Robots, algoritmos y creación de empleo

¿Pagarán los robots las pensiones? En un mundo en el que la mitad de las tareas son susceptibles de ser, ya, efectuadas por máquinas, es normal que exista una preocupación al respecto

Foto: Foto: Reuters.
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"¡Malditas sean las máquinas! Cada año su potencia progresiva lleva a la pauperización de millones de obreros quitándoles el trabajo, con el trabajo el salario, con el salario ¡el pan! ¡Maldición pese sobre ellas!". Frédéric Bastiat.

Una constante en el trabajo del economista es centrarse en los efectos no directamente visibles de las acciones tomadas por gobiernos, organizaciones públicas y privadas e individuos. Las decisiones individuales quedan en el ámbito de lo privado, y cuando afectan a lo colectivo las normas actúan para corregirlo, así que deben preocuparnos menos. No tanto las de las corporaciones privadas, que pueden tener efectos sobre el conjunto de la sociedad; sin embargo, además de la ley, existe un mecanismo corrector cada vez más efectivo y concienciador: las redes sociales, que publicitan las virtudes pero, sobre todo, los abusos, creando conciencia entre los demás. Dado que deben una buena parte de sus ingresos al mercado (ojalá, pero dejemos el tema de la contratación pública para otro día), mucho se cuidarán de cumplir rigurosamente no solo la ley sino los usos sociales, mucho más ágiles y cambiantes que la anterior.

Caso aparte es el del Gobierno, que dispara con pólvora del rey con el único objetivo de perpetuarse, si no él mismo, al menos el grupo que lo sostiene. Los viernes sociales de Sánchez con un claro ejemplo de compra de votos, absolutamente legal, con el dinero del contribuyente, tanto actual como futuro. En cuanto a lo que trataba de señalar Bastiat en su 'Lo que se ve y lo que no se ve', es evidente que el Gobierno quiere que los votantes vean su extrema bondad al subir el salario mínimo interprofesional en un 22%, con el consiguiente rejón en las cotizaciones sociales. Lo que no quiere que veamos es que el mes de enero ha sido el peor de los últimos nueve años en el empleo de las empleadas del hogar, con casi 5.000 nuevas desempleadas provenientes, la mayor parte de ellas, de familias que no han podido asumir tal incremento, tal y como señalaba en Twitter citando el Telediario de las 21:00 de TVE. Buscando mejorar la situación de los más desfavorecidos (lo que se ve), el Gobierno los condena al desempleo y a la economía informal (lo que no se ve).

Algo parecido, salvando las distancias, ocurre con el efecto de la robotización del trabajo. Yo prefiero hablar de robots y de algoritmos e inteligencia artificial, cuyos efectos son mucho menos percibidos pero cuyo alcance es, sin duda, mayor. Las máquinas, la fuente de todo el mal, como ya señalaba Bastiat en la imprescindible obra de la que está extraída la cita y que pueden descargarse libremente desde aquí. Los robots nos quitan el trabajo, nos empobrecen, juegan con nuestro futuro, con nuestro pan, para enriquecer a unos pocos. ¿Pagarán los robots las pensiones?, se preguntan muchos. En un mundo en el que la mitad de las tareas son susceptibles de ser, ya, efectuadas por máquinas, es normal que exista una preocupación al respecto. Pero la incertidumbre y la ansiedad no pueden combatirse con más regulación defensiva, sino con formación e información.

De acuerdo con el informe del Institute for the Future de Dell, el 85% de los puestos de trabajo que se cubrirán en 2030 no existe aún. Dos de cada tres niños que están en la escuela primaria trabajarán en empleos que no existen. El teléfono tardó 75 años en alcanzar los 50 millones de usuarios; la radio, 38; la televisión, 13; internet, cuatro; Facebook, dos; Twitter, nueve meses; 'Pokemon Go', 19 días. Al ritmo que avanzan la ciencia y la tecnología, los conocimientos que se adquieren en el primer año de cualquier carrera STEM (acrónimo de 'science, technology, engineering and mathematics') estarán obsoletos antes de acabar el tercer curso. Eso exige un esfuerzo de adaptación constante por parte de todo el sistema educativo, infinitamente más intenso del que jamás se haya efectuado, como señalaba yo aquí en mi último Big Data.

Alguien podrá argumentar que eso son futuribles. Que los economistas somos expertos en prometer cosas que jamás ocurren. No voy a negar la mayor, más aún tras una crisis económica como la que hemos sufrido, y como la que sufriremos. Pero hay datos para comprobar que no es cierto, que los robots y los algoritmos, las máquinas, crean más empleo del que destruyen. Hoy. Ya.

El sector tecnológico emplea en Irlanda a más de 150.000 personas, casi el 7% de la población empleada. Amazon tiene más de 650.000 empleados en todo el mundo. De ellos, se estima que más de 20.000 en Amazon Web Services, la plataforma 'cloud' que da servicio computacional a miles de empresas y que emplean una de cada tres empresas en el mundo. Microsoft tiene más de 135.000 empleados; Apple, más de 130.000; Google, unos 100.000. Facebook contaba con casi 36.000 empleados en 2018, cuando en 2006 eran 150. Airbnb tiene más de 11.000. Twitter, alrededor de 4.000, con un incremento del 18% de su plantilla en solo un año. Cabify, en España, tiene alrededor de 1.600 empleados. Uber ha logrado que casi tres millones de personas tengan un trabajo, dando un servicio alternativo al del taxi gracias a la tecnología. Empresas que no existían, la mayor parte de ellas, hace solo 15 años y cuya base son los algoritmos, la tecnología, el 'big data' y la ciencia de datos.

La tecnología, base de la transformación social que el capitalismo permite, nos ha hecho la vida más fácil. Ha permitido las ganancias de productividad que han permitido estudiar a niños y jóvenes, en vez de tener que ponerse a trabajar; una jornada laboral de 40 horas; vacaciones de 30 días; jubilaciones a los 65 años. No solo es lo que se ve, o lo que quieren que veamos quienes rechazan el cambio. Tan importante es lo que no se ve, lo que nadie tiene interés en contarnos. No hay que tener miedo a la revolución tecnológica, la mayor, más rápida y más profunda de la historia; solo hay que adaptarse.

Big Data

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