Guindos se despide de Rajoy para emprender otra Odisea con destino Bruselas

El presidente del Gobierno ha aceptado la voluntad del ministro de Economía, que se dispone a jugar su última carta en Bruselas aprovechando la prueba de fuego que supone la negociación con Grecia

Foto: Guindos se despide de Rajoy para emprender otra Odisea con destino Bruselas

Después de tres largos e intensos años de toma y daca con su colega de Hacienda, Cristóbal Montoro, el ministro de Economía, Luis de Guindos, se ha despedido formalmente del presidente Rajoy y no tiene inconveniente en admitir que por lo que a él respecta su carrera política en el Gobierno de la Nación se ha terminado. La decisión del FROB descalificando a los peritos judiciales y respaldando la actuación de Rodrigo Rato en la salida a bolsa de Bankia ha sido la gota que ha colmado la paciencia del hombre encargado de poner en valor la agenda reformista de España. En 2015 sólo queda ya peregrinar por las urnas en una travesía que se presume estéril para cualquier tipo de iniciativa neoliberal, de manera que los socialdemócratas del Partido Popular, que haberlos haylos, tienen el camino despejado para hacer de su capa un sayo y abrigarse ante el gélido populismo que amenaza con desparramar sus expectativas electorales.

El nuevo ‘pato cojo’ de la política económica ha actuado siempre como un verso suelto dentro del partido en el poder, rindiendo únicamente su pleitesía y sus servicios al jefe del Ejecutivo. Con esta credencial ha impuesto un sello particular a todas y cada una de las labores encomendadas, desde el rescate bancario y la consiguiente sumisión provisional a la troika hasta la más reciente y compleja tarea de apagar el fuego de esa estrella emergente encarnada en la persona de Yanis Varufakis, el hombre que las enamora con su mirada seductora y estilo desaliñado de galán moderno. El nuevo ‘Zorba griego’ ha ido a encontrar su némesis particular en Luis de Guindos, un financiero de raza tanto más valorado cuanto más alejado está de la frontera patria y que realmente tiene ya muy poco que perder en su azarosa aventura como miembro del Gabinete Rajoy.

El ministro ha comunicado al presidente que no irá en las listas del PP a las elecciones ni tampoco en la más eventual de un futuro e hipotético Gobierno popular

No es de extrañar que la desinhibida pero firme actitud del todavía ministro haya provocado la salida de pata de banco con que Alexis Tsipras la ha emprendido contra España después de que Grecia haya tenido que tragarse las baladronadas que permitieron a los radicales de Syriza encaramarse en lo más alto de la Hélade. Las autoridades comunitarias han otorgado cuatro meses de confianza al Gobierno griego con una pequeña patada a seguir que sólo sirve para retrasar las hostilidades mientras unos y otros tratan de cargarse de razones ante el verdadero conflicto que se avecina para junio. Una fecha que también se presenta decisiva para conocer las posibilidades reales que tiene el dirigente español de hacer efectivo el sueño largamente perseguido de relevar al holandés Jeroen Dijsselbloem como presidente del Eurogrupo.

Guindos y Rajoy. (Efe)
Guindos y Rajoy. (Efe)

La táctica griega de 'El Cholo'

Guindos es el principal y mejor reconocido halcón entre sus colegas europeos y, como tal, ha sido el primero en levantar la voz para pregonar a los cuatro vientos que nadie debe confiarse porque el apoyo preliminar obtenido por Grecia está plagado de excepcionalidades. Tanto el BCE como el FMI han puesto en cuarentena los ambiguos compromisos de ese hincha del Atlético de Madrid que dice ser Varoufakis aunque lo cierto es que el estilo de “El Cholo” Simeone, partido a partido, suele dar buenos resultados. El Gobierno de Syriza se ha ganado, de momento, la posibilidad de llegar a la ronda final de unas negociaciones que dentro de unos meses volverán a comprometer la integridad de la moneda única a poco que sus técnicos y dirigentes consigan revestir con sobrada intensidad el juego duro de esa demagogia exacerbada que está causando furor en el Sur de Europa.

