Salir de viaje

“Si imprimir moneda y crear inflación creasen empleo, Zimbabwe sería el país campeón del trabajo.”Daniel Lacalle, Viaje a la Libertad EconómicaCruzar el mar desde el colectivismo

“Si imprimir moneda y crear inflación creasen empleo, Zimbabwe sería el país campeón del trabajo”.

Daniel Lacalle, Viaje a la libertad económica

Cruzar el mar desde el colectivismo hasta el liberalismo supone una travesía complicada, y que muy pocos llegan a completar pues son muchas las islas en las que cantan las sirenas y poderosos sus moradores. Sin embargo, ese es el viaje que Daniel Lacalle comenzó años atrás y que relata en su nuevo libro Viaje a la libertad económica (Deusto), que se presenta hoy en Madrid aprovechando su salida a la venta. Libro que ve la luz menos de un año después del anterior bombazo editorial Nosotros, los mercados; quizá demasiado pronto, pero eso es algo que tanto él mismo como su editor habrán valorado mucho mejor que yo.

Las lecturas de autores socialistas eran comunes en su juventud; sin embargo, fueron los economistas neoclásicos quienes marcaron su primera etapa como profesional. Ellos y la intervención estatal, el paradigma económico que nos ha acompañado desde que Keynes convenciese al Gobierno británico primero, y a todos los demás occidentales después, de que el mercado se equivoca, y de que es el Estado quien debe recomponer la situación. Todas las economías capitalistas, sin excepción, han aplicado en mayor o menor medida las enseñanzas de Lord Keynes. Desde el Oeste hasta el Este; desde los neoliberales y neocons norteamericanos (quizá algún día nos explique qué significan esas etiquetas) hasta los tranquilos japoneses de Shinzo Abe.

Lacalle es de esos raros economistas que circulan por el mundo con experiencia en finanzas y sólidas bases teóricas. No es muy normal encontrarse con alguien de su mundo con conocimientos que rivalizan con los de muchos profesores de universidad. Sin duda proviene de su afán de devorar libros e informes técnicos. A ello debemos añadirle la experiencia, que comparte con sus lectores, reflejada en horas de reuniones con clientes, competidores y economistas de primer nivel, muchos como Greenspan o Bernanke, responsables de las decisiones de política económica que han marcado los últimos años.

Lacalle propone un camino hacia la libertad devolviendo al individuo su responsabilidad, su capacidad de decidir, su dinero. No es una defensa de los ricos, no. Olviden los clichés al uso y lean el libro. Observarán cómo de la reducción de impuestos resulta una mejor redistribución de la renta De la mano de Lacalle recorremos China, los EEUU, Venezuela, Argentina, Japón y la Unión Europea, entre otros lugares apasionantes, y la charla con él que supone la lectura nos permite comprender por qué más represión financiera y menos libertad no pueden provocar más prosperidad. Muchos rebatirán la afirmación anterior, recordando el crecimiento que el mundo ha tenido especialmente en los últimos cuarenta años. Son estos quienes, en primer lugar, deberían comprar billetes para este viaje, pues así entenderán cómo un crecimiento basado en el crédito, en el gasto, en la creación de burbujas y no en el ahorro no es sino una mera ilusión; una pantalla gruesa que esconde una realidad tan terrible como la que la actual crisis nos está recordando.

Resulta especialmente interesante, en ese tránsito, el análisis que efectúa Lacalle del paradigma de la intervención pública en economía, el New Deal de Roosevelt. Recuerda cómo la economía norteamericana se recuperó a pesar de las medidas represoras; sí, digo bien a pesar, y no gracias, pues diversos estudios que el autor consigna muestran cómo los EEUU retrasaron su salida de la crisis un buen número de años debido a las socializantes medidas del presidente de los EEUU, y cómo fue el enorme gasto de una economía militarizada en los albores de la Guerra Mundial el que tiró de la recuperación.

No evita Lacalle los asuntos espinosos como los desahucios, y también recuerda las posibles formas de salir de esta crisis: con una quita enorme, con una devaluación monumental acompañada de altos niveles de inflación (el impuesto silencioso, nos recuerda) o “recortando gastos y bajando impuestos, atrayendo capital inversor y recapitalizando el sistema con dinero extranjero”; resulta ocioso descubrir cuál de las tres es su preferida, pues como bien señala el autor, ni hay quitas con confianza ni se puede devaluar sin empobrecer a los ciudadanos. Así pues, la única vía proviene del saneamiento del sistema y la reducción de la intervención pública, una ruta lenta, complicada, pero segura a medio y largo plazo.

En un momento en el que se debate la posibilidad de deflación en las economías desarrolladas, son constantes a lo largo del libro las referencias a la inflación y sus terribles efectos en los más desfavorecidos; los continuos incrementos de impuestos “porque no tenemos más remedio” (siempre a cambio de no recortar gasto político) que recaen sobre los asalariados, la hiperregulación y ultranormativización de la actividad individual, siempre trufadas de efectos igualitaristas que sólo vertebran la desigualdad y mantienen el statu quo político en niveles intolerables. El capítulo dedicado a los unicornios resulta particularmente fascinante.

Frente a ello, y gracias a este viaje en el que recorre el mundo, propone Lacalle un camino hacia la libertad devolviendo al individuo su responsabilidad, su capacidad de decidir, su dinero. No es una defensa de los ricos, no. Olviden los clichés al uso y lean el libro. Observarán cómo de la reducción de impuestos propugnada por Arthur Laffer, economista tan despreciado por la élites neokeynesianas como acertado en sus planteamientos, resulta una mejor redistribución de la renta derivada del incremento inmediato de la actividad económica; muchos de Uds. leerán por vez primera referencias a la escuela austriaca de economía (“me recordaba a Sonrisas y lágrimas”, bromea el autor sobre su aproximación inicial gracias a Schiff), y sólo por eso ya les habrá merecido la pena la lectura, pues abrir la mente al disenso, plantearse la realidad desde una perspectiva contraria a la corriente dominante, pensar que no todo es como dicen los economistas multimedia es altamente gratificante. Y, eso, de nuevo, Lacalle vuelve a lograrlo con este libro entretenido, de lectura ágil, con multitud de capítulos breves que ya son marca de la casa, en los que la opinión queda perfectamente separada del rigor del planteamiento. Concédanse unas vacaciones y salgan de viaje hacia la libertad.

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