Por una Autoridad Oceánica Mundial

Es necesaria la creación de una Autoridad Oceánica Mundial capaz de proteger los mares de los excesos. De racionalizar su explotación y poner límites a toda actividad sucia y depredadora

Foto: Un niño juega en una playa contaminada en Yakarta. (EFE)
Un niño juega en una playa contaminada en Yakarta. (EFE)

Los océanos constituyen la séptima economía mundial. Desgraciadamente, no hay nadie que los proteja ni que defienda sus intereses, que son los de todos, como a cualquier otra nación o colectivo.

Convidado de piedra al capitalismo salvaje

Todo el mundo se cree con derecho para arramplar con lo que encuentra a falta de normas de buena conducta acuática. Esquilmar caladeros, depositar plásticos en la superficie del mar, ensuciar sin compasión sus aguas, convertirlo en vertedero, hormigonar las costas, acidificar sus corales, aumentar de manera abrupta su nivel, destruir su biodiversidad, contaminar mediante actividades extractivas irrespetuosas…

La contaminación que producen los barcos está por tratar en profundidad. La hipocresía terrestre obliga a que sean los buques los que quemen los residuos más contaminantes del barril de petróleo. Espectáculo que no se contempla en tierra con el fin de evitar remordimientos. El diésel de los coches tratado la semana pasada es perfume aromático comparado con lo que sueltan las chimeneas de los barcos.

IMO no es suficiente

La IMO (Organización Marítima Internacional) es una organización dependiente de las Naciones Unidas que lleva lustros luchando por la seguridad de los buques y del transporte marítimo. Organización que es responsable en buena medida de que el número de accidentes marítimos sea muy reducido. Tradición que inauguró la catástrofe del 'Titanic', que alumbró la primera versión del SOLAS, el Convenio para la Seguridad de la Vida Humana en la Mar.

Los buques tienen pendiente una contribución efectiva a la moderación del cambio climático

La IMO lleva decenios a la vanguardia de la lucha contra la contaminación, intentando controlar la polución que producen los buques, a través del MARPOL, el Convenio para la Prevención de la Contaminación por los Buques. Afecta a los barcos de chimenea para abajo. A esta apenas la incluye. Convenio que no siempre se cumple de manera rigurosa a causa de la piratería proveniente de países supuestamente civilizados y la falta de medios para su control en muchos lugares.

Es insuficiente. Los buques tienen pendiente una contribución efectiva a la moderación del cambio climático, cosa en que todos los que conocen el sector están de acuerdo. Solo necesita capacidad para hacerlo y medios para implantar medidas de manera rápida y eficiente. Una enorme oportunidad para España, casi rodeada por mar, de generar riqueza y empleo.

Los océanos se pueden regenerar

Los océanos conservarán vida y belleza si se deja de utilizarlos como vertedero y como sumidero de CO2. Los caladeros se pueden regenerar si se lucha contra la piratería pesquera, se controlan de manera efectiva las capturas y se gestionan con cabeza, cosa que todo el mundo dice que hace, pero que muy pocos realizan.

Nadie puede poner puertas al mar. Las emisiones, los residuos y la contaminación traspasan sin respeto a las normas terrestres los límites territoriales. Donde hay leyes, a menudo ni siquiera se cumplen.

Excesos medioambientales que eran impensables antiguamente. Cuando éramos menos tecnológicos pero sin duda más sabios, cuando se estudiaban Humanidades en el colegio. Los antiguos sabían que aquel que se pasaba de rosca con el terruño y los montes vecinales lo acababa pagando con hambruna, la hacienda y, a menudo, con la vida.

No todos. Los mayas se hicieron el haraquiri. A los habitantes de la Isla de Pascua les dio, entre moái y moái, por deforestar la isla; se destruyeron ellos mismos entre guerras tribales y delirios de grandeza, para disfrute de concienciados turistas 'ecológicos'.

Por una Autoridad Oceánica Mundial

Parafraseando a la clarividente ministra cuota de Zapatero, el tal Rodríguez de infausto recuerdo, los océanos no son de nadie. Tampoco la burbuja de crédito y de dinero público que se gasta de manera inútil, según seguimos comprobando.

Los océanos son el mayor bien común en peligro. Tragedia de los bienes comunes global que será la más letal y definitiva si no se actúa inmediatamente

Es necesaria la creación de una Autoridad Oceánica Mundial capaz de proteger los mares de los excesos. De racionalizar su explotación, de controlar, denunciar y poner límites razonables a toda actividad sucia y depredadora.

Capaz de tomar sabias decisiones vinculantes y obligarlas a aplicar. De soportar la presión de los intereses inmediatos y ponerlos a salvo del capitalismo salvaje que cada día nos destruye un poco más.

Administrando justicia con sensatez, a la manera antigua del Tribunal de las Aguas de Valencia. Los océanos son el mayor bien común en peligro. Tragedia global de los bienes comunes que será la más letal y la definitiva si no se actúa de manera inmediata siguiendo las enseñanzas de la Nobel Elinor Ostrom.

Los océanos no son de nadie. Sus bienes continúan al alcance del primero que pasa por allí. Tal mentalidad provocará hambrunas a no mucho tardar. Cuando, entre corales disueltos y pesquerías sobreexplotadas, los mares se queden desiertos. Hay que evitarlo. Faltan apenas dos meses para la Cumbre de París. Cu, cu. ¿Hay alguien ahí?

Apuntes de Enerconomía
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