El bien común

Aplican los protocolos de contaminación sin pararse a pensar si tienen efectos reales o si, por el contrario, suponen solo efectos propagandísticos

Foto: Imagen de la boina de contaminación sobre Madrid. (EFE)
Imagen de la boina de contaminación sobre Madrid. (EFE)

“Las necesidades de la sociedad están por encima de las necesidades individuales”. A. Hitler

El Ayuntamiento de Madrid, gobernado por Ahora Madrid (la marca local de Podemos) con el necesario consentimiento y apoyo del PSOE, se viene caracterizando por sus particulares medidas de lucha contra sus ciudadanos. Es necesario recordar que Ahora Madrid fue la segunda fuerza más votada en la capital de España, a tres puntos del Partido Popular, que no puede gobernar por el apoyo de un menguante PSOE a la lista encabezada por Manuela Carmena. Tras un periodo de ausencia de lluvias excepcionalmente largo (la precipitación acumulada en la estación de Retiro está casi 100 mm por debajo de la mediana de la distribución de precipitaciones), el ayuntamiento ha activado el protocolo de lucha contra la contaminación de forma reiterada, buscando reducirla. Unas medidas interesantes y justificadas en el bien común y la salud de los madrileños, algo para lo que se supone los ciudadanos los elegimos.

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Es por vuestro bien, nos indican. Se prohíbe circular en el primer cinturón (conocido como M-30) por encima de los 70 km/h y se prohíbe aparcar dentro de la 'almendra central' (la zona delimitada por ese primer cinturón) a quienes no sean residentes. Medidas que los medios aceptan como el menor de los males cuando no aplauden con fuerza, sin pararse a pensar si efectivamente la medida tiene efectos reales contra la polución o si, por el contrario, tiene solo efectos propagandísticos, tan en la línea de ese buenismo reflejado en el anuncio de un vehículo japonés, híbrido para más señas, en el que una voz en 'off' afirma, sin apuntar sonrojo, que “prohibiría que ningún país pudiese actuar contra la opinión mayoritaria”. Ese buenismo acompañado de la clásica superioridad moral de la izquierda que estima que solo ella sabe lo que los demás necesitamos, lo que es bueno para todos, lo que debe prohibirse y lo que debe financiarse —con el dinero de los demás, claro—.

Manuela Carmena, en su primer pleno en el Ayuntamiento de Madrid. (EFE)
Manuela Carmena, en su primer pleno en el Ayuntamiento de Madrid. (EFE)

Todas las alarmas progresistas saltaron el pasado jueves 23 cuando la concejala del ayuntamiento y delegada de Medio Ambiente, Inés Sabanés, reconoció que las medidas puestas en práctica apenas habían reducido la contaminación entre el 3% y el 5%, algo que no pasaría ningún test de significatividad estadística. El fracaso es tan grande que, en cualquier empresa, la responsable sería cesada y despedida sin más dilación. Sin embargo, nuestra política nacional es peculiar, y la concejala no solo no dimite, no solo no es cesada, sino que ha anunciado que va a proceder a la modificación del protocolo para endurecer aún más las medidas anticontaminación durante el primer trimestre del próximo año. Los famosos dos platos a los que tan acostumbrados nos tienen nuestros políticos, de todo signo.

Se podría intentar excusar a la concejala por la falta de experiencia de la medida, pero tampoco es cierto. Hace más de un año, la alcaldesa de París, Anne Hidalgo, adoptó una medida similar, más dura aún, restringiendo completamente la circulación en más de tres kilómetros del margen derecho del Sena entre los túneles de las Tullerías y de Henri IV, “devolviéndoselo” a los peatones. “Existen el metro, el transporte público, el coche compartido… Hay múltiples opciones para llegar hasta el centro sin usar el contaminante coche particular”, declaró Mme. Hidalgo, muy dada también, como buena representante de la izquierda, a la ingeniería social y a la limitación de la libertad individual.

En las mediciones en las zonas adyacentes a la ciudad se comprueba un impacto nulo tras las medidas anticontaminación

Como digo, podía haber acudido a comprobar la concejala Sabanés el resultado de la experiencia parisina, más dura y restrictiva que la suya. Sin embargo, eso le habría llevado a reconocer el fracaso: si bien en las mediciones directas en la zona cero comprueban una disminución de los contaminantes de hasta un 25%, en las zonas adyacentes a la misma se comprueba un impacto nulo, con valores de disminución idénticos a los de Madrid, con la diferencia de que allí tienen la honestidad de reconocer su nula significatividad estadística. La conclusión del informe del organismo encargado de la medición, AirParif, emitido el pasado 17 de octubre con el título 'Vías de ribera: la calidad del aire, un año después', es muy clara: las medidas de restricción del tráfico “no han tenido ningún impacto significativo”.

Mientras tanto, Pedro Sánchez alarmaba gratuitamente a la población, tratando de marcar distancia con el Gobierno al que acertadamente apoyó en su aplicación del 155, en busca ya del rédito electoral del 21-D. Ese peor aire de la UE que, como vemos en la captura posterior y tras un periodo de ausencia de lluvias excepcionalmente largo, se señala en color amarillo, el segundo color, tras el verde, en una escala de seis colores, alejado del naranja y sin duda del rojo italiano.

Las actuales medidas antipolución, además de ineficaces, son claramente regresivas, permitiendo por ejemplo la circulación de los vehículos híbridos o de cero emisiones que tienen unos precios muy superiores a los demás, y que solo son alcanzables para grupos de la población muy definidos. Resulta curioso observar, los días de restricción del tráfico, las colas de Teslas, Mercedes y BMW 'cero emisiones' en las entradas de la carretera de A Coruña. Quizá lo próximo que se les ocurra, por nuestro bien, por el bien de la sociedad, siempre por encima del individual, sea obligarnos a andar en un único sentido por las calles de la capital. 'Oh, wait'

Big Data

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