¿Son las enfermedades provocadas otra externalidad más?

El futuro comenzará cuando se diseñen políticas económicas que fomenten la eficiencia energética de una manera integral, tomando el todo como algo más que la suma de las partes, por muy eficiente que cada una lo sea, que tampoco lo son.

Cuando se generen acciones integradas diseñadas a nivel europeo cuyo objetivo primordial sea mejorar la eficiencia energética fomentando la ciencia de la escasez. Que permitan mitigar el cambio climático más allá de actuaciones aisladas que optimicen cada parte de manera aislada.

Programas que contribuyan a reducir las emisiones a la vez que generan empleo, cosas ambas compatibles. Programas ambiciosos que corten de un tajo el nudo gordiano del crecimiento económico, que permitan espolear el crecimiento económico.

La reindustrialización de España es el comienzo

Si se quiere construir un futuro más limpio que permita vivir mejor atenuando el cambio climático, la proximidad se convertirá en un destacado factor de productividad a computar en la ecuación de la producción, una vez sus parámetros se amplíen de tres a nueve.

Comenzará cuando la economía fundamental analice tales ineficiencias y proponga soluciones basadas en lo aquí dicho. Cuando la INNOVACION se enseñe en la universidad arrumbando la economía técnica que se aplicará de manera marginal, cuando no haya más remedio.

Se trata de hacer que la suma sea más eficiente que las partes, ahorrando divisas. Cambiar los dogmas, proponiendo una política económica racional que incorpore la proximidad como factor de productividad, aplicando la economía fundamental. Que permita reindustrializar España, Grecia y todo el sur de Europa, mediante un sano crecimiento económico que contribuya a devolver la deuda.

Seguimos con cuatro millones y medio de parados. España y Europa entera están en la obligación de mitigar el cambio climático mediante un programa de reindustrialización a fondo que reduzca transportes innecesarios y las emisiones con ellos, generando aquí empleo. 

A partir de hoy esta columna se publicará todos los viernes.

Apuntes de Enerconomía
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