'Fintech', la inclusión de los excluidos

Las finanzas electrónicas se convierten en uno de los principales aceleradores de la inclusión financiera, y, como tal, en uno de los principales elementos de reducción de la pobreza

Foto: Foto: Jonas Leupe (Unsplash).
Foto: Jonas Leupe (Unsplash).

"El sector bancario en todo el mundo siempre ha ignorado la llamada base de la pirámide. No lo hemos hecho porque entendemos que la base de la pirámide debe ser atendida y también existe una viabilidad comercial para hacerlo". Bob Collymore, CEO de Safaricom.

El sector financiero es uno de los más denostados en los países desarrollados. Se considera la banca un enviado del maligno, y a los fondos de inversión culpables de casi todos los males que nos acechan. A pesar de que esa fama, en muchas ocasiones, se la ha ganado a pulso, existen sin embargo otros agentes del sistema que están trabajando, desde la legitimidad de perseguir un beneficio, a reducir la pobreza en los países donde realmente está presente, aprovechando la tecnología actual.

Tal y como señala el Banco Mundial, alrededor de 2.500 millones de personas y 200 millones de pequeñas y medianas empresas estarían privados de los servicios financieros básicos y del crédito. Su importancia para el organismo es tal que se encuentra dentro de los 17 objetivos de desarrollo sostenible, definiéndolo como una prioridad para gobiernos, organismos reguladores y organismos de desarrollo internacionales.

La Iniciativa de Acceso Universal a Servicios Financieros para 2020 (UFA2020), del Grupo Banco Mundial, pretende concienciar sobre la necesidad del acceso a los servicios financieros de los más pobres como medio para reducir el diferencial entre ellos y los habitantes de los países donde eso no ocurre. Como veremos, una cuenta de transacciones móvil facilita el acceso, no solo al dinero y al crédito, sino a todo un conjunto de servicios como el agua, el transporte, la sanidad o la educación.

Algunos informes señalan el enorme potencial humano que la inclusión supone; así, se espera que estas iniciativas (que desde 2010 han comprometido a más de 50 países, de los que al menos 30 habrían implementado estrategias nacionales en este sentido) añadan alrededor de 1.600 millones de personas al entorno de los incluidos (por oposición a su actual situación de excluidos, de acuerdo con la terminología oficial); eso añadiría unos 4,2 billones de dólares a los depósitos, con un efecto de un 6% del PIB mundial (unos 3,7 billones de dólares), 2,1 billones de crédito adicional y 95 millones de empleos nuevos. En países con Etiopía, India o Nigeria, el impacto podría ser de hasta un 12% adicional de PIB.

Más del 50% de los habitantes de los países en desarrollo tiene un móvil, mientras que solo uno de cada cuatro de ellos tiene cuenta corriente

En esta situación, el teléfono móvil se convierte en el instrumento esencial de inclusión. En la actualidad, más del 50% de los habitantes de los países en desarrollo tiene un teléfono móvil, mientras que solo uno de cada cuatro de ellos tiene cuenta corriente. Se espera que la penetración de los teléfonos inteligentes o 'smartphones' sea, en 2020, prácticamente la misma en Hispanoamérica que en Europa, y que en África, la zona con mayor retraso, se encuentre en un 60%, aproximadamente.

El potencial es enorme, pero la realidad no es menos impresionante. En 2007, más de la mitad de la población de Kenia tenía acceso a un teléfono móvil. Vodafone, primer operador del país a través de Safaricom, observaba las dificultades de los kenianos para acceder al dinero, debido a las características del país, habituales, por otro lado, en cualquier lugar en vías de desarrollo. Con una gran parte de la población en zonas rurales pero con familias en el entorno urbano, la filial del operador británico puso en marcha un proyecto, entonces, revolucionario: convertir el móvil en un instrumento de pagos.

El éxito de M-Pesa (así lo llamó, con pesa significando dinero en suajili) fue inmediato, y los kenianos empezaron a utilizar el móvil, además, para enviarse dinero entre ellos, de forma que la compañía decidió establecer una red de agentes físicos que pagarían o recibirían los importes objeto de transacción. La sustitución del efectivo por este medio electrónico tuvo un impacto inmediato, entre otros, en el control de la corrupción. Así, cuando el Gobierno del país desplegó su propia operativa electrónica de pago de sueldos a un grupo de funcionarios de policía, estos no daban crédito al aumento del 30% que recibieron; sin embargo, el aumento no era debido a una decisión del Gobierno, sino al eliminar a intermediarios, en este caso los superiores de los agentes, que detraían una parte del salario de sus subordinados.