El representante español considera que las huestes de Tsipras necesitan un poco de su misma medicina; esto es una estrategia dura y sin contemplaciones que evidencie la cohesión y fortaleza de las instituciones comunitarias sin necesidad de recurrir a la socorrida beligerancia de los cascarrabias alemanes. Los más hirientes ilustradores de Bruselas describen la situación de Grecia con la odiosa comparación de un yonki afectado por el síndrome de abstinencia que surge en mitad de la noche armado con una jeringuilla y al que es preciso hacer frente con la sangre fría y la vena oculta. La posibilidad de contagio es un peligro latente, pero los efectos del peor veneno dejarán de ser letales con ese antídoto de 60.000 millones de euros mensuales de aquí a septiembre de 2016 que empezará a aplicar este mismo lunes Mario Draghi. Esa sí que es una inyección de las buenas y no la que amenaza con un pinchazo desde Atenas.

El tercer rescate de Grecia puede ser clave para poner en valor el liderazgo del representante español como presidente ‘full time’ del Eurogrupo

Las autoridades comunitarias se han desperezado de su astringente burocracia gracias al manguerazo del BCE y han empezado a comprender que hacer política no sólo reside en rellenar formularios o promulgar directivas, sino que también consiste en perder los miedos. El temido Grexit ha pasado a mejor vida y el término que ahora se conjuga con más fuerza es el llamado ‘kolotoumba’, un palabro de reciente acuñación con el que se identifica la obligada voltereta o giro de 180 grados que Syriza deberá abordar para ajustar las bielas de su próximo y soberano rescate. Ahí es donde entra en escena Luis de Guindos, en su papel renovado de Ulises que intenta viajar hasta el corazón de Europa, entendiendo como tal la cúpula ejecutiva del Eurogrupo. Todo ello salvando los obstáculos de esa Odisea que, como no puede ser de otra forma, exigirá el nuevo calendario de negociaciones con Grecia y los peligros de otros alambicados intereses que dominan en Bruselas.

El pretendiente español cuenta con el respaldo de Angela Merkel, testimoniado en repetidas ocasiones por su ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble. Por parte de Alemania no hay mayor problema, aunque esto es sólo una condición necesaria que no suficiente porque ahora hay que convencer también a Francia y, sobre todo, a su representante en la Comisión Europea, el socialista Pierre Moscovici, a la sazón comisario de Asuntos Económicos y Financieros. El mandatario galo no tiene inconveniente en que el Eurogrupo coloque de cabo furriel a un meritorio distinguido pero no está dispuesto a consentir que nadie con galones le haga sombra a la hora de diseñar las más duras recetas que exige el severo régimen comunitario. La estabilidad y el crecimiento son un valor seguro para cualquier dirigente de la Unión que se precie, pero aquí y ahora lo verdaderamente importante es poder elegir los ingredientes de la dieta que son más adecuados en cada momento.

El ministro de Economía, Luis de Guindos, saluda al comisario de Asuntos Económicos, el francés Pierre Moscovici. (Efe)
El ministro de Economía, Luis de Guindos, saluda al comisario de Asuntos Económicos, el francés Pierre Moscovici. (Efe)

Policía bueno y policía malo

Guindos quiere dar el salto a Bruselas con plenos  poderes y no como un mero delegado gubernativo con credenciales del Estado español. De ahí también su interés por desprenderse cuanto antes de su estrella de sheriff al servicio del presidente del Gobierno para proyectarse como llanero solitario en busca de un mando en plaza complementario con el que ya viene ejerciendo su antiguo homólogo francés. Moscovici podría apuntalar incluso el papel de policía bueno que ya viene interpretando por razones del guion que exige François Hollande, en tanto que el ministro español no tendría que esmerarse mucho para ganar el Oscar al mejor policía malo de la tragicomedia griega que ha de estrenarse próximamente en toda Europa.

La realpolitik impuesta de modo secular en la cocina del Viejo Continente da para eso y mucho más, lo que favorece la perspectiva de un Eurogrupo que deje de actuar en comisión de servicios para intervenir a partir de ahora por derecho propio y bajo la batuta de un presidente full time. Eso es lo que reclama Guindos, lo que desea Rajoy, lo que espera Montoro y lo que quiere también Álvaro Nadal en su legítima expectativa de destino, que ya le toca, como ministro de Economía. Por una vez todos parecen estar acuerdo. Ojalá que además de precedente sirva también a modo de premonición.   

Capital sin Reservas
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
22 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios