El mundo dentro de 100 años según diez "prestigiosos" economistas

Si Keynes estuviera vivo se avergonzaría de sus colegas al escuchar sus propuestas para arreglar el mundo

Foto: El mundo dentro de 100 años según diez prestigiosos economistas

Pretender comparar a Keynes con la generación de economistas nobelados actuales es un insulto a la ciencia y a la inteligencia. No solo desarrolló la teoría que permitió la bonanza económica que llega a su fin, sino que fue un adelantado a su tiempo que participó y anticipó los efectos desastrosos del Tratado de Versalles que tantas turbulencias genocidas originó.

Si Keynes viviera se llevaría las manos a la cabeza al contemplar la ceguera, la terca cerrazón mental de sus colegas. Cómo no solo están conduciendo la economía y las finanzas hacia el colapso, sino que perseveran en aplicar sus insustanciales teoremas.

Keynes diría hoy cosas muy diferentes, adecuadas a las circunstancias actuales. Se alinearía con las animaladas soltadas en este blog, no tan keynesianas como sus postulados de entonces por razones que él asumiría inmediatamente. ¿El motivo? Sus multiplicadores son ya negativos, la prosperidad actual se nutre de desolación futura.

¿La causa? Las limitaciones geofísicas de este planeta. La pérdida de biodiversidad que lo empobrece. La cada vez menor productividad energética, a pesar del derroche creciente, al no proponerse romper el nudo gordiano del crecimiento económico. Al haber hecho de la tecnología religión, al haber convertido sus acienciados dogmas en misticismo avalado por la Academia de Suecia.

Su optimismo de entonces se volvería en pesimismo al ver como sus sucesores siguen perseverando en los errores, como han convertido en acto de fe sus vacíos postulados, como lucen una mente tallada a hachazos.

Y, lo más preocupante, como pretenden aplicarlos hasta destruir esta civilización, con tal de no abordar la economía de una manera multidisciplinar, dando el brazo a torcer, incluyendo aquellos pocos a los que todavía les queda algo de raciocinio entremezclado con serrín académico incrustado entre baratijas intelectuales y saldos matemáticos.

Hoy comentamos el reciente artículo de Héctor G. Barnés, donde narra como diez “prestigiosos” economistas se permiten el lujo de predecir cómo será el mundo dentro de 100 años, cuando ni siquiera son capaces de diagnosticar la desquiciada economía que están contribuyendo a triturar, la pobreza y las enormes desigualdades que están generando. Veamos.

La revolución de los derechos

Los derechos más fundamentales continúan menguando. El siglo XXI se está caracterizando por la desaparición de la clase media, por el retroceso de los Derechos Humanos en Occidente. Buena parte de las economías emergentes son democracias fallidas o dictaduras. Las desigualdades se acrecientan, la calidad de las democracias occidentales se deteriora, la acuciante falta de estadistas comienza a ser letal.

Los demagogos y partidos extremistas ganan terreno en Europa. La telebasura los promociona. En España continúa derogado el artículo 14 de la Constitución y el 1º de la Carta de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Son ya diez años. La ley mordaza y tantas otras nuevas disposiciones atentan contra sus propios ciudadanos. La tendencia es negativa.

La deslocalización ha sido fomentada por el dumping humano y medioambiental, y generacional, que los tales “sabios” no sabrían cómo abordar si supieran en qué consiste. El rápido crecimiento de China se ha producido a costa de infinitas salvajadas medioambientales que tienen fecha de caducidad. ¿Qué pasará después?

Viviremos más, trabajaremos más

A costa del dinero y los recursos que retraemos de las generaciones venideras al ser incapaces de descontar el futuro inmediato. En las culturas tradicionales, mal llamadas primitivas, no había obesidad, diabetes tipo II, hipertensión, ataques al corazón… Una vida sana lo impedía. Ahora es epidemia que pretendemos paliar a base de carísima sanidad, en vez de simple y barata prevención, en armonía con la naturaleza. Y nos creemos una sociedad avanzada ¿Trabajar más? ¿Con qué fin?

Acabaremos con el cáncer

Puede que sea verdad, pero dudo de que un economista tenga los conocimientos necesarios para opinar acerca de tal tema, como del resto, más que de oídas. Se evitarían muchos cánceres sociales y económicos si dejaran de pontificar acerca de lo que no saben y de lo que se niegan a estudiar.

