nueva polémica fiscal

De Panamá a Irlanda: Obama propicia el 'gatillazo' de Pfizer y Allergan

Viagra y Botox ya no serán lo mismo. La fusión de las fusiones en el sector farmaceútico ha saltado por los aires ante la dureza de Estados Unidos en pleno año electoral

Foto: Logo de Pfizer en su oficina de Dublín. (Reuters)
Logo de Pfizer en su oficina de Dublín. (Reuters)

Iba a ser la fusión de las fusiones en la industria farmaceútica. E iban a crear la compañía de la compañías en la industria farmaceútica. En noviembre de 2015, la estadounidense Pfizer y la irlandesa Allargen acordaron unir sus negocios. Viagra y Botox juntos, una combinación explosiva, resultante de una operación de 140.000 millones de euros, para alumbrar una empresa de 260.000 millones de euros de valor bursátil. Pero la operación del siglo ha terminado en 'gatillazo'. Ambas compañías han abandonado sus planes. Cada una por su lado. 

Lo relevante es que no han roto porque han querido, sino por las exigencias impuestas por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos. El brazo económico de la Casa Blanca presidida por Barack Obama, con Jack Lew en el cargo de secretario del Tesoro, ha truncado la operación con las exigencias que ha establecido para impedir las ventajas fiscales pretendidas por Pfizer. Porque la americana tenía un plan: mantener su nombre en la nueva empresa, pero mudar su sede a Irlanda, donde el impuesto sobre sociedades, del 12,5%, es más favorable que el estadounidense, del 35%. Para ello, Pfizer, aunque más que duplica por capitalización bursátil a Allergan, sería comprada por la irlandesa.

Las autoridades norteamericanas cada vez estaban más cansadas de esta estrategia, conocida como 'inversión fiscal' porque persigue fusiones con empresas más pequeñas de otro país para hacer las maletas y pagar menos impuestos. Pero es que 2016 es un año electoral. Y el ambiente electoral ha dado la puntilla a la operación, puesto que hasta el excéntrico Donald Trump había mostrado su disgusto con las intenciones de Pfizer de establecer su sede en Dublín. 

El presidente estadounidense, Barack Obama. (EFE)
El presidente estadounidense, Barack Obama. (EFE)

En este contexto, el Departamento del Tesoro lanzó nuevas medidas contra la 'inversión fiscal' esta semana. Es la tercera andanada que la Administración Obama realiza en este terreno, y esta vez los esfuerzos se centran en penalizar las inversiones realizadas en activos estadounidenses en los tres últimos años y las artimañas a las que recurren las compañías para abaratar su factura fiscal con préstamos entre las compañías del mismo grupo. "Estoy muy satisfecho de que el Tesoro haya emprendido nuevas acciones para prevenir que más empresas tomen ventaja de uno de los vacíos fiscales más traicioneros y salir del país para esquivar el pago de impuestos", celebró Obama. Se trata de la tercera andanada de la Administración Obama contra esas prácticas.

Pfizer y Allergan se sintieron más que aludidas por esta remesa de medidas. Interpretaron que tenían como misión torpedear su fusión. Y este miércoles, apenas 48 horas después de su anuncio, demostraron el fundamento de sus temores al confirmar que cancelaban su fusión. Pfizer, que ya vio cómo la cuestión tributaria resultó clave para que abandonara su intención de comprar la británica AstraZeneca en 2014 y que había alegado que mudarse a Irlanda le hubiera pemitido contar con más recursos para investigar, abandonó sus planes. Allergan, por su parte, se queda a la espera de que otra farmaceútica se fije en ella. 

En una semana marcada por el revuelo que 'Los papeles de Panamá', destapados en España en exclusiva por El Confidencial y La Sexta, están provocando en todo el mundo, otro asunto fiscal, el del imán que Irlanda supone para las empresas por su atractiva tributación, ha dinamitado la que estaba llamada a ser la mayor operación farmaceútica de la historia y una de las mayores fusiones del universo bursátil. Y como siempre en estos casos, la polémica está servida. El mundo está dando pasos contra los llamados paraísos fiscales y la elusión fiscal, como lo demuestra la iniciativa lanzada por la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) y el G20 contra la erosión de la base imponible y el traslado de beneficios (BEPS, en sus siglas en inglés), y bien que viene para luchar contra los excesos y los trucos corporativos, el blanqueo de capitales y el flujo de dinero procedente de actividades ilegales o terroristas. Pero conviene hilar fino, no vaya a ser que los países también se dejen llevar por tentaciones proteccionistas, derivadas de un mundo poscrisis, que frenen la iniciativa y la expansión empresarial.  

Columna Capital
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