Greta Garbo y el arbitraje

Greta Garbo se retiró con 36 años. Dice la leyenda que se ocultó en la cima de su carrera y evitó toda fotografia porque quería que la recordaran en la cúspide y que no viera nadie su decrepitud

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Segun Wikipedia, Greta Garbo (Estocolmo, 18 de septiembre de 1905 - Nueva York, 15 de abril de 1990) es el seudónimo de Greta Lovisa Gustafsson, una actriz sueca nacionalizada estadounidense que vivió la mayor parte de su vida en Estados Unidos y adquirió reconocimiento internacional por participar en varias producciones cinematográficas de Hollywood -entre ellas Ninotshka-, tanto mudas cuanto sonoras, en los 20 y 30 del siglo XX. Se retiró de la actuación en 1941.

Se retiró de la escena -y del mundo en general-con solo 36 años. Dice la leyenda que se ocultó en la cima de su carrera y evitó toda fotografia porque quería que la recordaran en la cúspide y que no viera nadie su vejez, su decrepitud.

El caso de Greta Garbo es diametralmente opuesto al de Juan Pablo II, cuyo deterioro fue retransmitido casi en directo ante los ojos de todo el mundo. Todavía se le recuerda, enfadado, en el balcón del Vaticano porque la enfermedad de Parkinson le creaba evidentes dificultades para hablar.

Greta Garbo quería ser recordada como la más bella y tenía que esconderse; Juan Pablo II se sentía obligado a culminar su misión y no se planteba retirarse antes

Es verdad que las motivaciones de una y otro eran radicalmente distintas: ella quería ser recordada como la más bella y tenía que esconderse cuando todo lo que podía hacer era bajar desde lo más alto; él se sentía obligado a culminar su misión hasta el final y no se planteba retirarse antes -lo que después hizo Benedicto XVI entonces era impensable-.

Bueno, todo eso esta muy bien, pero ¿qué tiene que ver esto es con el arbitrajenbsp;Nada, con el arbitraje, nada. Conmigo, salvando las distancias -abismales-, algo más. Pero no soy tan pretencioso como para compararme con ninguno de ellos, aunque su respectiva situación me recuerda a la mía.

En estos ultimos años, me he dedicado bastante al arbitraje, y también he llevado muchos temas regulatorios financieros (fundamentalmente, expedientes sancionadores de la Ley del Mercado de Valores).

En arbitraje me había construido un perfil que me situaba bien para los años venideros: desde el año 1996 era árbitro del Tribunal Arbitral del Fútbol, desde 2002 he llevado arbitrajes como abogado o como árbitro en la Corte de Arbitraje de Madrid (Cámara de Comercio), la Corte Civil y Mercantil de Arbitraje (CIMA), la Corte del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid y el Tribunal Español de Derecho Deportivo. Y fuera de España he intervenido como árbitro en la CCI de París y en la London Court of International Arbitration. En los últimos años he estado en la Junta Directiva del Club Español de Arbitraje. En 2015 creé un blog sobre arbitraje en El Confidencial en el que he publicado más de 25 artículos y también un libro en el que he juntado esos artículos y algunos otros. También he publicado muchos artículos sobre arbitraje en revistas especializadas y libros colectivos y acabo de coordinar un anuario sobre arbitraje que espero que sea el primero de una coleccion y que salga todos los años. Y en los Directorios aparezco recomendado como árbitro en Chambers y otros directorios.

Ahora lo dejo y cual Garbo me retiro. Aunque pueda identificarme más con él y sus circunstancias, no tengo una misión que cumplir que me obligue a seguir

Pero ahora lo dejo (espero que provisionalmente) todo o casi todo y cual Greta Garbo me retiro. Aunque pueda identificarme más con él y sus circunstancias, no tengo una misión que cumplir que, como a Juan Pablo II, me obligue a seguir hasta mi final.

Aprovecho estas lineas para anunciar (al menos de momento) mi retirada profesional total o casi total y para despedirme de mis clientes y conocidos en general. Y para dar las gracias a todos y en particular a Nacho Cardero, director de El Confidencial, por apostar por una columna tan atípica para un medio, a Ashurst por todo lo que me ha dado desde 2002, a la Abogacía del Estado, a la que debo todo lo que hecho en Derecho desde 1991, al Club Español de Arbitraje, que me ha enseñado mucho en arbitraje y a mi mujer y a mis hijos por lo mucho que me han querido y aguantado siempre, especialmente en los últimos años.

También a la vida debo darle las gracias por todo lo que me ha dado, incluso ahora, por lo que me ha dejado y por lo mucho que me ha permitido disfrutar.

Voy a intentar seguir escribiendo, siempre me quedará París.

Gracias.

Arbitrando, que es gerundio

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