El sistema de vida occidental se volvería más racional si dejaran de fomentar la depredación, si la contaminación desapareciera y los hábitos de vida fueran más saludables. Y, eso, no dicen cómo conseguirlo más que consumiendo y gastando todavía más.

Sólo nos veremos las caras para hacer el amor

Pues que lástima. ¿Qué diferenciará un ser humano de un animalito cualquiera? ¿Que fue de la conversación al calor de la chimenea, de la charla con los amigos o las cañas en el bar? ¿Qué será del arte y la literatura, la filosofía o el teatro? ¿Un sano debate o un simple paseo por el campo en buena compañía? Yo me mudo de planeta. Cualquier otro será menos inhóspito que este dentro de cien años como se materialicen sus prédicas.

La competitividad humana aumentará aún más

Totalmente de acuerdo. El cambio climático es el tercer problema planetario después de la pérdida de biodiversidad y los problemas derivados del ciclo del nitrógeno y el fósforo que generarán hambrunas cuando colapse la insostenible agricultura actual. Continúa destruyendo futura productividad.

Como sigamos sin INNOVAR, la competitividad se volverá a medir a garrotazos, como en el pasado. Aumentarán los conflictos con el fin de garantizarse el sustento y el agua.  

Lo de que habrá mayor prosperidad todavía lo tienen que demostrar en un planeta con recursos menguantes, crónicos problemas medioambientales, intransigencia ideológica creciente y fascismo camuflado en corrección política criminal.

El futuro dependerá de la gestión del riesgo

Tales sabios nos han llevado al desastre financiero al aplicar sus estúpidas teorías aparejadas por la inexistente gestión del riesgo que llevan implícitas. Si no son capaces de diagnosticar y menos de gestionar el riesgo presente, si la burbuja de deuda pública sigue aumentando, si obvian las limitaciones de este planeta al predicar un crecimiento económico imposible y un consumismo eterno en un lugar cerrado, ¿con qué autoridad hablan ellos de riesgo?

De los eruditos mencionados, el único que merece cierto respeto es Robert Shiller. Se ha pasado media vida denunciando la exuberancia irracional de los mercados. De ahí a ser un merecedor de un premio Nobel… Al menos no es un impostor.

Llega la era de los robots

Si lo dice Solow, máximo exponente de la nobelada religión tecno fanática compuesta por parámetros simples y bastas simplificaciones teóricas, seguro que no es verdad. Aunque los robots ayuden y la inteligencia artificial contribuya, ninguna máquina podrá tomar jamás las grandes decisiones que siempre serán humanas. Tales gentes pretenden excluir el componente emocional a veces acertado, aunque sus beatas teorías no muestran como podrán hacerlo.

El cambio climático provocará migraciones

Predicción obsoleta. Es pasado y presente. Ha ocurrido muchas veces a lo largo de la historia. Tan solo se intensificarán al calor del calentamiento global y el aumento del nivel de los mares. Muchos de los que llegan a EEUU y Europa lo son ya a causa suya, aunque las estadísticas no lo muestren.

Si tal como se menciona en el artículo grandes superficies de Canadá o Siberia se convierten en cultivables, el desastre podría ser enorme. Significaría que el metano agazapado entre el permafrost se habría liberado a la atmósfera, acelerando de manera dramática los procesos climáticos perniciosos. Tal posibilidad preocupa gravemente a los científicos de verdad.

El mundo es infinitamente más complicado de lo que esta gente de entendederas livianas cree sin pretender pensar. Sus interacciones son de enorme complejidad multidisciplinar, asunto ajeno a su cerril endogamia académica. Continúan pontificando sin rubor ni remordimiento sus absurdas simplezas exquisitamente teóricas.

Digan la próxima vez cosas originales y sensatas. Por mucha promiscuidad no solo intelectual que demostrara, Keynes se avergonzaría de sus colegas al ver en que han convertido tal amago de ciencia. La gran desgracia actual es que los intelectuales han sido sustituidos por tales egos de visión muy limitada. Así nos va.

Lástima que no sepan jugar al mus. Entrarían a saco ante este órdago a la grande si su almohadillada inteligencia y el temor a mostrar sus carencias intelectuales no los acobardara.

Apuntes de Enerconomía
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