A vueltas con la austeridad

Vuelven los temores, si es que alguna vez se fueron del todo. Alemania e Italia vieron caer sus PIB en un 0,2% respecto del trimestre anterior

Foto: Manifestantes en París contras los planes de austeridad. (Reuters)
Manifestantes en París contras los planes de austeridad. (Reuters)

When the time for addressing deficits comes—and it will—we need to reduce spending, not raise taxes.

D. Morgan. Junio 2014.

 

Vuelven los temores, si es que alguna vez se fueron del todo. Ayer se conocieron los datos de crecimiento del PIB de Europa y se confirmaron las dudas de muchos acerca de la debilidad de la recuperación. Alemania e Italia vieron caer sus respectivos PIB en un 0,2% respecto del trimestre anterior y Francia continúa en zona de cuidados paliativos, sin caer pero sin crecer tampoco. Una opción es verlo como el INSEE, el equivalente francés a nuestro INE, que anunciaba ayer en su web que “En el 2º trimestre de 2014, como ocurrió en el primero, el PIB permanece estable (0,0%)”. Desgraciadamente, el nivel de optimismo del organismo oficial de nuestros vecinos no es compartido por nadie, pues ni creará empleo, ni reducirá el déficit (promesas de su presidente hace sólo unos meses), cuestión ésta que le obligará a pedir una nueva prórroga a Bruselas, la tercera… en tres años.

La situación de nuestro vecino no resulta novedosa para los lectores de esta columna, pues desde hace dos años vengo advirtiendo que el más grave problema de Europa es precisamente Francia (Subir bajando; Francia, 'c’est dommage'; Francia, el final de un modelo; y hace sólo tres meses El seísmo francés); y si bien las medidas anunciadas por el ejecutivo presidido por Valls van por el buen camino (reducción de las regiones, reducción del gasto público absoluto, no sólo relativo, liberalización de algunos –pocos– sectores, etc.), la inercia de la última etapa de Sarkozy y de la primera de Hollande hacen que el tiempo de reacción sea, necesariamente, lento.

Tasa de crecimiento del PIB. % de variación respecto al trimestre anterior. Fuente: Eurostat.

 

Así pues resulta que España es la economía que mejor comportamiento ha mostrado de entre las importantes de la eurozona, sólo superada por el Reino Unido (que, recordemos, se encuentra fuera de ella). Por supuesto que la crisis aquí no está en absoluto superada, que el paro sigue en niveles intolerables, y que el actual problema con Rusia, de prolongarse, puede suponer un lastre a las exportaciones nacionales en este tercer trimestre y un nuevo palo en la rueda. Sin embargo, no cabe duda que el comportamiento de nuestra economía está siendo mucho mejor (a niveles agregados) que el que muchos preveíamos, y que salvo Daniel Lacalle, ya en enero pasado, pocos economistas de primer nivel avisaron de la presente situación.

¿Cómo es posible que, después de tantos años de políticas de estímulo, después de ceder Draghi a todas las presiones para revocar la famosa “austeridad” el pasado 5 de junio (lean Y Draghi cogió su fusil en estas mismas páginas), hayamos llegado a esta situación? ¿Cómo es posible que Japón, el paradigma de las políticas keynesianas dentro de las economías más avanzadas, haya presentado los peores resultados desde el tsunami de 2011? Bueno, la respuesta es fácil: precisamente por ellas.

La ausencia de tipos de cambio fijos y la utilización torticera de los flexibles y de los instrumentos de política monetaria son los que nos han traído hasta aquí, acompañados por los deseos de grandeza de unos políticos que no han escatimado nuestro ahorro en la aplicación de políticas de “bienestar” que colapsan cada vez cada menos tiempo

Hace precisamente hoy 43 años que el presidente de los EEUU, Richard Nixon, liquidó los acuerdos de Bretton Woods (impulsado por el “padre” del monetarismo, Milton Friedman) y con ello abrió la puerta al período más largo de la historia sin un patrón monetario de reserva de valor. Nunca jamás, en 3.500 años de moneda, se había producido una situación tan larga como esta. Tal y como señalo en Retorno al Patrón Oro (Ed. Deusto), el cierre de la ventanilla del oro en 1971 ha producido la mayor expansión del crédito de la historia. Entre 1949 y 1969, por ejemplo, las reservas mundiales de divisas (excluido el oro) crecieron un 55%; pero entre ese último año y el año 2000 lo hicieron en un 2.000%. Y si ese año el total de reservas de divisas en el mundo era de dos billones de dólares, en el primer cuatrimestre de 2013 alcanzaron los 11 billones.

