Una cuarta parte de los glaciares del Everest están cubiertos de porquería

Es triste comprobar como la contaminación y los desperdicios, las mismas externalidades tantas veces denunciadas, han alcanzado el techo del mundo. ¿Qué queda sin contaminar?

Foto: Imagen del Everest (c) y de otras montañas del Himalaya. (EFE)
Imagen del Everest (c) y de otras montañas del Himalaya. (EFE)

La lucha contra la corrupción científica internacional avanza. Comenzamos dando la enhorabuena. Ya está bien de privatizar la investigación y el conocimiento público. Es indecente que la ciencia generada mediante dineros de todos se publique en carísimas revistas privadas, librando de su lectura a investigadores sin recursos o hurtando estipendios a organismos y universidades con el fin pagar un dineral a quien no produce nada más que juzgar.

Es hora de que todos los trabajos de investigación financiados mediante fondos públicos se publiquen, obligatoriamente, en revistas abiertas a todos los que los han financiado: los ciudadanos. Aquel que pague una investigación de su bolsillo que haga lo que le plazca.

Si ayer fue la Antártida hoy es el Everest, la región que lo rodea y, por ende, el Himalaya entero. Esta vez es un estudio publicado en The Cryosphere, revista científica de acceso abierto.

Los glaciares del Himalaya en general, y los de la región de Dudh Koshi en particular, presentan desafíos supremos que ponen en riesgo su supervivencia. Se espera que sean muy sensibles a las variaciones provocadas por el cambio climático.

La zona de Dudh Koshi, en el centro de Nepal, acoge unos 410 km2 de glaciares y algunas de las montañas más elevadas, incluyendo el Sagarmatha (Monte Everest), Cho Oyu, Makalu, Lhotse y Nuptse. El río Duth Kosi, llamado río de la leche, muere en el río Kosi, importante afluente del Ganges. Proporciona una cuarta parte del potencial hidroeléctrico de Nepal.

Un 25% de tal superficie helada, toda por debajo de la cota 5.500, está cubierta por basura. Consiguen por tal hecho una velocidad de deshielo menor que en las zonas limpias a causa del efecto aislante de la porquería acumulada en su superficie.

Cruel paradoja. Después de tal afirmación seguro que algún escéptico iluminado sugiere llenar de mierda el resto de las capas heladas del planeta con el fin de detener su desaparición. Incluyendo la Antártida, Groenlandia o el Ártico, inaugurando de esta manera guarra geoingeniería de excelencia contrastada.

El clima de la región es muy estacional, tanto en temperaturas como en precipitaciones. A 5.000 metros de altura las temperaturas medias diarias varían entre -7 y +10 ºC con mínimos entre -25 y +10 ºC. Entre junio y septiembre, la época de los monzones, la temperatura media a tal altitud es superior a 0 ºC con oscilaciones muy reducidas. El 77% de las precipitaciones anuales caen en tal época. Otro 14% lo hace entre marzo y mayo, y prácticamente nada una vez finaliza el monzón y el subsiguiente invierno.

Un 80% de sus glaciares se localizan entre los 5.000 y los 6.000 metros. Según los modelos, el incremento previsto de las precipitaciones contribuirá a reducir la pérdida de masa esperada debido a las variaciones en las temperaturas. La importancia de las variaciones previstas en magnitud y la duración de los monzones podrían ser menores de lo que se creía hasta ahora, lo cual no es ningún consuelo. No compensará el volumen de deshielo previsto.

Un 25% de tal superficie helada, toda por debajo de la cota 5.500, está cubierta por basura

Las mayores pérdidas de superficie glaciar se esperan en altitudes cercanas a los 5.500 metros, en zonas actualmente limpias de desperdicios. A menor altitud, entre 4.000 y 5.000 metros, curiosamente en las zonas cubiertas de suciedad, la velocidad de deshielo será menor y podrían sobrevivir mejor, aunque su espesor disminuiría considerablemente, si se cumplen ciertos escenarios denominados “húmedo” y “frío”.

