Igualdad, pobreza, manipulación y estadística

"No me importa la desigualdad, porque no soy envidioso. Me importa la pobreza." P. Schwartz “Cierto conocimiento estadístico puede ser necesario para una apropiada comprensión y utilización de toda

"No me importa la desigualdad, porque no soy envidioso. Me importa la pobreza." P. Schwartz

 “Cierto conocimiento estadístico puede ser necesario para una apropiada comprensión y utilización de toda la información disponible y para protegerse contra la propaganda errónea”. C.R. Rao

 

Dos son las principales características de la sociedad de la información en la que vivimos: la inmediatez y el volumen. Si los periódicos digitales hacen que el papel envejezca en horas, Twitter provoca el mismo efecto con los digitales en cuestión de segundos. Necesitamos información, y la queremos ya. Al mismo tiempo, la capacidad de registrar y almacenar datos ha crecido exponencialmente estos últimos años, mientras que el software disponible para llevar a cabo las necesarias operaciones de análisis se ha generalizado. Si bien son innegables las ventajas del proceso, no cabe duda de que los efectos secundarios que genera son también importantes. El principal es la transformación de los “análisis de urgencia” en “opiniones precipitadas”. Un análisis requiere de las necesarias calma y reflexión, en general reñidas con la urgencia que exigen los medios; la competencia es atroz, y unos minutos pueden costar caros en términos de audiencia y de inversión publicitaria.

Viene todo esto a cuenta del informe “Gobernar para las élites” que presentó la muy reputada ONG Intermón Oxfam el pasado lunes 20 de enero, y la irreflexiva reacción de muchos medios, periodistas y opinadores culpando al capitalismo del mal causado. No voy a entrar en el análisis del mismo, pues ya los ha habido y muy buenos como este de Pablo R. Suanzes, este otro de Domingo Soriano o este de J.R. Rallo. No voy a comentar el cambio de mensaje, que ha pasado de criticar la pobreza a la que el capitalismo ha condenado al mundo a exigir, ahora que se ha evidenciado lo contrario, la eliminación de la desigualdad. Y sí, efectivamente, la pobreza se está erradicando. Siendo un problema terrible, lo es menos hoy que hace 20 años. Tienen mucho que ver las campañas de sensibilización que las ONG, entre ellas Intermón Oxfam, han efectuado en los últimos años; tienen mucho que ver los fondos de ayuda al desarrollo que se han transferido desde los países desarrollados, así como los programas y las iniciativas locales desarrolladas gracias a estos fondos.

¿Qué es mejor, una población donde son mayoritariamente iguales en la pobreza extrema, como lo eran los chinos hace 30 años, o una en la que se haya casi erradicado la pobreza, a pesar de existir mayor desigualdad?

Pero si hay algo que fuera de toda duda ha contribuido a mejorar el nivel de vida de tantos es la iniciativa privada y el libre comercio. En cuanto a la primera, el libro Repensar la pobreza de Banerjee y Duflo, imprescindible para todo aquel interesado en el tema, ofrece múltiples ejemplos de cómo el sector privado, cuando se dan las circunstancias de respeto a la propiedad privada y una cierta libertad, es capaz de generar riqueza, como siempre lo ha hecho, desde el principio de los tiempos; recordemos que la sociedad ha evolucionado sin necesidad de estados omnipresentes, tal y como los conocemos hoy, hasta hace sólo 100 años. En cuanto al efecto del libre comercio, el documento de trabajo del pasado año de Le Goff y Singh Does trade reduce poverty? A view from Africa es sólo uno más en incidir en la importancia del libre comercio como factor de reducción de la pobreza, tanto más cuanto mayores sean los niveles de educación y gobernanza del país; los trabajos de Xavier Sala i Martin son muy reveladores en ese sentido.