En el período 2000-2010 la deuda global se duplicó, pasando de los 57 billones de dólares a los 109; pero si para doblarse había necesitado diez años, ahora ya sólo han sido necesarios apenas tres, pues en 2013 se alcanzaron los 233 billones, el 313% del PIB mundial. Mientras, aquí en España hemos superado ya 1.000.000.000.000 de euros de deuda pública, más del 98% del PIB, con previsiones incremento a lo largo del año. En su reciente Money, Steve Forbes aboga también por la necesidad de retornar a un sistema monetario ligado al oro.

Muchos pensarán que ligar la situación actual a lo ocurrido hace más de 40 años es absurdo. Sin embargo, la ausencia de tipos de cambio fijos y la utilización torticera de los flexibles y de los instrumentos de política monetaria (como las expansiones de la oferta basadas en la manida “independencia” monetaria, que no hacen sino desvirtuar el crecimiento real y apalancar la economía en unos réditos futuros que, de no alcanzarse, provocaron el colapso definitivo del sistema) son los que nos han traído hasta aquí, acompañados por los deseos de grandeza de unos políticos que no han escatimado nuestro ahorro, el de nuestros hijos y hasta el de nuestros nietos (siempre el ahorro del bolsillo ajeno, nunca del propio) en la aplicación de políticas de “bienestar” que colapsan cada vez cada menos tiempo.

Las cifras que he ofrecido en el párrafo anterior deberían, por ellas mismas y de acuerdo con los postulados de la escuela de la economía de la demanda, haber generado una prosperidad eterna y un crecimiento ilimitado.

Las cifras de Eurostat de ayer mismo confirman que entre quienes más crecen en el segundo trimestre están los países bálticos: Estonia (0,5%), Lituania (0,7%) y Letonia (1%). No es casualidad que sean tres de los cuatro países con menor presencia del Estado en el PIB

¿Qué solución hay? De nuevo, la respuesta es fácil y está en la historia. Es imprescindible aplicar medidas de contención del gasto público en valores absolutos, no relativos. Es imprescindible reducir el tamaño del estado por debajo del 30% del PIB, de donde nunca debió moverse. Es imprescindible, para ello, reducir impuestos, devolverle al individuo su capacidad de elección. Las cifras de Eurostat de ayer mismo confirman que entre quienes más crecen en el segundo trimestre están los países bálticos: Estonia (0,5%), Lituania (0,7%) y Letonia (1%). No es casualidad que sean tres de los cuatro países con menor presencia del Estado en el PIB; si en la eurozona el gasto público supone el 48,66% del PIB en el primer trimestre de este año, y un 48,14% en la UE28, en esos tres países el estado representa el 38,4%, el 36,7% y el 35,5% respectivamente.

Recordemos que el estímulo definitivo, el duradero, aquel que persiste, proviene SIEMPRE del sector privado, nunca del público. En su muy reciente trabajo en Europe’s Fiscal Crisis Revealed, Alessina y de Rugy muestran de nuevo que la austeridad basada en los incrementos en la fiscalidad (a la que tan aficionada es nuestro Gobierno y en particular su ministro de Hacienda) son muchos más dañinos para el crecimiento que los recortes en el gasto público.

Europa se encuentra en la encrucijada. El frenazo en el crecimiento de nuestros principales socios comerciales no es una buena noticia para España. Sin embargo, es el momento para perseverar en el esfuerzo. Sólo reduciendo el tamaño de los estados se conseguirá estimular la economía. Es el momento de desterrar definitivamente una forma de hacer economía que sólo ha atacado los síntomas, nunca la enfermedad que ella misma ha supuesto. Bajar impuestos es el primer paso en la senda de una recuperación sana y definitiva. Queremos. Y podemos. 

Big Data
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