Gobernar

Si Sánchez no comete errores de párvulo, gestiona la economía durante el primer año con unos PGE 'heredados', entre otras cosas, es posible que tengamos presidente para una o dos legislaturas más

Foto: El nuevo presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, saluda al Rey. (EFE)
El nuevo presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, saluda al Rey. (EFE)

“Gobernar no consiste en solucionar problemas, sino en hacer callar a los que los provocan”.
Giulio Andreotti

Tras un procedimiento absolutamente legítimo y escrupulosamente legal, Pedro Sánchez se ha convertido en el séptimo presidente del Gobierno de España desde la entrada en vigor de la Constitución. Por primera vez en la historia de nuestra joven democracia, alguien alcanza la presidencia tras presentar y ganar una moción de censura, que en nuestro sistema se acompaña de la presentación de un programa de gobierno y de un candidato a presidente. Como digo, el proceso está perfectamente tasado en nuestro ordenamiento jurídico y nadie puede discutir no ya su legalidad, sino siquiera su legitimidad; al fin y al cabo, los grupos que le apoyan tienen el respaldo de 12 millones de ciudadanos, frente a los 11,1 millones de quienes no lo hacen.

Una vez prometido el cargo de presidente del Gobierno, el Sr. Sánchez tiene por delante una ardua tarea, que si es capaz de gestionar correctamente le puede proporcionar réditos importantes.

Pedro Sánchez ya es presidente

El primero es quizáS el más sencillo. La única hipoteca que tiene es con Nueva Canarias (un diputado) y el Partido Nacionalista Vasco (cinco), a quienes ha prometido mantener el presupuesto que su partido rechazó frontalmente en la Cámara Baja. El PP ha prometido por activa y por pasiva, hasta el sábado 2 de junio, no tumbar los Presupuestos que tanto trabajo (y dinero de los contribuyentes) le costó aprobar. Esto es normal, no tendría sentido haberlos presentado como los Presupuestos que necesita España para luego desdecirse, aunque tampoco sería la primera vez que vemos al Partido Popular hacer en pocos días lo contrario de lo prometido. Tras su llegada al poder con la promesa de bajar los impuestos, no tardó más de dos semanas en subirlos, decisión que se articuló bajo la premisa de temporalidad y que, como ya anticipó Milton Friedman, resultó permanente.

A esa subida del IRPF y del IS siguieron la del IVA y la de tantos otros, siempre bajo la excusa del “no tenemos más remedio”. Pero supongamos que, por una vez, el Sr. Rajoy hace gala de la previsibilidad de la que tanto presumió y mantiene la tramitación. En tal caso, con la mayoría absoluta en el Senado, los PGE quedarían aprobados y Sánchez, esta vez él, no tendría más remedio que gobernar con esa losa que no deseó pero que no tuvo más remedio que aceptar para sacar adelante la moción de censura. El disgusto en la cuadrilla del gasto (su propio partido, los secesionistas catalanes, los nacionalistas vascos y su principal y más peligroso apoyo, el del grupo de Unidos Podemos) será enorme, y el propio Sr. Sánchez se mostrará incómodo en público todas las veces que sea necesario para recordarnos la herencia del Sr. Rajoy… Mientras avanza, con seguridad, mostrando a nuestros socios europeos y a los mercados que él es un hombre de palabra (de cómo llegó y de con quién se alió, en la práctica económica-financiera, nadie le reprochará nada) y, sobre todo, un gestor riguroso y confiable.

Haber conseguido el cheque en blanco de la bancada marxista es un logro sin precedentes de Sánchez y un éxito para todos

Un ministro de corte clásico, con conocimiento de Europa, ayudaría mucho en ese sentido, aunque no es imprescindible mientras no nombre a alguien con el perfil extremista de un Varoufakis. Saben bien a quién, o a quiénes, me puedo estar refiriendo. En ese sentido, haber conseguido el cheque en blanco de la bancada marxista es un logro sin precedentes de Sánchez y un éxito para todos. Los primeros días de gobierno permiten entonces estabilizar la prima de riesgo a los niveles que estaba y, al final de año, Sánchez muestra el desequilibrio presupuestario habitual y admitido por Bruselas. Primera victoria de Sánchez.

La segunda es quizá la más complicada, pero, de nuevo, cuenta con el paso del tiempo como aliado. Con el PNV apoyándole, la cuestión más peliaguda a la que se enfrenta es el secesionismo catalán. Los partidos de ese corte le han votado bajo la idea de que el Sr. Sánchez tiene una disposición al diálogo mayor que la del Sr. Rajoy, y así lo ha repetido en público en múltiples ocasiones el actual presidente. Pero, sin embargo, recordemos que el principal apoyo parlamentario del Sr. Rajoy en la aplicación del 155 fue, precisamente, el grupo socialista.

La organización regional del PSOE mantiene varios gobiernos autonómicos, y no se lo va a poner fácil, como él mismo, sin duda, desea. Por supuesto, habrá cesiones, como las ha habido con el Gobierno del Sr. Rajoy; recordemos aquí cómo el ministro de educación, Sr. Méndez de Vigo, prometió hacer cumplir la ley, reestableciendo el castellano como lengua vehicular de la educación en Cataluña, para luego escudarse en el 155 y olvidarlo oportunamente. En definitiva, no creo que vayamos a ver cambios sustantivos en la gestión de la 'cuestión' catalana, que no es otra que la de la ruptura del marco constitucional, pues, posiblemente, le costaría las próximas elecciones.

Y es que esa es la clave de bóveda. Si el Sr. Sánchez no comete errores de párvulo, gestiona (a su pesar, dirá) la economía durante el primer año con unos Presupuestos 'heredados', se gana la confianza de los mercados y mantiene el orden constitucional, callando, como dijo Andreotti, a los que provocan los problemas, es posible que tengamos presidente del Gobierno para una o dos legislaturas más.

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