El Banco Mundial sugiere descarbonizar la atmósfera

La emisiones de CO2 son el problema número tres de la Humanidad. El primero y el segundo, ¿a quien le interesa? El Banco Mundial propone cuatro grupos de medidas

Foto: Imagen de archivo de una central nuclear. (EFE)
Imagen de archivo de una central nuclear. (EFE)

Los dueños de las perras andan preocupados. El Banco Mundial propone tomar medidas que permitan un mundo libre de emisiones con el fin de detener las consecuencias catastróficas del cada vez más inquietante asunto del cambio climático. Recordemos. Es el problema número tres de la Humanidad. El primero y el segundo, ¿a quién le interesa?

Propone cuatro grupos de medidas:

1) Reducir para el año 2050 la intensidad del carbono en la producción global de electricidad hasta alcanzar prácticamente cero emisiones. Es el objetivo principal sugerido en el proceso de descarbonización de la atmósfera.

2) Sustituir las energías fósiles por electricidad producida mediante tecnologías bajas en carbono y renovables. Reducirá drásticamente las emisiones de los gases de efecto invernadero en aquellos sectores intensivos en gasto energético como el transporte, los edificios y la industria.

3) Incrementando la eficiencia energética de manera radical se provocará una reducción adicional de las emisiones, se facilitará la electrificación y se ahorrará en la factura energética.

4) Gestionando el campo y los ecosistemas de una manera más racional se podrá incrementar su capacidad para actuar como sumidero natural del exceso de CO2.

Por tanto, se trata de fomentar la captura de CO2 de manera natural mediante medidas agrícolas y forestales adecuadas, deteniendo la deforestación 

El Banco Mundial propone, por un lado, intensificar la electrificación de origen renovable de manera que el consumo se maximice a través de la red, desincentivando el uso de combustibles fósiles y descontaminando las ciudades, cuyo coste en salud para los ciudadanos es conocido y considerable. En España las muertes a causa de la polución del aire suponen un 2,8% del PIB. Otra externalidad a interiorizar.

Lo que no se gasta no contamina. Se podría ganar en calidad de vida tomando acciones efectivas que redujeran el derroche energético actual. Se trata, de manera complementaria, de reducir el consumo innecesario para la misma felicidad. El gasto energético se podría reducir a la mitad, sino a la cuarta parte, sin más problemas que los ideológicos.

Finalmente, se trata de fomentar la captura de CO2 de manera natural mediante medidas agrícolas y forestales adecuadas, deteniendo la deforestación de raíz en el Amazonas y en cualquier otra parte.

No suena mal del todo. Para eso hace falta elaborar políticas coordinadas en vez de tomar medidas aisladas contraproducentes, como hasta ahora, a menudo perjudiciales.

Europa tendría que recapacitar si es capaz de aprender de sus propios errores, como el muy reciente referido a los biocombustibles, elaborando un plan global y multidisciplinar que permitiera afrontar de una manera lógica y racional los desafíos crecientes.

Así, por ejemplo, no tiene ningún sentido promocionar de manera anárquica el uso del coche eléctrico. Cada país posee un mix energético diferente. Si se despliega en todos a lo loco sin tener en cuenta el grado de producción renovable en cada momento y en cada lugar, se corre el riesgo de hacer un pan como unas tortas si todos los coches tienen que cargar a la vez cuando la energía mayoritaria en ese instante provenga del carbón.

Recordemos que la producción mediante carbón, la menos eficiente energéticamente, es mayoritaria en países supuestamente modernos y avanzados como EE.UU. o China, los más contaminantes, que pueden colocar productos y servicios a buen precio haciendo dumping medioambiental, pura competencia desleal.

Imagen de un coche eléctrico en Madrid. (EFE)
Imagen de un coche eléctrico en Madrid. (EFE)

Las exportaciones de carbón australianas están contribuyendo a destrozar la Gran Barrera de Coral y, por lo tanto, la biodiversidad, el problema número uno, acogotando otro 25% de fauna y flota marina, incluyendo los mismísimos corales. ¿Cómo se contabiliza eso? La Economía Fundamental podría hacerlo si la censura académica y nobelada abriera la mente y evolucionara.

España podría realizar un buen papel en eso de la sostenibilidad si para cargar vehículos eléctricos se utilizaran contadores inteligentes que no aplicaran el mismo precio cuando hay exceso de viento por la noche que cuando el incremento de consumo se sacia mediante gas natural. Si se calculan las pérdidas del sistema, cuando la energía predominante es el gas, es casi preferible un coche convencional.

El asunto de cómo se contabilizan los dineros es otra cosa. Otro vacío que podría ser solucionado por la Economía Fundamental mediante sus propuestas de redefinición del concepto de productividad y valor añadido.

Cualquier política destinada a fomentar el coche eléctrico, pues, se debe hacer de manera cuidadosa y equilibrada, evitando cafradas como la solar del ministro Sebastián. O como la carísima demencia futbolera del vibrante Castor.

Hablando del Sol, ahora que las células fotovoltaicas han reducido su precio sustancialmente una vez la tecnología ha ido madurando y pasó la correspondiente burbuja patria, se podría fomentar la instalación de cercanía en tejados, evitando pérdidas y sobre dimensionamiento de la red como las provocadas por las grandes centrales fotovoltaicas localizadas en medio de ninguna parte. El efecto secundario es que tal medida lógica beneficiaría al ciudadano medio, no generaría comisiones ni provocaría corrupción. Tal cosa no interesa.

En lugares conectados a la red, las baterías no serían necesarias. Si ambos oferentes se dimensionan adecuadamente, el exceso de producción durante el día se podría verter y compensar con el exceso de viento que arrecia durante la noche.

Consistiría en potenciar la generación distribuida, cosa que los oligopolios detestan porque les resta ingresos que no merecen. Para la revista Forbes, se ha introducido un impuesto al Sol en España. Todo el mundo se mofa de la política energética española.

Cualquier política destinada a fomentar el coche eléctrico, pues, se debe hacer de manera cuidadosa y equilibrada, evitando cafradas

Según datos del propio Ministerio de Industria, Energía (sic) y Turismo, el precio de la electricidad doméstica en España es, al menos, un 25 % más elevado que la media europea y de aquellos que son competencia. La industrial lo es otro tanto. Así este país jamás será competitivo.

En cualquier otro país normal esto haría correr ríos de tinta y pondría en la picota a los responsables de tales extracostes, más allá de hacer notar que la factura de la electricidad no la entiende ni Dios. ¡Qué caras son las puertas giratorias! Saldría más barato pagar a los políticos cesantes un sueldo de por vida sin teléfono ni agenda privilegiada con el único objetivo de evitar que hicieran nada.

La suma de burradas perpetradas durante todos estos años han hipotecado la competitividad energética de España, salvo que alguien se proponga coger el toro por los cuernos y arreglar tal vergüenza, cosa no solo posible, sino deseable.

Únicamente se necesita poner al frente del negociado a alguien que entienda cómo funciona esto de la energía y, de paso, que sepa sumar el coste unitario de cada corruptela cometida. ¿El próximo Gobierno? ¡Ay que ingenuidad! 

Debería dar mucho que hablar este informe del Banco Mundial, el Santa Sanctórum de la ortodoxia económica. No por lo que dice, que no es nada que no se sepa. Sino porque por fin lo dice. Y eso es un avance. ¿Escucharán los fieles arrodillados? ¿Renegarán de sus fatídicos dioses nobelados?

Apuntes de Enerconomía
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