Ni facecoin ni bitbook

El facecoin y el bitcoin no se parecen en nada: mientras que el primero nace para evitar la represión monetaria de los bancos centrales, el facecoin nace para potenciarla

Foto: Logo de Facebook. (Reuters)
Logo de Facebook. (Reuters)

Cuando Satoshi Nakamoto presentó su 'paper' el 31 de octubre de 2008, solo unos pocos pensaron que la nueva moneda acabaría encontrando su hueco en una sociedad cada vez más controlada. Da igual que Satoshi fuese una persona o fuese un grupo.

Lo importante es que sembró la posibilidad de escapar de las redes inflacionistas de los bancos centrales, una vez eliminado el férreo control que ejercía el patrón oro sobre el desmesurado deseo de gasto de los políticos.

La inflación, que no el IPC, es el mayor robo al que está sometido el ahorro de todos, y lo que más daña a las economías de quienes menos tienen. El bitcoin, una moneda con límite de emisión y, por tanto, deflacionaria, lograba ese objetivo. Siempre que fuese aceptada por todos, evidentemente. Hoy martes, Facebook explicará en qué consiste su nueva criptomoneda, libra o globalcoin o como quiera que finalmente la llame.

Para muchos, es el triunfo del bitcoin y las criptomonedas, y, sin embargo, pocas cosas están más alejadas del espíritu con el que nacieron ambos. La primera característica que distingue el facecoin del bitcoin es, quizá, la más importante: no se parecen en nada.

Mientras que bitcoin nace para evitar la represión monetaria de los bancos centrales, el facecoin nace para potenciarla. Una de las primeras reuniones que ha mantenido Zuckerberg, el todopoderoso fundador de Facebook y promotor de la nueva moneda, ha sido con el gobernador del Banco de Inglaterra, Mark Carney, para tranquilizarle.

Y para ello le ha recordado que su moneda no será una cripto al uso, sino lo que técnicamente se conoce como una 'stable coin', una moneda estable; efectivamente, estará apoyada o respaldada por una cesta de diversas monedas nacionales como el euro, el dólar o la libra esterlina, entre otras. Se persigue, de ese modo, garantizar la estabilidad de la moneda para que no se vea sometida a los avatares de los mercados y los (pongan cara de terror) especuladores.

“Bitcoin fue creado con una intención política, una red libre y sin censura donde todos pudieran participar con igualdad de acceso” (Amir Taaki)

Es cierto que, cuando el bitcoin nació, se podía cambiar por centavos de dólar, que alcanzó los 20.000 dólares en diciembre de 2017, para caer hasta los poco más de 3.000 un año después y situarse, hoy, por encima de los 9.000 dólares. Sí, es inestable.

Pero lo es porque mucha gente ha entrado en ella sin entender lo que era, sin saber a lo que se exponía, igual que otros muchos compraban pisos en la cresta de la burbuja inmobiliaria para darles el pase y otros tantos compraron acciones de Terra, aquella tecnológica que salió a bolsa en diciembre de 1999 a 11,81 euros, cerró a 37 el mismo día, alcanzó su máximo a los tres meses en 157 euros (logrando que Terra valiese más que Repsol o el BBVA, por ejemplo) y por las que Telefonica, su matriz, presentó una oferta de recompra a 5,25 euros por acción en mayo de 2003, para excluirla de cotización en el mercado secundario en julio de 2005 y echar el cierre definitivo hace ahora dos años.

Más allá de la diferencia de espíritu, hay cinco cuestiones adicionales por las que el facecoin o como se vaya a llamar no puede ser considerado una criptomoneda: no está creado en código abierto, no es público, no es neutral, no es global y no es impermeable a la censura. ¿Qué persigue Facebook con su moneda, entonces?

Lo primero que tenemos que considerar es que no es 'su' moneda; Facebook ha sido el promotor y desarrollador, pero lo acompañan PayPal, Uber o MasterCard, entre otros. En segundo lugar, es sencillo entender el objetivo cuando damos una vuelta por el espacio de las transacciones virtuales y, en particular, el de las remesas, las cantidades que los nacionales de un país que viven fuera de él retornan a sus familias.

De acuerdo con el Banco Mundial, las remesas a países de ingresos bajos o medianos alcanzaron los 529.000 millones de dólares en 2019, la cifra más alta de la historia, con un coste promedio de un 7% por cada 200 dólares remitidos, que alcanzó el 11% si la remesa viajaba desde una oficina bancaria. Solo a la India supusieron casi 80.000 millones de dólares. A México retornaron por esta vía unos 36.000 millones.

Si a estas cantidades le añadimos que WhatsApp, la 'app' de mensajería que Facebook compró por 20.000 millones de dólares en 2014, es la primera red de comunicación de la India y de México, con más de 200 millones de usuarios en el país asiático y unos 80 millones en el centroamericano, quizá no sean necesarias muchas más explicaciones. Solo una más, quizás: al perfil psicológico y social que Facebook tiene de cada uno de sus usuarios se añade, ahora, el financiero.

Todos hemos escuchado que el bitcoin es la moneda de los criminales. Los traficantes de droga, los de armas, los de personas. Es cierto. Como, hasta hace solo unos años, lo era el dólar y, sin embargo, nadie se planteó nunca prohibirlo.

Su campaña de descrédito tiene que ver mucho más con los ataques de gobiernos y bancos centrales que con su realidad como moneda del mal. Facebook y sus acompañantes quieren subirse al carro de la modernidad introduciendo más crédito en el mercado, sin otro soporte que el de los bancos centrales y la confianza de un sistema, el fiduciario, que está detrás de todas las crisis financieras desde 1971.

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