La sustitución del efectivo por este medio electrónico tuvo un impacto inmediato, entre otros, en el control de la corrupción

Diez años después de su lanzamiento, M-Pesa está presente en 10 países (incluidos Albania, Rumanía y la India) y cuenta con más de 30 millones de usuarios. En 2016, la compañía procesó más de 6.000 millones de operaciones, y su impacto en el PIB keniano fue del 6,5% en 2018, dando empleo a más de 170.000 personas, de las que una tercera parte son mujeres. Se calcula que más del 2% de las familias del país ha salido de la situación de pobreza gracias al acceso a este servicio y la inclusión financiera que supone. Entre las familias en las que la cabeza de familia es una mujer, la proporción se duplica.

La importancia de este servicio no se restringe exclusivamente al acceso al dinero en sí mismo, sino a las posibilidades que procura. Un año después de su lanzamiento, el Ministerio de Sanidad keniata se escindió en dos, el de Servicios Médicos y el de Salud Pública; esa división provocó ineficiencias y duplicidades, además de una lucha por recursos que impactó directamente en la población. Con un sistema sanitario deficiente, sin acceso universal a la salud, y básicamente concentrado en las ciudades, los costes privados directamente relacionados con la salud podían suponer tres de cada cuatro chelines de la factura. En 2008, aproximadamente el 90% de la población carecía de asistencia sanitaria.

En esa situación nace Changamka MicroHealth, una empresa dedicada a los microseguros con el objetivo de ofrecer cobertura a quienes no la tienen. Apoyada en M-Pesa, Changamka ofrece una cuenta de ahorro de salud (Medisave), recetas electrónicas para gestantes y un esquema de microseguro global para familias de bajos ingresos. Esta última opción facilita acceso a un seguro general de salud a toda la familia por alrededor de 140 dólares anuales, incluyendo un seguro de ingresos en caso de hospitalización y ayuda para el funeral, llegado el caso. La población objetivo de Changamka es la de keniatas con ingresos de entre 1,5 dólares y 10 dólares diarios, alrededor del 35% de la población.

Es precisamente este grupo el que conforma los excluidos del sistema, y los tres productos señalados permiten su integración: a los trabajadores en situación de vulnerabilidad, permitiéndoles generar un ahorro con el que poder afrontar riesgos de salud, llegado el caso; a las mujeres embarazadas, al permitirles atención prenatal y durante el parto, en un país donde, para este grupo social, la mayor parte de los partos se produce en casa sin asistencia sanitaria de ningún tipo. De la importancia del proyecto de Changamka da fe el apoyo financiero recibido del programa Grand Challenges del Saving Lives at Birth, cofinanciado por Usaid, el Ministerio de Asuntos Exteriores noruego, la Bill and Melinda Gates Foundation, el Grand Challenges de Canadá y UK AID.

El caso en Hispanoamérica es similar, con Tigo como principal proveedor de servicios financiaros a través del móvil. Da servicio de telefonía móvil, banda ancha y televisión por cable en siete países del área y otros tres africanos. Con más de 20.000 empleados directos en centro y Sudamérica y otros 200.000 indirectos, da servicio a una base de más de 50 millones de clientes, y su red 4G alcanza a más de la mitad de la población del continente. Durante 2017, más de 2.800 millones de dólares se movilizaron a través de Tigo.

Con una superficie de 407.000 km2 y una población de siete millones, Paraguay es otro ejemplo de cómo las finanzas electrónicas permiten la inclusión de los excluidos. Así, en 2017, el 90% de las transacciones se realizó a través de su red, por un importe de 1.500 millones de dólares; por cada empleo directo en el país, Tigo generó casi 12 adicionales indirectos. Credimóvil permite, desde 2012, el acceso a microcréditos de entre 100 y 400 dólares a los usuarios de Tigo con solo aportar su DNI y una comprobación rutinaria que permite aprobar o denegar la operación en 20 minutos, sin requisitos ni documentación adicionales.

Así pues, las finanzas electrónicas se convierten en uno de los principales aceleradores de la inclusión financiera, y, como tales, uno de los principales elementos de reducción de la pobreza. Quizá sea ya el momento de apartar los prejuicios y considerar los datos en su conjunto.

Big Data

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