Cita el informe de Intermón Oxfam a cinco países en los que la desigualdad se ha incrementado mucho en los últimos años. No señala cómo, sin embargo, la reducción de la pobreza ha sido al menos tan radical, destacando China en ese terreno, un país en el que hace solamente 30 años al menos 4 de cada 5 habitantes vivía con menos de 1,25 $ diarios; hoy son menos de 1 de cada 5. ¿Qué es mejor, una población donde son mayoritariamente iguales en la pobreza extrema, como lo eran los chinos hace 30 años, o una en la que se haya casi erradicado esta, a pesar de existir mayor desigualdad?

Con fondo rojo, último año en el que se registró la más alta proporción de población viviendo en pobreza extrema, y rango de la misma; con fondo azul, proporción de la población que vivía en pobreza extrema en 2012, último disponible. Datos del Banco Mundial. Por pobreza extrema se entiende vivir con menos de 1,25 $ al día. Siempre en paridad de poder adquisitivo (PPA), es decir, considerando la equivalencia del poder de compra del dinero.

 

No voy a entrar tampoco en la flagrante contradicción en la que incurren los autores al pedir mayor intervención pública y al tiempo protestar por el “secuestro del Gobierno por parte de las élites”; si se quiere garantizar la democracia, la solución pasa por renunciar a la deuda, al déficit y al crédito desmedidos, fijando el valor de la moneda en relación a un patrón físico que impida al político subastar voluntades cada cuatro años con dinero ajeno, como la actualidad de los últimos años prueba.

Lo que más me ha llamado la atención del informe, sin embargo, es lo terriblemente malo que es en el aspecto metodológico. Cualquier alumno de un grado en Economía o en Administración de Empresas, no digo ya en estadística aplicada, habría suspendido de presentar un trabajo de fin de curso como el informe de Intermón Oxfam. Insisto, me centro exclusivamente en la parte estadística, no en las opiniones expresadas disfrazadas de verdades irrefutables.

Si todo lo anterior no es de recibo para un alumno de primero de carrera, que al fin y al cabo está aprendiendo, qué podemos decir de una organización profesional que en el último ejercicio económico recibió 30,5M de euros de ayudas públicas. Engañar nunca es la solución, pero con dinero público es inmoral

No es admisible mezclar fuentes que emplean distinta metodología para extraer conclusiones y derivar de ahí consejos de política económica (como la “supervisión coherente de la participación en la riqueza del 1% más rico de la población en todos los países”, la “mayor regulación de los mercados”, o la “fiscalidad progresiva”, entre otros). No es admisible mezclar variables stock (como la riqueza, formada por todo tipo de bienes, financieros y no) con variables flujo (como la renta). No es admisible emplear el índice de Gini sin hacer referencia a la metodología empleada en su construcción; no es lo mismo emplear como indicador el consumo (el habitualmente empleado por los servicios de estadística de los países en los que el sistema fiscal es muy deficiente, en general los menos desarrollados) que la renta disponible (el empleado por Eurostat, por ejemplo).

Incluso si todos los países empleasen la renta disponible como indicador, para ser realmente homogénea la comparación sería imprescindible que el índice contemplase todas las transferencias de renta efectuadas, como por ejemplo la sanidad y la educación; en otras palabras, incluso empleando la misma metodología, la misma renta disponible neta en España, a poder adquisitivo equivalente, no es comparable con la de Nigeria.

Si todo lo anterior no es de recibo para un alumno de primero de carrera, que al fin y al cabo está aprendiendo, qué podemos decir de una organización profesional que en el último ejercicio económico recibió 30,5 M de euros de ayudas públicas. Engañar nunca es la solución, pero con dinero público es inmoral. Y digo engañar porque a estas alturas no me consta que hayan rectificado, manteniendo el informe a pesar de las advertencias. Como dijo H.G. Wells, “el pensamiento estadístico será algún día tan necesario para el ciudadano competente como la habilidad de leer y escribir”. Sólo con conocimiento podemos evitar la manipulación.

Big Data
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