La banca española sí que es diferente y, si no, que venga Draghi y lo vea

El modelo monista que concentra todo el poder en el consejo de administración va a permitir al BCE empotrarse hasta la cocina de las grandes entidades de crédito en nuestro país

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El Banco Sabadell y, en especial, su presidente, Josep Oliu, han preferido hacer mutis por el foro y tragarse el desengaño que ha supuesto para todos ellos la frialdad con que Mario Draghi ha despachado la pertinente autorización que permite a Sol Daurella sentarse en el consejo del Banco Santander en calidad de administradora independiente. La dueña de la embotelladora en España de Coca Cola, una de las figuras más destacadas de la alta burguesía catalana, invocó las socorridas razones personales para saltar en solo cuatro días de una entidad a otra demostrando así el clasismo que todavía existe, faltaría más, dentro de la gran banca española.

La toma de poder del Banco Central Europeo (BCE) a la hora de otorgar la última palabra en materia de inspección representaba una aduana de difícil tránsito para el nombramiento de la entrañable compañera de Ana Botín. Al menos, eso era lo que se suponía a tenor del celo supervisor que se extiende desde Fráncfort a todas las plazas de la eurozona. Falso cálculo y mayor desaire para la entidad catalana porque los vigilantes comunitarios de la playa financiera han decidido que su misión no reside en dar pábulo a esas pláticas de familia de las que mejor nunca enterarse. El gobierno corporativo es un terreno que está todavía recién fregado en Europa y donde cada cual es libre de resbalarse como más le plazca.

El modelo carpetovetónico que concentra todo el poder de las entidades financieras en un único órgano de gobierno es suficiente para que el BCE no repare en otros particularismos del singular ordeno y mando que mueve los hilos dentro del sector financiero en España. En los grandes Estados miembros de la Unión Europea existe una separación de funciones que distingue claramente la labor de control de la que corresponde a los responsables de gestión. Los emisarios de Draghi han obtenido cartas credenciales para empotrarse en las entidades financieras pero mientras en otros países lo hacen a través del comité de supervisión en nuestro caso disponen de tarjeta de acceso para meterse hasta la cocina del propio consejo de administración.

El programa Fret&Proper otorga a Draghi poder de veto sobre todos los consejeros independientes y altos cargos de los 14 grupos bancarios españoles 

A partir de esta invitación de lujo, al BCE le importa un bledo que Ana Botín se erija en suma sacerdotisa del Banco Santander con un sanedrín de fieles construido a su medida o que Francisco González decida coronarse como césar imperator del BBVA y lo proclame sin mayor pudor ante el mundo mundial con un organigrama en el que su nombre aparece asociado con la doble figura de chairman y chief executive officer (CEO). Una verdadera contradicción en términos anglosajones o, por decirlo en lengua vernácula, un oxímoron en toda regla donde se mezclan dos conceptos opuestos para reforzar el sentido metafórico que conduce a interpretar como algo natural lo que no deja de ser una anormalidad característica de la gran banca española.   

Rescate bancario y fractura social

La crisis ha reformado el sistema financiero español en cantidades industriales, propiciando la consolidación del sector y el saneamiento de los balances individuales de cada entidad. Otra cosa muy distinta es la calidad de un gobierno corporativo que brilla por su ausencia y, más bien al contrario, ha exacerbado conductas que se suponen llevan años erradicadas de los manuales que manejan los inversores internacionales. Los analistas, asesores de votos y la comunidad financiera en general han vuelto a preguntarse cuáles son las poderosas razones que inducen a los principales banqueros del país a consultar con el espejo de manera permanente quien es el más guapo o guapa del Reino. La única explicación lógica reside en que España sigue siendo diferente y si no que venga Draghi y lo vea.

El presidente del BCE tiene que firmar con su rúbrica personal todas las designaciones de consejeros y altos cargos en los 130 bancos que están sometidos a la supervisión directa de la autoridad monetaria europea. El régimen Fret&Proper, como se denomina este nuevo sistema de control, es un sello de garantía que pretende certificar la idoneidad y honorabilidad de todos los directivos y demás administradores independientes que se puedan incorporar a partir de ahora a la cúpulas ejecutivas de los bancos continentales. El fin último no es otro que evitar el compadreo en el nombramiento de supuestos dirigentes que sólo se muestran responsables para llamarse a andanas cuando los acontecimientos vienen de nalgas en el mercado financiero.

