Ahorrar es sexi
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Juan Manuel López-Zafra

Big Data

Ahorrar es sexi

Es imprescindible modificar nuestros patrones de consumo, considerando que tenemos por delante toda una vida y que, en ella, la pensión pública tendrá muy poco espacio

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Cerditos de barro para ahorrar dinero. (EFE)

“No es importante saber cuánto tiempo queda, sino qué hacer con el tiempo que se te concede”, Gandalf

Se acerca fin de año y surgen con fuerza renovada los mensajes de las aseguradoras y otras instituciones de inversión colectiva invitando al ahorro para aprovechar las (escasas) ventajas fiscales. Uno piensa en la jubilación y la mente se llena de canas, cataratas, reúmas y demás achaques que asociamos a nuestros abuelos. La tristeza de una juventud que se va nos invade; cómo vamos a dedicarle siquiera un minuto a una actividad que tiene el doble agravante de detraernos liquidez (eso se lo dejamos al ministro de Hacienda, no vamos a hacerlo voluntariamente) y recordarnos que, algún día, llegaremos a 'esa' edad.

Aunque, si le dedicamos un par de minutos, nos daremos cuenta de la calidad de vida con la que, en general, llegan nuestros padres a 'esa' edad, nada que ver con la que llegaron los suyos, nuestros abuelos. Las posibilidades que se abren, siempre que la salud lo permita (como a cualquier otra edad, ¿no es cierto?), de disfrutar con quien uno quiera, pareja, amigos, hijos, sobrinos, con el perro, o solo, qué más da. Disfrutar del tiempo para leer cuando llueve, para pasear por las Dehesas cuando en Madrid aprieta el sol, para capturar esa trucha esquiva del Saja, para meditar antes de acostarnos, para tantas y tantas cosas a las que renunciamos. La longevidad es un fenómeno muy reciente desde el punto de vista histórico. Durante 60.000 años, 8.000 generaciones han podido disfrutar muy poco del tiempo que se les concedió; la esperanza de vida en el mundo se mantuvo alrededor de los 30-32 años, inexorablemente. Hasta el siglo XIX, momento en el que empieza a crecer, de forma también indubitada, por todas partes.

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Los bebés nacidos hoy vivirán más de 100 años. Un japonés que se jubile hoy a los 60 años puede estar esperando a la parca durante 45 años, viviendo más años en situación de jubilación que en activo. En todo el mundo, los jubilados pasarán de los 600 millones actuales a más de 2.100 millones en 2050; solo China e India aportarán 600 millones de ellos. La ratio global de dependencia, la proporción que mide el número de activos que mantiene a cada jubilado, pasará de 8 a 1 hoy en todo el mundo a 4 a 1 en 2050. En España, la situación será más grave, con una proporción de dos activos por cada jubilado, tal y como señalábamos aquí.

A esta situación de ultralongevidad se le añadirán una serie de cuestiones no demográficas que será necesario resolver. Por ejemplo, hoy en día, aproximadamente la mitad de la población mundial trabaja en la economía informal, sin acceso a un plan de jubilación; en la India, esta cifra avanza hasta el 90% de sus trabajadores. Y el 48% de quienes están en edad de jubilación, hoy, no recibe pensión alguna. En un entorno de bajo crecimiento a largo plazo, preocupa el rendimiento de los activos financieros en los que se materializa el ahorro de los trabajadores. Se prevé que los rendimientos futuros del mercado bursátil se encuentren alrededor de un 5% por debajo de los históricos, y que el de los bonos lo esté en un 3%. Eso exige también acción.

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Como lo exige la falta de educación financiera en todos los países de la OCDE, más grave aún en España, donde aún tenemos la desgracia de escuchar, en tertulias de máxima audiencia, que la educación financiera es ideológica y una exigencia de los mercados; como si saber cuánto vamos a acabar pagando por la hipoteca, el coche o las vacaciones que financiamos fuese un problema de ricos. Añadamos a lo anterior la insuficiente tasa de ahorro, en general entre un 10% y un 15% por debajo de lo que los expertos consideran correcto, y tendremos una imagen poco esperanzadora del futuro que nos espera.

Por eso hay que reivindicar el ahorro. Por eso es imprescindible modificar nuestros patrones de consumo, considerando que tenemos por delante toda una vida y que, en ella, la pensión pública tendrá muy poco espacio. Esta situación es especialmente grave en las mujeres, que a unos inferiores salarios actuales han de añadir una mayor esperanza de vida… generando una brecha de entre el 30% y el 40%.

No podemos permitirnos no ahorrar. Los españoles, como los chinos, lo hacemos en vivienda. Es mejor que nada, pero calentamos el mercado inmobiliario

Todo está cambiando. Dos de cada tres niños que hoy cruzan las puertas de Primaria trabajarán en empleos que no existen. Durante los primeros años de trabajo, se ha pasado de trabajar en 1,2 empresas a casi tres, en menos de 15 años. La proporción de mayores de 65 años trabajando hoy en Europa se ha doblado respecto a hace 20 años, pasando de uno de cada 10 a uno de cada cinco en algunos países. No podemos permitirnos no ahorrar. Los españoles, como los chinos, lo hacemos en vivienda. Y eso es mejor que nada, por supuesto, pero calentamos el mercado inmobiliario a corto, creando tensiones que impiden a los más jóvenes acceder a una; las hipotecas inversas siguen sin ser populares.

Claro que no parece mucho más halagüeño guardar el ahorro en divisas sometidas a la confianza, sin respaldo físico, es decir, sometidas una pérdida de valor constante debido a decisiones políticas. Es fundamental exigir que nuestro ahorro se independice de la voluntad de los políticos. De ellos, habrá que lograr, además, una revisión real de la edad de jubilación, que no entorpezcan el ahorro individual (mediante una política fiscal justa con el ahorro y una política monetaria que no mine el valor de la moneda), que mejoren la educación financiera en las edades más tempranas (es imprescindible que, al abandonar la educación obligatoria, todo adolescente sepa calcular un préstamo correctamente) y que faciliten al ciudadano el conocimiento de su pensión de jubilación, en cada momento, algo que solo con un sistema de cuentas nocionales (abandonada toda esperanza sobre un sistema de capitalización) podríamos conocer.

Igual que hace 20 años sudar estaba mal visto, y hoy, en nuestras ciudades, es imposible que pase un día sin ver a una decena de 'runners', en imprescindible llevar a cabo la transformación cultural que haga del ahorro algo sexi, no algo triste ni complicado. Nuestro futuro, el de cada uno de nosotros, está en juego.

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