Europa se muere

El maquiavelismo bruselense ha vencido a la exuberancia dialéctica mediterránea. El Gobierno griego ha sido humillado. No será derrotado, aunque sus ruinas duren otros 3.000 años

Foto: El ministro de Finanzas griego, Yanis Varufakis. (Reuters)
El ministro de Finanzas griego, Yanis Varufakis. (Reuters)

Vencieron pero no convencieron. No fueron capaces de ponerse de acuerdo, dicen que por las formas, será por el fondo. El maquiavelismo bruselense ha vencido la exuberancia dialéctica mediterránea.

El Gobierno griego, resignado, ha sido de nuevo humillado. No será derrotado aunque sus ruinas perduren otros tres mil años. La dignidad nunca dejará de brotar ni Sancho Panza cejará en mostrar la cruel realidad.

Varufakis venció. Tal es la paradoja. Intelectualmente y para siempre, sus verdugos pusieron en evidencia de manera ruin y agresiva su doble moral, el rasero que aplican a los demás mientras acallan el ombligo propio y la hipocresía que acabará con Europa entera, arrastrando a todos.

Tan culpable es el que acepta un préstamo sabiendo que no lo podrá pagar como aquel otro que lo concede de manera irresponsable, sabiendo que se pagará con creces mediante el sufrimiento de personas normales, honradas y trabajadoras.

Tiene tanta culpa de la crisis el ciudadano griego apaleado como el sufrido parado español condenado a pagar la factura de la corrupción, víctimas todos de la construcción imperfecta de Europa y el diseño en falso de su desdichada moneda. Europa se ha quedado a medias. O se reinventa, o fenece.

Si no espabila de manera inmediata comenzará su final. Sus rescoldos éticos y filosóficos se apagan ya. Los oscuros mercaderes financieros que han asaltado el poder han desplazado la Europa de las ideas y la cultura, la educación y los ideales, la libertad y el comercio. El espíritu de la Ilustración se desvanece. La codicia, la ignorancia y la estulticia han tomado el relevo.

Sálvese quien pueda. Primero se arroja Grecia a los tiburones (financieros) sin ninguna conmiseración. Luego irán Portugal, Italia y España. Alguno más caerá por la borda. Francia vendrá después. Alemania será la última, para variar, víctima de ella misma, de su intransigente soberbia teutona y de la falta de parroquianos a quien colocar sus miserias y sus nulos remordimientos. ¡Pobre tuerta desgraciada!

Grecia y Europa entera fueron indulgentes a pesar de cómo los trató y de haber pagado su reunificación. Detesta la reciprocidad y la condescendencia. ¿Acaso resurgen sus trágicas esencias?

La memoria se desvaneció. Será su epitafio. ¿Cuándo aprenderá? ¿Acaso no es consciente de que sin vecinos que la atemperen ella misma se autodestruirá como lo hizo siempre una vez haya acabado con los demás? Cuando las barbas de tu vecino…

La historia se repite. Una vuelta de tuerca sucederá a otra sin solución de continuidad. Sin ideales, Europa no es nadie. La sensatez vendría aparejada si se renovaran. La soberbia y la hipocresía, la disolución de los valores que la hicieron grande, ahogan este menguante espacio de libertad cada vez más embrutecido y contaminado.

El fortín europeo ha dejado de ser un lugar de refugio y de acogida, a pesar de haber provocado demasiados males. No quiere ver más allá de sus ruines murallas mezquinas y pecuniarias, de sus insostenibles privilegios a crédito con fecha de caducidad. Las almenas xenófobas y radicales son cada vez más altas y visibles, no solo en Melilla ni en alta mar.

Libertad, que se lo digan a todos los inocentes enclaustrados víctimas de la intransigencia, la desigualdad y la pobreza, aquellos a los cuales el colonialismo todavía presente destruyó su identidad y su forma de vida. ¿Cuántos abandonan su hogar a causa del cambio climático, las tropelías políticas y medioambientales provocadas por el modernísimo y civilizador Occidente?

Igualdad, que se lo digan a los inmigrantes ahogados en aquel Mare Nostrum reconvertido en cementerio, mar grandioso que una vez también les perteneció. Lago de unión y de oportunidades que no debió convertirse en infierno de tragedia y muerte que navega entre cadáveres a la deriva e indiferencia en televisión. ¿Qué fue de aquel lugar de prosperidad e intercambio, de unión entre ambas orillas que una vez fueron la misma, unidas por culturas gloriosas, saber y filosofía?

Fraternidad, que se lo digan a Grecia por muchos errores que haya cometido, los mismos que España y la hipocresía que sus verdugos no aplacan. A los náufragos que pensaban que Europa era un lugar de libertad y oportunidades en vez de fábrica de yihadistas renegados exportados hacia lugares destrozados por su barbarie civilizadora, por la corrección política impuesta por tanta ideología depravada envuelta en un manto de corrección política criminal.

Europa mantiene acogotada a Grecia. Será su boomerang. Venció pero no convenció. Varufakis, cual D. Quijote, ha sido apaleado. Yace abatido. No ha sido vencido.

Quizás resucite Europa algún día en la misma playa de Barcelona, en las antípodas gloriosas de la misma civilización que una vez fundó Ampurias e iluminó el occidente de Europa y toda la Humanidad, su nacimiento y su pasada grandeza.

Europa. ¿Cuál es tu enfermedad? ¿Tendrá que resucitar D. Quijote de nuevo para mostrarte tus mezquinas miserias, tu sórdida decadencia a manos de la cerrazón ideológica que te corroe, el desquiciado becerro de oro que tan ferozmente atenazas?

Europa, te ahogas víctima de tus excesos, de tu intransigencia económica y medioambiental, de tu falta de ideas y tu pasividad, de la traición a tus propios ideales, de tu creciente alergia a la palabra libertad, del rechazo a la auténtica igualdad, de tu odio y tu desprecio a la antaño sacrosanta fraternidad.

Reforma a conciencia o muerte vil envuelta en deshonor y tristeza, tal es tu disyuntiva vital. Europa, ¿qué fue de tinbsp;

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