La doble tarjeta de visita de FG como presidente y CEO del BBVA supone una contradicción 'in términis' que no entienden los inversores anglosajones

Las declaraciones ante los tribunales de la cofradía de imputados que ahora están purgando sus pecados en las antiguas cajas de ahorros demuestran las tropelías de una conducta atrabiliaria que, al margen de los presuntos delitos resultantes, evidencia una falta de responsabilidad indignante a la hora de gestionar entidades bancarias en nuestro país. La escasa profesionalización se ha conjugado con el apego a la poltrona hasta provocar la intervención de la economía española con la consiguiente convulsión ciudadana que está infartando el proceso electoral y puede convertir España en un país ingobernable a la vuelta de pocos meses. El rescate bancario no ha salido gratis y más allá de la factura económica de 42.000 millones de euros lo peor es la fractura social que va a perdurar en los próximos años.

El nuevo vigía bancario de Occidente, encarnado en la figura de SuperMario Draghi, puede ser, mal que a alguno le pese, la típica solución externa que suelen invocar los políticos nacionales cuando quieren sacudirse el polvo de las sandalias ante esas decisiones drásticas que no hay más remedio que adoptar. Ahora que el grano se ha separado de la paja, la banca vuelve a ser patrimonio de plutócratas a los que es necesario meter en vereda o, cuando menos, someter a un estrecho marcaje no vaya a ser que la burra intente regresar al trigal en cuanto se relajen las costumbres. Con el gobierno corporativo basado en la autorregulación hay poco que hacer, de manera que no está de más una autoridad externa y con cara de pocos amigos para rematar la reestructuración financiera.

Nueva etapa de fusiones tras el 24-M

Luis Linde puede dedicarse a preparar nuevas tesis doctorales desde su atalaya contemplativa del Banco de España porque a partir de este momento serán los hombres de gris procedentes del BCE los que lleven la manija de los próximos movimientos en el mercado doméstico. En un panorama de tipos de interés menguantes y con una demanda de crédito escasamente lustrosa la lucha por la rentabilidad tiene que conducir necesariamente a una nueva fase de fusiones en la que, esta vez sí, el pez grande parece realmente dispuesto y mucho mejor situado para comerse al chico. Salvo que éste último, consciente del peligro, sea capaz de llegar a acuerdos con los de su misma raza y tamaño en una integración adicional de los flamantes bancos que han nacido sobre los despojos de las viejas cajas de ahorros.

Las quinielas sobre la próxima oleada de fusiones apuestan por un juego de dobles parejas que une Abanca con Liberbank y Unicaja con Ibercaja

Las quinielas admiten combinaciones múltiples pero los encuentros en esta segunda fase tienen un carácter delimitado geográficamente. Gallegos de Abanca con asturianos de Liberbank y andaluces de Unicaja con aragoneses de Ibercaja son las apuestas favoritas de los bancos de inversión que pululan en busca de algún ‘deal’ que echarse al capazo. Y por encima de todos ellos, Bankia y sus delirios de grandeza que han convertido una entidad quebrada en un mercader veneciano gracias a esa varita mágica de 22.000 millones de euros que ahora porta como un estandarte José Ignacio Goirigolzarri. El presidente de la entidad nacionalizada tiene prisa por superar la reválida y no se conforma con fagocitar BMN, sino que pretende poner en valor su posición compradora hasta el infinito y más allá.

El cuento bancario ha cambiado de lo lindo en los últimos tiempos y ahora sólo hace falta esperar el desenlace del nuevo mapa autonómico del 24-M para conocer hasta dónde va a llegar la próxima riada bancaria en nuestro país. Todo ello a sabiendas de esos personal issue que suelen sacrificar los intereses generales al servicio de prebendas y orgullos particulares. Malo será que se repita la historia ahora que la superioridad se ha colocado al puesto de mando de la pretendida unión bancaria en Europa. Mario Draghi no quiere emplearse con ‘manu militari’, pero después de todo lo habido y por haber el ascenso del BCE como autoridad competente y de mayor graduación puede ser mano de santo para todo lo que resta por hacer en el mercado financiero español.

Capital sin Reservas
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