En los escenarios denominados “caliente” y “seco”, los glaciares localizados a temperaturas inferiores a los 5.500 metros desaparecerían para el año 2.100. Los situados entre 6.000 y 6.500 metros disminuirían apreciablemente su grosor. En cualquier escenario, el volumen glaciar, ya residual, se mantendría por encima de los 7.000 metros.

El escenario más conservador no mostraría ninguna pérdida de volumen por encima de los 6.000 metros. Al bajar hasta los 5.500 metros, desgraciadamente, el área glaciar se reduciría hasta un 80 %. En el peor escenario, desaparecerían totalmente por debajo de los 6.500 metros para el año 2100.

Aún asumiendo escenarios más benignos que los publicados hasta ahora, con mayores incrementos de precipitaciones y un posible menor calentamiento, seguirían sin compensar el dramático incremento de la velocidad de deshielo.

La conclusiones son demoledoras. Para el año 2100 habrán desaparecido más de dos tercios del volumen glaciar de la zona, si no prácticamente todo. Se mantendrán los glaciares indemnes únicamente por encima de los 7.000 metros.

A corto plazo, los ríos afluentes del Himalaya, que almacena una tercera parte del agua dulce de la Tierra, fluirán sucios pero caudalosos. Una vez los glaciares se derritan totalmente, sería interesante conocer cómo se van a alimentar tales ríos, quien va a dar de beber a los más de mil millones de habitantes que viven a su vera, o cómo se regarán sus hoy fértiles campos.

Si China e India no espabilan pronto, el control de la natalidad de su propia población a final de siglo, y el descontrol en la defunción, será radical por narices. La mayor asesina de la historia, la ínclita doña Sequía, succionará a aquellos que la han despreciado.

Es triste comprobar como la contaminación y los desperdicios, las mismas externalidades tantas veces denunciadas, han alcanzado el techo del mundo. ¿Qué queda sin contaminar? ¿No merece una reflexión tal circunstancia?

Mucho hielo derretido en apenas dos semanas. Es la única manera de mostrar un escenario global si se incluye Groenlandia y el Ártico, de los cuales ya hemos hablado. Están todos ellos deshelándose. ¿Por qué será?

Deben estar confabulados los científicos o todos estar equivocados, porque tienden hacia la misma conclusión: el planeta agoniza. El ser humano debería poner a remojo esta civilización terminal si no procede a su refundación, ideológica y económica, cual partido político anquilosado y corrupto.

El encabezamiento de hoy pretendía provocar, labor harto complicada en asuntos serios que se alejen del fascismo emergente camuflado mediante hábil corrección política criminal. Cada día aparece un estudio nuevo realizado por un equipo investigador diferente que disecciona un aspecto crónico de la realidad natural, sea biológica, climática o medioambiental. Se espabilará cuando ya no quede tiempo para reaccionar. ¿Quién dijo innovación?

Cuando finalice este siglo a este planeta no lo va a conocer ni Dios, el cual, a través de la ciencia verdadera, no deja de santiguarse por las barbaridades perpetradas. Los druidas nobelados continúan insistiendo en que ya nos adaptaremos, en que la tecnología sacará de la chistera soluciones milagrosas a tiempo. ¡Qué poco conocen el asunto!

Continúan clamando por un crecimiento económico a lo bestia, inmisericorde y sin limitación, filtrando a los medios su propia ignorancia, utilizando las mismas tácticas magistrales y tenebrosas del conocido propagandista doctor Goebbels.

Los científicos de verdad, aquellos encargados de proporcionar inventos y soluciones para que los druidas se lleven los honores, prefieren pensar en vez de creer, aunque sea una labor mucho más cansada. No tienen tan claro que tal cosa vaya a ser posible en el ámbito de las ciencias sociales a no ser que se desarrolle la Economía Fundamental.

Cuando por fin arranque, ¿será demasiado tarde?

Apuntes de Enerconomía
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