De nuevo sobre arbitraje y corrupción

Vamos a tratar del presidente de un tribunal para arbitrar una disputa entre AmTrust y un italiano que reclama más de 1.000 millones por la terminación anticipada de una 'joint venture'

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He escrito algún artículo sobre arbitraje y corrupción. Ahora vuelvo sobre el tema. Una jueza italiana, Laura Consentini, ha accedido a la solicitud de AmTrust de remover a un árbitro italiano debido a las alegaciones de hostilidad entre esa parte y el árbitro. La decisión no está formalmente basada en las alegaciones de corrupción.

Pero la hostilidad entre una de las partes y el árbitro está originada precisamente por la existencia de corrupción. Una vez más podemos plantearnos la eterna cuestión de si la corrupción es consustancial a toda actividad humana, y en consecuencia si también existe en el arbitraje, o por contra el arbitraje es un territorio inmune a la corrupción.

Pues bien, vayamos a ver lo que ocurre en este arbitraje, que en todo caso pone de manifiesto la dificultad con que se enfrentan siempre las empresas extranjeras para hacer negocios en Italia. De hecho, Italia es el país peor situado de la euro zona en los índices de corrupción de Transparencia Internacional 2015.

Aquí vamos a tratar del presidente de un tribunal para arbitrar una disputa entre esta compañía de seguros americana y un hombre de negocios italiano que reclama más de 1.000 millones de euros por la terminación anticipada de una 'joint venture'.

Y aunque la decisión judicial no pone en duda la imparcialidad del tribunal, sí refuerza de una forma evidente la validez y seriedad de la denuncia de cohecho, de la que conoce un tribunal de Manhattan.

El italiano alardeó de que iba a tener una resolución favorable y escribió que pagaría al árbitro presidente del tribunal un 10% de lo que le fuera reconocido

Entre otras lindezas, con un estilo un poco siciliano, el representante de AmTrust en Italia habría recibido una caja con balas, sí, ha leído bien, balas; una para él, otra para su mujer y una para cada uno de sus siete hijos, con una carta anónima. Esto recuerda alguna escena de 'El padrino'.

AmTrust inició una investigación a través de una compañía de investigadores privada que simulaba tener una operación en China, y el italiano alardeó de que iba a tener una resolución favorable en el arbitraje y llegó a escribir que pagaría al árbitro presidente del tribunal arbitral un 10% de lo que finalmente fuera reconocido a su favor. Es muy interesante leer la noticia y la querella.

Lo que parece claro es que el hombre de negocios italiano era o es un poco siciliano y que alardeaba de sus mafias para conseguir entrar en otro contrato. En todo caso, aquí ha conseguido la empresa americana apartar al árbitro antes de que este hubiese decidido el litigio por medio de un laudo pues, durante el procedimiento, el árbitro corrupto ha sido apartado. Cabría preguntarse cuál sería la consecuencia si la existencia de corrupción fuera probada después de dictarse el laudo.

¿Cuál sería la consecuencia si la corrupción fuera probada después de haberse dictado el laudo?

A mi juicio, si pudiera demostrarse que el laudo se ha dictado mediando corrupción, el mismo sería contrario al orden público. Y podría fundarse la acción de anulación en el correspondiente motivo previsto en la ley de arbitraje, en los laudos sometidos a la ley española. Y transcurrido el plazo para la acción de anulación, habría que ejercitar el recurso de revisión.

Pues bien, este caso demuestra que además de la corrupción que puede existir fuera del arbitraje y que es conocida en el arbitraje (por ejemplo, un contrato concedido por medio de cohecho en base al cual se reclama en el arbitraje), que es la que normalmente se trata en la literatura sobre arbitraje, también existe el arbitraje corrupto. Y que toda lucha contra él es poca.

Creemos sinceramente que, en la comunidad arbitral española, los esfuerzos hechos por el club español de arbitraje, aprobando reglamentos tipo, código de conducta, etcétera, han servido para elevar los estándares éticos existentes en el arbitraje. Pero siempre habrá excepciones y siempre habrá manzanas podridas. Denunciarlas cuando las veamos no solo es una necesidad para el que la sufre, también será un gran servicio para la comunidad arbitral, que lo agradecerá, eliminando de raíz los sujetos que puedan estar implicados en una conducta indigna.

Arbitrando, que es gerundio

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